“El segundo sexo” como genealogía del poder detrás del género. Hacia la liberación del yugo patriarcal

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Por Adriana Quiñones León y Juan David Ojeda López

 Simone de Beauvoir en su libro el “Segundo sexo”, de gran vigencia, nos invita a una reflexión profunda sobre lo que significa ser mujer en la sociedad posindustrial, permitiendo un acercamiento descarnado a las fibras que constituyen el yugo patriarcal, haciendo una minuciosa disección de cada uno de los tejidos que lo forman. Y si bien, de alguna manera su hilo argumental lleva a pensar que gracias al triunfo de la razón occidental nos es posible pensarnos ajenos a nuestra condición animal, y es más podemos renegar de la misma, dejando esbozado un dualismo Naturaleza-Razón como forma de liberación muy típica del proyecto ilustrado, que desde luego debe replantearse desde una ética menos antropocéntrica, su análisis sobre el poder es fundamental para entender nuestra sociedad actual y sus conflictos, y para entender el por qué se debe emprender acciones y políticas con enfoque de género que comprendan esta realidad de opresión que subsiste en la sociedad, desde sus fibras más íntimas y privadas, hasta los escenarios más públicos y mediáticos.

 

Su filosofía pasa por una detallada descripción del proceso histórico y sociocultural a través del cual la mujer es llevada a una condición de sumisión, que se sostiene en la imposición de la maternidad como proyecto de existencia que se apropia de su mitsein, de acuerdo a su concepción existencialista del feminismo. De este modo la mujer, como constructo histórico y cultural, queda relegada a la utilidad que brinda al hombre, sexualidad y reproducción, y su utilidad a la especie, asociada a garantizar la posteridad de la misma, esto en declive de sus potenciales propios proyectos como ser.

 

Así, Simone de Beauvoir analiza cómo se impone en el cuerpo y mente de la mujer los roles de género que la despojan de la posibilidad de un proyecto con utilidad para ella misma, puesto que se ve atada a la maternidad como destino. Esta maternidad empezó a ser valorada por los grupos humanos como resultado del paso del nomadismo al sedentarismo, por tanto está asociado a comunidades agrícolas que en los albores de la humanidad apropiándose de la tierra, quisieron adquirir una posteridad, un hijo, a quien legársela.  De alguna forma, en este sentido, con la apropiación del territorio viene asociada una apropiación de la mujer madre.

 

La mujer vista por el pensamiento hegemónico patriarcal como matriz y por tal como apéndice del hombre, lleva a atar su destino y finalidad del ser a la voluntad de poder del hombre, sumado al hecho de disminuirla en su dignidad al entender lo femenino como negativo  del hombre, lo opuesto a la razón y casi a la cordura, “la mujer se determina y se diferencia con relación al hombre, y no este con relación a ella; la mujer es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es lo Otro”. Ésta es una de  las develaciones más contundentes de su análisis de la opresión desde nuestro punto de vista, porque nos muestra con claridad cómo se ha construido desde los hombres un discurso que se considera como axioma, como derecho absoluto ahistórico y eterno, piedra angular de la sociedad, la cual como vemos se edifica sobre la opresión de media especie sobre la otra mitad para el mantenimiento de los privilegios de los hombres.

 

En este sentido por ejemplo, hace una revisión de algunas falencias del psicoanálisis al hacer de las fases de desarrollo erótico o psicosexual de la mujer un espejo de la estructura elaborada para entender la psiquis del hombre, en particular el complejo de Electra es el reflejo del complejo de Edipo, y el complejo de castración una consecuencia del mismo. Entonces el hombre se afirma como  esencia y el otro (mujer) como inesencial.  Ignora Freud entonces que “la niña no envidia el falo más que como símbolo de los privilegios concedidos a los muchachos”, dice de Beauvoir.

 

Para esta pensadora, es claro que el establecimiento de los privilegios a los que el hombre ha estado históricamente asociado en la jerarquía ligada al género, no responde a las diferencias biológicas sino a la alteridad construida por el hombre a través de la cultura y las relaciones de poder sobre la hembra de la especie humana.  En relación a lo que acontece con otras especies dice que “La mujer, que es la más individualizada de las hembras, aparece también como la más frágil, la que más dramáticamente vive su destino y la que más rotundamente se distingue de su macho”.

Esta distinción, que es además una alteridad construida desde el punto de vista del hombre y en relación a la utilidad que le brinda para el mantenimiento de sus privilegios, está sobrepuesta a la tensión entre biología y cultura, la cual produce una angustia existencial, de modo que alterar las circunstancias que limitan a la mujer implican resolver esa tensión, implica desprenderse del constructo histórico impuesto sobre la mujer, y del destino que una sociedad concebida por hombres y de la que ha sido sistemáticamente excluida le ha hecho interiorizar como propio, como dice la autora “ no hay otra justificación de la existencia presente que su expansión hacia un porvenir infinitamente abierto”. Ese porvenir que se construye en su liberación garantiza la trascendencia frente a la inmanencia a la que durante milenios fue anclada la existencia femenina.

 

Pensamos además que la lectura de Simone de Beauvoir  sigue siendo necesaria no sólo para las mujeres sino también para los hombres. Para los hombres porque, aunque están lejos de entenderla en su plenitud, les puede mostrar lo encarnizado, lo interiorizado que llevan el ejercicio de poder en los discursos y las prácticas cotidianas que los constituyen y cómo estas a su vez son replicadas y reproducidas por la sociedad en su conjunto, en una continuo círculo perverso de violencia y opresión[i].

 

Para las mujeres la lucidez de su pensamiento no sólo sigue vigente sino que es relevante, pues entablar ese diálogo íntimo con Simone de Beauvoir le permite entenderse a la mujer como un voluminoso y maravilloso libro en blanco por definir, por connotar y precisar en sus alcances. En síntesis, puede permitir entender, a quienes no lo han hecho, que la mujer ha de ser agente principal de su vida y de los procesos sociales de sus comunidades, para la liberación de ambas, sin permitir una vez más que sean violentadas, negadas, relegadas y olvidadas por los hombres y la sociedad patriarcal en su miseria.

 

[i] “la mujer, ni siquiera en sueños puede exterminar a los varones. El vínculo que la une a sus opresores no es comparable a ningún otro. La división de los sexos es, en efecto, un hecho biológico, no un momento de la historia humana. Ha sido en el seno de un mitsein original donde su oposición se ha dibujado, y ella no la ha roto. La pareja es una unidad fundamental cuyas dos mitades están remachadas una con otra: no es posible ninguna escisión en la sociedad por sexos. Eso es lo que caracteriza fundamentalmente a la mujer: ella es lo Otro en el corazón de una totalidad cuyos dos términos son necesarios el uno para el otro.”( Simone de Beauvoir, El segundo sexo)

 

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EL SEGUNDO SEXO_ SIMONE DE BEAUVOIR

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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