Magia, misterio y secreto, la música del Pacífico colombiano

SUENA A MONTE, SUENA A SELVA

Alabao, chigualo, guali, bunde, juga, arrullo, levantamiento de tumbas, currulao, currulao corona, caramba, patacore, berejú, pango, juga, juga grande, torbellino, pasillo, rumba, rumba timbiquireña, bambuco, bambuco viejo, bambuco de violín, paseo, jota, abozao, saporrondón, contradanza, danza, polka, mazurca, levanta polvo, tamborito, bambazú, agua´bajo, son chocoano, décimas, salves, romances, cantos de boga y, seguramente, mucho más que aún no conocemos.

Urián Sarmiento
Músico, investigador

Kane Sy[Imagen: Kane Sy, artista senegalés]

La costa Pacífica colombiana es un universo de cantos, ritmos y melodías, todas las poblaciones que pertenecen a esta región conservan tradiciones vocales muy complejas, de un altísimo nivel técnico y de una profunda riqueza rítmica y melódica, hay mucho secreto en el Pacífico, la vida se canta, la siembra se canta, los recorridos en el río se cantan, las largas caminatas se cantan, el trabajo se canta, la pesca se canta, la muerte se canta.
Músicos agricultores, gente de monte en permanente contacto con la selva y la naturaleza, humanidad natural, rústica, humanidad conocedora de los misterios del monte, conocedores de la cura con planta, de la cura con secreto, curanderos de picadura de culebra, de mal de ojo, parteros, caminantes, constructores de potrillos, carpinteros, albañiles, constructores de marimba, cununo, bombo, guasa, redoblante, flauta, platillos, constructores de memoria.
Mucho falta por investigar, profundizar y aprender sobre la música del Pacífico, la información a la que tenemos acceso hoy día es muy nutrida pero sigue siendo insuficiente, el Pacífico es un territorio muy vasto, con zonas de muy difícil acceso por su distancia y condiciones naturales, por los elevados costos del transporte aéreo y fluvial y por la compleja situación política colombiana. Sin embargo es muy importante y necesario llegar hasta las regiones donde nace y vive esta música y no conformarnos con la valiosa pero incompleta información con la que contamos hoy día. Digo esto porque son tradiciones vivas y, además, extensísimas. Un libro, un cd, un artículo, nos dan una información importante aunque aproximada de lo que hay, sin embargo no logra abarcar el complejo entramado musical y humano de la extensa zona del Pacífico colombiano.
La mediatización de la música del Pacífico colombiano en eventos como el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez realizado desde hace 15 años en la ciudad de Cali ha sido muy importante para el reconocimiento de estas tradiciones a nivel nacional e internacional, sin embargo este proceso ha generado fuertes cambios que afectan el libre desarrollo de estas manifestaciones culturales.
Me refiero a la música que no es vista como un producto comercial, como un ejercicio creativo o como una forma de salir adelante en el mercado de la música, realizar giras, grabar discos, etc. sino de la música que busca llenar un vacío espiritual, una necesidad de la comunidad de establecer ese vínculo con lo que se venera, con lo que se respeta, con lo que se cree.
raízsonicaGracias a las producciones realizadas principalmente durante la primera década del siglo XXI llegaron a nuestros oídos maravillosas voces como las de Juanita Angulo, Carlina Andrade, Ana Hernández, Inés Granja, Nydia Góngora y su hermana Chochola, depuraciones en la interpretación de la marimba a cargo del maestro Hugo Candelario Gonzáles, el secreto de la selva con los maestros José Antonio Torres, Gualajo y Baudilio Guama, por nombrar a los principales. Sin embargo a pesar de los valiosos esfuerzos por registrar y difundir la música del Pacífico colombiano sigue sin llenarse el vacío que deja el no tener registros en permanente actualización donde se nos muestre ese Pacífico rural y selvático en su estado natural, sin maquillaje, sin coloridos vestidos, ese Pacífico del músico que llega del monte de trabajar su cultivo y se entrega a la música, de la cantadora invisible, anónima, que anima las noches de fiesta patronal a la luz de vela en el atrio de una iglesia.
Las grabaciones actuales de la música del Pacífico nos muestran un muy alto y depurado nivel musical, así como también un maduro nivel de producción y arreglos de estas músicas, pero cuando nos vamos a sus zonas rurales nos encontramos con la realidad silvestre de estas tradiciones, realidad que difícilmente encontramos en las producciones actuales realizadas en especializados estudios limitando la duración de las piezas a lo radialmente establecido, que es a lo que el oyente-consumidor urbano está acostumbrado. En las zonas rurales nos encontramos pues con el espontáneo sonido de la zona, nos encontramos con cantadoras que nunca en su vida han tenido que subirse a una tarima y cantar a través de un micrófono, nos encontramos con voces que salen de la profundidad de la selva, con cantadoras que para entonar su canto se estremecen y nos cantan con todo su cuerpo, sin esconder absolutamente nada de su emoción y sentir al momento de entregarse a la música. Nos encontramos también con otro tipo de duraciones en las interpretaciones que realizan, una juga, un currulao (por mencionar solo algunos) bien jondiados pueden durar alrededor de los 10 a los 15 minutos; ahí es donde se calienta la música y se logran unos maravillosos estados de trance o hipnosis y catarsis a través de la música. ¿Qué es jondiado? Pregúntenselo a cualquier cantadora, a cualquier marimbero.
No estoy en desacuerdo con la evolución de las tradiciones ni con la difusión y mediatización del Pacífico colombiano, pero ¿qué hacemos con los músicos que no tienen la oportunidad de tener acceso a este mundo globalizado? El Pacífico colombiano está lleno de ellos, sin hablar del resto del país, ellos también merecen un espacio en esta historia musical colombiana y un reconocimiento por ser portadores de esta gran riqueza musical.
Cantadoras, cantadores, respondedoras, marimberos, cununeros, bomberos, flauteros, redoblanteros, clarineteros, bombardineros, platilleros, bailadores, poetas, creadores.
No descuidemos nuestros cultores, no descuidemos la raíz de esta música, no nos olvidemos que esta música viene de selvas, de campos, que tiene magia, misterio y secreto, que muchos de los portadores de estas tradiciones están viviendo el duro y complejo conflicto armado colombiano. Esforcémonos pues por conocer a fondo estas historias, darles el reconocimiento que merecen, valorar la resistencia cultural que encarnan estos músicos, hacer de todos estos sonidos, estos cantos, que se vuelvan cotidianos en nuestro quehacer diario, que se recreen y resignifiquen en las creaciones contemporáneas que nacen día a día en las grandes ciudades.

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