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Carta abierta al Señor Presidente: Juan Manuel Santos Escrito por Secretariado Nacional de las FARC-EP

 

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Señor Presidente:

A pocas horas de la firma del Acuerdo Final entre el Gobierno que usted preside y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC-EP, el dolor y la indignación nos han obligado dirigirle esta carta pública, para que usted, también públicamente, haga claridad y siente su posición y compromiso, no con las FARC, sino con el pueblo colombiano en general, con relación al “Plan Pistola” que se viene ejecutando contra dirigentes populares en todo el país.

Es muy dramática y preocupante la situación: más 200 muertos en lo que va corrido del año, con un total manto de impunidad. Un nuevo genocidio está en marcha contra líderes sociales y campesinos.

Esta misma semana, ocurrió lo siguiente:

– Atentado contra Argemiro Lara de FENSUAGRO en Sincelejo.

– Asesinato de Erley Monroy dirigente ASCAL-G en  San Vicente Del Caguan, Caquetá.

– Atentado contra Danilo Bolaños, líder de ASTRACAN en Nariño, cuando se disponía a participar en un Cabildo por la Paz.

– Asesinato de Didier Losada Barreto, dirigente campesino en San Juan del Losada, área de San Vicente del Caguán.

-Atentado contra Víctor Hugo Cuéllar en San Vicente del Caguán, Caquetá.

– Acaban de asesinar a Rodrigo Cabrera, hermano del líder de víctimas de Policarpa, Nariño.

Es tan grave la situación que en las últimas 48 horas se han presentado 3 muertes y 2 atentados.

Señor Presidente, es de conocimiento público que quienes están detrás de estos asesinatos selectivos y de carácter político, son los mismos que han cosechado  dinero,  poder y privilegios, gracias a la guerra fratricida que por más de 52 años ha desangrado al país; son los mismos para quienes, no hay, ni habrá acuerdo de paz alguno que les satisfaga, por bueno que este sea, porque lo que quieren es que la guerra continúe, para seguir acrecentando más privilegios y poder.

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REEXISTENCIAS VOL. 2 -online

Compartimos este proyecto de difusión cultural en estos momentos en que intereses poderosos insisten en sembrar la guerra en los corazones de los colombianos, y condenarnos a un eterno enfrentamiento fratricida. Aquellos oscuros intereses hacen de la muerte un negocio lucrativo y del dolor su deleite, no en vano los escenarios de la guerra son aquellos en los que negocios multinacionales tienen puesto sus ojos. Como decía José Martí:
“Los hombres van en dos bandos:
Los que aman y fundan.
Los que odian y deshacen”

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Campamento permanente por la PAZ

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“Implementaremos los acuerdos de paz en nuestros territorios”: Proceso de Comunidades Negras

Hernán Cortés, vocero del PCN, dice que se realizarán movilizaciones por la paz en todo el país y que en los territorios colectivos hay unanimidad frente a la aplicación de lo pactado entre el Gobierno y las Farc.

Reunión en La Habana con comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Oficina del Alto Comisionado para la Paz.

El Proceso de Comunidades Negras (PCN) es una red de 120 organizaciones y consejos comunitarios de negritudes en Colombia, que hace parte de la Cumbre Agraria,  Étnica y Popular, y fue protagonista de los últimos paros agrarios que paralizaron el país. Varios de sus voceros estuvieron en La Habana (Cuba)discutiendo y construyendo el capítulo étnico que quedó incluido el Acuerdo final con las Farc.

El PCN estuvo entre los actores que llevaron a La Habana la voz de las comunidades negras, que han puesto más de 700 mil víctimas del conflicto armado en Colombia. Uno de los casos emblemáticos más recientes fue el asesinato de Genaro García, perpetrado por las Farc en Tumaco (Nariño), el 3 de agosto de 2015, en pleno proceso de paz, cuando ejercía su labor como presidente del Consejo Comunitario de Alto Mira y Frontera.

Hernán Cortés, vocero del PCN, cuenta cómo recibieron los resultados del plebiscito las comunidades negras, fue claro en decir que los consejos comunitarios de negritudes van a implementar todos los puntos del acuerdo que les sea posible a pesar de los resultados del domingo, y expresó su impotencia frente la brecha que existe entre quienes vivieron la guerra de cerca y quienes no.

-¿Cómo recibieron los resultados?

Con mucha sorpresa y con mucha tristeza. Con mucha impotencia de ver que el narcotráfico y la oligarquía al final terminan defendiendo sus propósitos en común. Los terratenientes y los traquetos fueron los que hicieron la elección. Es muy difícil, hay varias colombias aquí que están en juego y nosotros vamos a insistir en la posibilidad de que nuestros derechos sean reconocidos y respetados en cualquier circunstancia y en la posibilidad de aportar para que este país viva en paz y haya más democracia.

-¿Cómo siente usted a la región con los resultados del domingo?

La gente está muy triste de ver que el país es indiferente con las regiones.

-¿Qué falló para que se dieran los resultados del domingo?

El gobierno se confió porque montó la campaña a través de los parlamentarios, los alcaldes y los gobernadores. Marginaron a la sociedad, a las organizaciones y a la gente que puede movilizar a las comunidades.

-¿Ustedes se sintieron excluidos en campaña?

Claro. En ningún momento nos buscaron.

-¿Qué se perdió el domingo?

Se perdió la posibilidad de terminar sin traumatismos el conflicto con las Farc. Se perdió la posibilidad de que los acuerdos significaran un proceso democrático muy amplio y ahora se cierra a los que ganaron y a los que perdieron que tienen vocería política sobre todo en el Congreso. Podemos ir a una especie de Frente Nacional ahora, eso es lo que hay que evitar.

-¿Qué se ganó?

El mensaje claro, aunque doloroso, es que hay un sector del país al que no le importa la paz y, aunque el país esté polarizado, tener esa claridad es positivo. Haber perdido hace que la gente sienta más la necesidad de paz, de organizarse políticamente y de dar el debate político en el país.

-¿Cuáles son las perspectivas del movimiento social después de los resultados del domingo?

El resultado nos dejó en shock, no lo esperábamos. Nosotros vamos a insistir, a partir del principio de autonomía, en plantearle alGobierno y a las Farc que en lo que sea posible nosotros queremos que en nuestros territorios donde ganó el Sí se puedan implementar los acuerdos con nuestros gobiernos étnicos.

Estamos conversando con las plataformas de paz, de derechos humanos y con otras organizaciones sociales sobre qué tipo de movilizaciones podemos hacer. Nos vamos a movilizar en todo el país. Estamos planteándole al gobierno que incluya a los pueblos étnicos, tanto afros como indígenas, en la discusión del gran acuerdo nacional. El acuerdo no debe ser un asunto solo de partidos políticos, debe incluir también a la sociedad civil y a los pueblos étnicos.

-¿Los acuerdos se van a implementar en las comunidades negras a pesar de los resultados del plebiscito?

Sí.

-¿Hay consenso entre las comunidades negras para la implementación de los acuerdos?

En los territorios colectivos hay unanimidad frente a la aplicación de los acuerdos. En nuestros territorios ganó el Sí. Al país que votó por el No, no le importan nuestros muertos, nuestros desplazados, entonces nosotros no nos vamos a preocupar por eso. Vamos a insistir, con nuestra autonomía, en la implementación de los acuerdos.

-¿Cómo sería esa implementación?

Nosotros ya hicimos el consenso interno y un pronunciamiento conjunto entre negros e indígenas. Esperamos poder hablar con el gobierno, proponerle y definir estrategias de implementación.

-¿Cómo convencer a ese medio país que votó por el No?

No creo que necesitemos convencerlos porque no se van a convencer de nada. En la práctica hay que construir la paz en los territorios.

-¿Recogerían algunas de las preocupaciones de la gente que votó por el No?

No. La campaña del No se construyó sobre la base de mentiras. Todo lo que supuestamente estaba proponiendo Uribe está en los acuerdos. Nosotros lo que vamos a defender sobre todas las cosas son los capítulos étnico, agrario y de justicia.

-¿Por qué el de justicia?

Porque la manera de llegar a la reconciliación y conocer la verdad, que son los asuntos más importantes, es un proceso de justicia transicional, no un proceso penal ordinario como lo está planteando el Centro Democrático.

-¿Cómo construir la paz de aquí en adelante?

Hay que movilizar a la gente y acudir al principio de autonomía. El Presidente está haciendo lo que debe hacer, abrir un proceso de conversación con los sectores políticos, pero tiene que hacerlo también con los pueblos étnicos y las organizaciones sociales. Nos parece muy buena la posición de las Farc en el sentido de que no hay renegociación, eso va a ser positivo en la medida en que salgamos a defender los acuerdos como están. Les va a tocar implementarlos o seguir la guerra.

-¿Cómo acortar la distancia entre el colombiano que padece la guerra y el que no?

Esa brecha no se va a cerrar en estos días. Esa discusión se va a mantener. La posición nuestra es buscar un acuerdo para implementar lo que sea posible implementar en nuestros territorios. Y defender de cualquier modificación el capítulo étnico de La Habana

Tomado del espectador: http://colombia2020.elespectador.com/politica/implementaremos-los-acuerdos-de-paz-en-nuestros-territorios-proceso-de-comunidades-negras

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La insurgencia de la juventud colombiana frente a la guerra y la democracia restringida

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Jose Cuesta Novoa 

Representante Movimiento Progresista Colombia, Profesor Ciencias Políticas Universidad Javeriana, Director Fundación Cultural Simón Rodriguez

Buenas tardes a todas y todos. Seguro que debí reaccionar con mayor rapidez, ante la debacle de los resultados del plebiscito del pasado 2 de octubre. No lo hice por 2 razones: La primera, la vulnerable condición humana, que no tiene antídoto contra la depresión que provoca la tristeza que anega el alma. En segundo lugar, porque prefiero el silencio, para que en medio de la soledad, pueda escuchar y apreciar sin interferencias la voces, los gestos y los sonidos del universo entero. Y desde la sabiduría del silencio, intentar leer, los por qué de un resultado esquizofrénico.

Tan desquiciado como el mismo instrumento que pregunta sobre la obviedad, ¿usted prefiere la paz o la guerra; la vida o la muerte?; sin embargo, el delirio colectivo no terminaba ahí, se requería que el colofón del festival de las mezquindades estuviese a la altura de la siniestra empresa que lo inspiraba: El ‘No’ se impuso ante el ‘Sí’ en el plebiscito con 6.422.136 votos, el 50,23 % de votos. Por su parte, el ‘Sí’ reunió un total de 6.361.762. La diferencia fue de 53,894 votos. De un total de 12 millones 808 mil 858 votos. Es decir el 0,42%. Y con una abstención del 62,57%.

¿Qué produjo esta debacle?. En primer lugar un contexto político complejo, un plebiscito para respaldar unos acuerdos, cuyos protagonistas centrales eran el gobierno del presidente santos y las FARC-EP, ambos actores marcados por una impopularidad  ante la opinión pública, superior al 70%, este hecho medido objetivamente por distintas firmas encuestadoras, generó enormes dificultades a la tarea de la refrendación de los acuerdos de paz.

En segundo lugar, los defensores del NO construyeron una maquinaria propagandística de guerra, en donde la primera víctima fue la verdad. Las mentiras, las infamias, las hiperbolizaciones, las caricaturizaciones, el reduccionismo de la realidad, fueron la constante de la comunicación política de los promotores del uribismo y compañia. En ese marco de exageraciones se entiende el poder efectista de slogans sin ningún fundamento racional como este par de perlas: el acuerdo con las “far” entrega el país al Castro-Chavismo; o los acuerdos contienen la ” ideología de género” que ponen en peligro a la familia “natural” y la inocencia de nuestra niñez. Con este par de argumentos medievales se fraguó una victoria contra la paz y la democracia en Colombia.

En tercer lugar la construcción de un pacto, en mi opinión, el PACTO DE LA CAVERNA. Conformado por el encantador de serpientes, fungiendo como vocero de terratenientes, latifundistas, industriales salpicados por sus vínculos con el paramilitarismo, dueños de poderosos medios de comunicación, en convergencia con una poderosa red de púlpitos, desde donde se manípulo las creencias religiosas y conciencia de las feligresías, mediante el uso intensivo de prejuicios, dogmas y consignas morales movilizadoras, convenciendo al feligrés que en las urnas se definía la suerte de la civilización cristiana o la primacía de la barbarie comunista.

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La Colonia y el primer acuerdo de paz

EN COLOMBIA HACE 325 AÑOS FIRMARON EL PRIMER ACUERDO DE PAZ
La Colonia y el primer acuerdo de paz
Por Adriana Quiñones-León*

“El camino más corto hacia el futuro es aquel que pasa por el conocimiento más profundo del pasado”, esta bella frase de Aimé Césaire nos motiva para revisar nuestra historia como nación y establecer las luchas lideradas por diferentes pueblos contra el poder, la esclavitud y la opresión, y parte de los logros alcanzados con su resistencia, entre ellos, la libertad, la tierra, y su mismo reconocimiento a través de acuerdos de paz. Aquí el primero de ellos.

***

El próximo dos de octubre se votará el plebiscito para la refrendación de los acuerdos de paz, que pone fin al conflicto armado entre la guerrilla alzada en armas más antigua del mundo y el gobierno colombiano, fin de una guerra que nos sitúa en el camino de una nueva esperanza y de unas nuevas responsabilidades como nación, una oportunidad sin duda histórica. La memoria es uno de esos desafíos, por eso vale la pena ahondar en los recuerdos y construir una historia más incluyente donde sean preponderantes los relatos no oficiales.

Por eso, y hablando precisamente de acuerdos de paz, viene bien hacer una rápida genealogía que nos lleve a los primeros procesos de paz en nuestro territorio. Así como sabemos que el acuerdo de Qadesh firmado en el 1259 a.C entre el pueblo egipcio y el hitita –que hoy reposa en el Museo Arqueológico de Estambul– es el primer acuerdo de paz del mundo, deberíamos saber cuál fue el primer acuerdo de este talante logrado en Colombia.

La nuestra es una sociedad acostumbrada al olvido, que suele mirar con un sentido histórico muy corto los sucesos que le acontecen, por eso quienes critican el proceso de paz acuden a esa amnesia colectiva, pero además como los ejercicios de memoria aportan rutas fundamentales a las sociedades, la invitación es a recordar. Hay que buscar desandar los pasos, como dice Aimé Césaire “el camino más corto hacia el futuro es aquel que pasa por el conocimiento más profundo del pasado”.

Recordemos pues que el proceso entre el gobierno Santos y las Farc empezó oficialmente el 4 de septiembre de 2012, recordemos también que tenemos como precedentes en este siglo el proceso bastante controversial de Uribe con los paramilitares, o el de Pastrana con las mismas Farc, el cual terminó el 20 de febrero de 2002. Hasta ahí todo muy bien.

Echando más para atrás la madeja, tenemos el proceso de Gaviria con el partido revolucionario de los trabajadores (PRT), el movimiento indígena Quintin Lame, y una fracción del ELN, y un sector mayoritario del EPL; aquí cabe mencionar la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar formada por las FARC, el EPL, el ELN, el M-19, el Quintin Lame, el PRT y los acuerdos llevados en Tlaxcala México con el gobierno Gaviria, diálogos que llegan a su fin en mayo 4 de 1992. Aquí a una parte de la sociedad le empieza a faltar fichas en su banco de recuerdos colectivos.

Retrocediendo un poco más la trama tenemos, en esta hermenéutica, los acuerdos de Virgilio Barco con el M-19 el 9 marzo del 90 y con el EPL el 16 de mayo del 90. Un poco más atrás, en el 84, están los acuerdos entre el gobierno Betancur con las FARC-EP en la Uribe-Meta, hechos que ya son menos quienes tienen en mente al hablar de negociaciones de paz.

Llegado a este punto, la memoria colectiva pareciera pues mucho más difusa, pero aún muchos podrán recordar la amnistía del 53, en pleno meollo del actual conflicto, aprobada por el gobierno de Rojas Pinilla a las guerrillas liberales lideradas por Guadalupe Salcedo, asesinado luego de desmovilizarse, silenciado para que su grito llanero quedara reducido a un susurro, disperso en el tiempo, pero que la evocación honda transforma en rugido.

Más atrás, en esta línea histórica que nos hemos trazado, pareciera que el recuerdo se transforma en un manchón informe, ininteligible a causa del desarraigo al que hemos sido atados desde nuestro doloroso inicio como pueblo, desde la herida colonial que aún no cicatriza, de modo que a este punto el olvido ya parece un alzheimer virulento.

Y aunque hay quienes insistirán en decir que la historia de nuestro pueblo tiene como punto cero 1819, lo cierto es que los acontecimientos de la Colonia desembocan en los de la República, los fundan, pues el carácter de una sociedad deviene de una continuidad temporo-espacial que no cede a disecciones caprichosas a posteriori: lo que somos hoy es consecuencia de lo que fuimos. Precisamente, es hasta la Colonia hasta donde rebobinaremos lo que fuimos en materia de acuerdos de paz.

Durante ésta, en medio del violento sometimiento a las encomiendas ejercido por los conquistadores españoles, la Cacica Gaitana reaccionó con un levantamiento armado seguido por los Nasas (Paeces), Piramas, Yalcones y otros pueblos a mediados del siglo XVI, una dura resistencia prolongada por casi un siglo en los territorios de Huila y Cauca, luego de los cuales el Cacique Calarcá, al frente de los Pijaos, prolonga la resistencia a inicios del siglo XVII en lo que hoy es conocido como Tolima, lucha que heredaría el dirigente Juan Tama.

Juan Tama se inclinó por resolver las hostilidades armadas a través del diálogo, de este modo la Corona, ante la incapacidad de la reducción militar de la rebelión, llegó a unos acuerdos de los que deriva el Título Juan Tama y Calamba, título de tierras entregado en 1700 a los nasa como resultado de tales luchas, el mismo que aún hoy los indígenas del Norte del Cauca reivindican, pues desde el poder lo continúan desconociendo. De dicho título vienen los territorios indígenas de Jambaló, Vitoncó, San Francisco de Caldono, Quichaya y Pitayó.

Por otra parte, unos años más atrás, los esclavizados que se fugaban del sistema huían a los montes y establecían asentamientos libres, donde recreaban una cultura con fuertes raíces africanas. Estas comunidades, expandidas por los Montes de María durante los siglos XVI y XVII, luego serían ubicuas por toda Colombia durante el siglo XVIII.

Así, con San Miguel Arcangel, La Matuna, Limón, Duanga, Joyanca, María Angola, Sanagual, Manuel Embuyla o Manuel Mula, Arroyo Piñuela, Zaragocilla, todos palenques de los Montes de María, se da inicio a las luchas por la libertad en territorio nacional, pero, además con San Basilio de Palenque se rememora otro acontecimiento histórico: fue el pueblo protagonista de los primeros Acuerdos o pactos de Paz en la historia del territorio colombiano.

De modo que Benkos Biohó, o Domingo Biojó como figura en los archivos coloniales, hace parte no sólo de los precursores de la independencia y la libertad en América Latina, sino que además también sienta un precedente importante en cuanto a los procesos de paz.

El primero de ellos fue llevado a cabo por el mismo Benkos Biohó y está fechado el 18 de julio de 1605. Ante la imposibilidad de la reducción militar de los cimarrones, el gobernador de Cartagena, Don Gerónimo de Suazo y Casasola, informó al rey de España:

“[…] me ynbiaron a pedir la paz y por considerar las dificultades que avía para acabarlos con ser tan pocos y ser necesario hacer tanta costa para ello como si fueran muchos me resolví en concederles paz por un año según de la manera que se capituló con ellos”.1

El segundo acuerdo fue liderado 75 años después por el guerrero negro Domingo Criollo y con la mediación de Fray Baltazar de la Fuente Robledo, el documento que lo constata es la Real Cédula que data del 23 de agosto de 1691.

Los siguientes fueron los puntos de aquel acuerdo de paz:

Reconocimiento de la emancipación, sin lugar a actos punitivos.

Demarcación del territorio con derecho a su uso productivo.

Trato jurídico igual a cualquiera que nunca hubiera sido esclavo.
Gobierno autónomo.

En caso de disolución serían tratados como vasallos alzados.

Por su parte, el acuerdo implicaba no seguir en combate y no aceptar más cimarrones dentro del Palenque.2

Finalmente, hacia 1713 en los Montes de María culminaría este acuerdo con el Entente Cordiale, firmado por el obispo Fray Antonio María Cassiani, de la Orden de San Basilio, en calidad de canciller de paz de la Corona española. El Entente Cordiale sería ratificado y precisado a través de algunas capitulaciones.

Así, mientras el resto del continente seguía bajo el yugo de las metrópolis europeas, en los Montes de María llegaba a feliz término este primer acuerdo de paz, a través del cual se confería autonomía a este Palenque, convirtiéndose en el primer pueblo libre de América.

De este modo, hace 325 años que tomó forma el primer acuerdo de paz en nuestro territorio, pacto pionero que debería considerarse en adelante como nuestro acuerdo de Qadesh, y así como una copia del primer acuerdo del mundo adorna el edificio de Naciones Unidas en Nueva York –para recordar que las diferencias pueden solucionarse a través del diálogo–, quizá nuestra piedra angular, el acuerdo de 1691, algún día engalane las paredes del capitolio nacional, recordando la necesidad y el deber de legislar para la paz, de anteponer siempre las salidas políticas a las militares, para alejar la guerra y exorcizar sus horrores.

Ojalá, hacia delante, la paz sea el compromiso de una sociedad que aprende a recordar y a caminar hacia el futuro de la mano del pasado, avanzando de frente, con nuestras raíces hacia un mundo mejor.

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Vigilancia y actos de intimidación contra la periodista Claudia Julieta Duque

Claudia Julieta Duque

https://www.frontlinedefenders.org/es/case/police-surveillance-intimidation-claudia-juliete-duque

El 20 de septiembre de 2016, la periodista y defensora de derechos humanos Sra. Claudia Julieta Duque se percató que su residencia estaba bajo vigilancia al ser fotografiada y filmada por un grupo de policías, quienes no le habían advertido de sus acciones de monitoreo. A lo largo de su carrera, la defensora de derechos humanos y su hija han sido objeto de amenazas debido a su labor por los derechos humanos. Como resultado, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos les otorgó medidas cautelares (MD 339-09), las cuales deben ser implementadas por la Unidad Nacional de Protección, en consulta con la defensora de derechos de humanos.

Descarga el llamamiento urgente (PDF)

Claudia Julieta Duque es una reconocida periodista de investigación y corresponsal para Radio Nizkor en Colombia. A lo largo de su carrera ha investigado numerosos casos de alto perfil y recibido el premio Reporteros Sin Fronteras – Suecia, Premio a la Valentía en el Periodismo, el Ilaria Alpi, entre otros.

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