El futuro de Suramérica y la Amazonía

«La Amazonía no puede calificarse nada más que como un desatino cósmico, la más grande exageración cometida por el Universo desde la Creación, el Big–Bang y el Diluvio de los días de Noé. No está hecha a medida del hombre y, quizás por ello, se nos antoja satánica»1.


Alirio Duque, Colectivo de Comunicación Somos Sudacas

La majestuosidad del Amazonas está registrada en diarios de campo, poemas, canciones, historias de vida, documentales, fotos; pero aún no ha sido explorada ni explotada en su totalidad. Por eso muchos navegantes y aventureros suelen catalogarla como infernal sin profundizar en el conocimiento milenario de los pueblos originarios —cerca de 390 en toda la cuenca— con una diversidad de lenguas y tradiciones en una extensión de 10.268.471 km2, en nueve países de Sur América. Es el miedo a lo desconocido.

La exploración de esta inmensa estepa verde no ha parado desde hace más de un siglo. No por nada la Amazonía es considerada la segunda región en importancia geoestratégica después de Medio Oriente. Con cerca de 22 millones de habitantes —17 de ellos en Brasil— en su seno alberga el 25% de especies vegetales y animales conocidas, produce el 20% del oxígeno del planeta y su red fluvial cubre 14.000 km. Es una megaregión con baja densidad poblacional y una riqueza incalculable en recursos naturales, lo que la hace apetecible para los intereses transnacionales.

Infraestructuras
Por eso, este gran tesoro de la naturaleza no podía quedar fuera de los planes de la Iniciativa para la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), que es el equivalente del Plan Puebla Panamá para el sur del continente y cuyo objetivo es la creación de la infraestructura multisectorial para la expansión de los mercados transnacionales por medio de la extracción de los recursos naturales, energéticos, mineros y de biodiversidad que se encuentran en la región.

De acuerdo a Igor Ojeda y Hugo Brasilinio, el IIRSA «prevé la ejecución de 507 grandes obras en 20 años, con una inversión total estimada de 70 mil millones de dólares. De estos, según Paulina, 21.2 mil millones de dólares ya están siendo invertidos en 145 proyectos»1.

Este megaproyecto lanzado por el entonces presidente del Banco Mundial, Enrique Iglesias, en Brasilia en el 2000 es la hoja de ruta para las políticas de integración económica en Suramérica. Brasil es uno de sus principales impulsores para ampliar su mercado hacia el Pacífico con la exportación de piezas electrónicas hacia el mercado asiático y la importación de fósforo blanco del Perú para los cultivos de soja transgénica de Mato Grosso y Mato Grosso del sur. Es de anotar que Manaus —a orillas de un mar dulce— es la pionera en la industria de piezas electrónicas, por la cantidad de agua que requiere para la fabricación de chips y microchips.

Los impactos ambientales y socioculturales aún no han sido estimados, pero algunos estudios como el realizado por la fundación Salvemos la selva de América con sede en Estados Unidos documentó la existencia de 35 corporaciones transnacionales del petróleo y del gas que operan en 180 bloques en toda la Amazonía occidental (Bolivia, Perú, Ecuador, occidente de Brasil y Colombia). Estas explotaciones coinciden con las zonas de mayor biodiversidad del mundo en donde aún habitan pueblos libres o en aislamiento voluntario2.

Más recientes aún son las noticias sobre las minas de Coltan en la Orinoquía, frontera colombo-venezolana. Este mineral de alta tecnología —que ha dejado más de tres millones de víctimas por la voracidad de las mafias transnacionales en el Congo— ahora brota de las selvas suramericanas y se suma a las tensas relaciones bilaterales por el control de los recursos estratégicos3.

En resumen, el panorama regional suramericano está por cambiar vertiginosamente y su disputa será la Amazonía. Estamos ante una nueva ola de colonización y explotación del modelo capitalista dentro del cual se encuentran países del llamado “Socialismo del Siglo XXI”. Pero, como anotan algunas voces disidentes, este modelo sólo seria un modelo neokeynesiano que también requiere la explotación intensiva de sus recursos naturales y biodiversidad para alcanzar el umbral del “desarrollo” propuesto4.

El ajedrez político
El panorama no es alentador. La intervención norteamericana en Colombia —con la disculpa de lucha contra el narcotráfico y el terrorismo— ahora concentra diez bases militares para la utilización de sus tropas. Esto sin contar las cuatro bases aeronavales que instalará en Panamá, dos en cada océano5.

De esta manera el ajedrez político se mueve aceleradamente. Con el golpe militar en Honduras, la elección de Sebastian Piñera en Chile —viejo amigo de Pinochet— y la consolidación de la política de Seguridad Democrática en Colombia, Estados Unidos reacomoda sus fichas para recobrar el control de su patio trasero. Aunque no hay que desconocer a Brasil como potencia, quien se disputa su hegemonía precisamente con los Estados Unidos y por ello su impulso al IIRSA, lo cual puede agudizar el conflicto regional no sólo con Venezuela como es pregonado en los medios.

Voces de protesta
Sin embargo, las voces de protesta y las alternativas a este modelo de desarrollo caduco se escuchan precisamente desde las comunidades indígenas bajo su cosmovisión andino amazónica del “buen vivir”, Sumak Kawsay en Kechwa.

Estos movimientos sociales con sus reivindicaciones y conocimientos milenarios ahora se oponen como David a Goliat dándonos una luz de esperanza. Sus legados cobran aún más fuerza en países como Ecuador y Bolivia, cuyo ideario fue plasmado en sus nuevas constituciones. Pero también retumban con la lucha de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) por la defensa de su territorio, concedido en un 70% a compañías petroleras, mineras y madereras por el actual gobierno de Alan García.

Apartes del preámbulo de la Constitución Política del Estado boliviano para dar un mensaje de esperanza

«El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado.

Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos».

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1 «El Río de la Desolación», Javier Reverte
2 http://www.cadtm.org/IIRSA-Las-venas-cada-vez-mas
3 «Suramérica: La Amazonía occidental y sus pueblos indígenas», Argenpress, 4 de noviembre de 2009
4 «La guerra por el coltán», Revista Semana, 21 de noviembre de 2009
5 «Un caduco modelo desarrollista», INREDH, Natalia Sierra
6 «Panamá anuncia que EEUU quiere 4 bases “aeronavales”», ALAI, 4 de noviembre de 2009

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