Por Adriana Quiñones León
“Sí un hombre define ciertas situaciones como reales, estas se hacen reales en sus consecuencias”
(Teorema de Thomas)
La economía extractiva de la que hoy por hoy depende la humanidad ve a la naturaleza como una gran despensa, esta pasó con el capitalismo a ser entendida como naturaleza extensa, es decir, elemento a dividir, fragmentar, explotar, percepción que la somete a ser un simple recurso, es decir, que la reduce a ser insumo para la dinámica del flujo de capital inherente al modelo económico capitalista. Esta visión del mundo provoca el declive de la acepción de recurso que Vandana Shiva recuerda con cierta nostalgia, según la cual recurso significa vida que nace, surge, que retoña, que florece. Por el contrario el recurso es hoy todo aquello que se arranca con sevicia del seno de la naturaleza, aquello robado frenéticamente a la tierra, a la que se insiste en “domar” y se obliga a producir bajo los dictados del mercado. Se pretende un crecimiento económico sin límites en una Tierra que los tiene y a la que bajo ese ritmo se está encaminando a un destino de inevitable agotamiento.
Dicha visión extractivita del modelo económico trae en sí a la guerra como uno de los mecanismos con los que cuenta para acceder a los recursos que considera escasos en función de relaciones económicas mediada por los intereses del mercado, es decir que la guerra no es un efecto colateral sino un medio propio de la dinámica del sistema, y que llegado un momento se vuelve innecesario a su causa y debe plantearse la manera de superarla, es decir, se llega a una encrucijada.
Aquella encrucijada implica una paradoja, pues aunque la guerra se manifiesta ventajosa para asegurar alcanzar los recursos, a veces también impide su acceso, luego deja de ser funcional. Fue en un contexto de este tipo que en 1997 se definieron 4 escenarios en un ejercicio condensado en un documento llamado Destino Colombia, que parece haber servido de hoja de ruta, y al leerse hoy parecieran dichos escenarios una suerte de profecía para las últimas décadas de realidad colombiana. Los cuatro escenarios generados fueron amanecerá y veremos (el país se hundió en el caos), más vale pájaro en mano que cien volando (el país desangrado decide negociar), todos a marchar (se instaura un mandato de mano dura con licencia de inhumanidad en el que se incluye el actuar paramilitar y la reforma constitucional para reelegir a Uribe), la unión hace la fuerza, (la sociedad hace esfuerzos para transformar la mentalidad colectiva y realizar un nuevo esfuerzo para una paz negociada con participación de la sociedad civil).
Estos escenarios eran conjeturas sobre posibilidades de futuro suma cero, de alternativas independientes de resolución del tablero, pero que se han puesto en escena de forma intercalada en el orden incluso descritas, lo que sin duda inquieta, pareciera que tuvo una gran incidencia a la luz de los acontecimientos históricos contemporáneos, que lo hacen parecer un libreto de las últimas décadas del país. Incluso, no deja de llamar la atención que entre participantes firmantes de Destino Colombia aparece el actual presidente Iván Duque. (Consulta y descarga el documento Destino Colombia aquí)
Sin embargo podemos pensar esa realización en cascada de los escenarios entendiendo que aquel ejercicio de construcción de escenarios estratégicos contó con la participación de actores determinantes de la vida política, económica, social, así como de actores del conflicto (guerrillas y paramilitares), de modo que podemos verlo como una profecía autocumplida, o desde el teorema de Thomas, entendiendo la dimensión psicológica y sociológica según la cual la concepción de un escenario genera unos comportamientos que hacen que la situación concebida se vuelva verdadera. Dicho condicionamiento opera dando vida a los escenarios pensados, al ser elaborados por aquellos actores con capacidad de incidencia y decisión en el curso de los acontecimientos de las últimas décadas, convenciéndose a sí mismos y a los otros jugadores de las escenas de que todo aquello era posibles, es decir, lo que creyeron lo crearon. Sigue leyendo






