Cuando la mentira es la verdad. Divide y reinarás

(texto original de Andrés Rojo)

Estratagema —según el diccionario de la R.A.E— significa engaño, fingimiento. Es una palabra utilizada a menudo en el medio militar pero sin embargo aplicable a muchos momentos de la vida política en Colombia como por ejemplo las elecciones presidenciales.

Fue una perfecta estratagema política lo acontecido con el supuesto contendor del candidato de Gobierno, hoy presidente electo. Este contrincante se vistió de verde, color neutral y de la esperanza, se endilgó un discurso de aparente intelectualidad, sabiduría y transparencia. Mentiras todas. Hoy después de su derrota el candidato verde pasa de agache colocándose prácticamente al servicio del “nuevo” Gobierno con un discurso de supuesta independencia y control político justo cuando todas sus aparentes posturas durante la campaña, lo pondrían –de ser ciertas— en abierta contraposición al recién elegido.
La estratagema funcionó bien: ante la clara indignación que levantó en campaña el ahora presidente, ante lo sucio de su trasegar y su caminar de delfín de las élites colombianas, era necesario dispersar esas energías para que no fueran canalizadas por la verdadera oposición del Polo Democrático Alternativo. Ello fue aún más evidente cuando los “verdes” rechazaron la propuesta de unidad de este último ante la segunda vuelta electoral. Todo esto sucedió bajo la decisiva fuerza de los medios de comunicación que fingieron con encuestas maquilladas la posibilidad de ser Gobierno y de esta manera se presionó y se dividió la votación de la gente inconforme.
Aun así, pasada la segunda vuelta, todos estos ardides no fueron suficientes para remontar el inconformismo manifestado en la abstención que pasó de 50,76% a 55,52%. También aumentó el voto en blanco (1,54% a 3,417%) y los votos nulos (1,16% a 1,49%). Si sumamos estas cifras (60,42%) es clara la muestra de inconformismo y rechazo de la población apta para votar hacia los candidatos de la contienda. Es así evidente que el presidente electo fue escogido por una minoría y por tanto es ilegítimo para la mayoría del pueblo colombiano. De plano, ya una supuesta democracia donde más de la mitad de la población no participa es una democracia falsa, de mentiras y en derrumbe y por tanto se asemeja más a una imposición.
De esta manera se va marcando el camino de los próximos años con un Gobierno que hace llamados a la unidad nacional recordándonos los escalofriantes episodios de la historia nacional y mundial de quienes hicieron estos llamados bajo el velo del nacionalismo: derechas recalcitrantes que se implantaron por vía del terror de Estado, tema que para nada desconoce Juan Manuel Santos. Léase Frente Nacional en Colombia, Pacto de Punto fijo en Venezuela o los gobiernos llamados Nacional- socialistas de Europa del siglo pasado.
Para mostrar su talante, el recién electo presidente no tuvo escrúpulos al aceptar el asesinato de jóvenes en los mal llamados “falsos positivos” cuando fue ministro de defensa ni tuvo pelos en la lengua para legitimar la incursión armada en territorio de un país vecino y el asesinato de ciudadanos de otros países violando la legislación internacional y los derechos humanos. Y cuando estuvo en el ministerio de hacienda prometió “sangre, sudor y lágrimas” para el pueblo colombiano, promesa que ha cumplido y que puede ser premonitoria de lo que le depara a Colombia bajo su mandato.

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