La crisis del capital y la acción colectiva como respuesta desde abajo

Borrar, cortar, crear y empezar

“O inventamos o erramos”
Simón Rodríguez

Juan David Ojeda López

El enfrentarnos a la pregunta del crepúsculo del capitalismo nos confronta con la incertidumbre del devenir tras este ocaso del sistema de producción y acumulación —partiendo de la hipótesis de su extinción—. Utopía o distopía que depende del acontecer de los hechos conducidos por las acciones de los sujetos habitantes del planeta Tierra.

DARKAS reexistencia[Imagen: Darkas]
La crisis del sistema capitalista que se ahoga en su propia lógica, insalvable por hecho, se funda en el pensamiento que entiende  el desarrollo como un avance exponencial de la acumulación ad infinitum en un planeta con recursos finitos. Resultado: extinción del planeta y por ende de las especies que en él habitan. Es un hecho: Colombia, octava potencia actualmente en recursos hídricos, en el 2050 no tendrá agua para abastecer los grandes centros poblados —por decir algo—.
La crisis energética que se avecina por la finitud de las materias primas y su demanda desmedida, el llamado efecto invernadero y los efectos del calentamiento global, la destinación de los alimentos para la producción de etanol encareciendo los alimentos, la tala de los bosques primarios y la extinción de los páramos —fuentes naturales de agua—, la imposición de las semillas transgénicas que acaban la biodiversidad y esclavizan a los agricultores a la dependencia de dichas semillas, la extinción de especies naturales y vegetales por acción u omisión de la especie humana son muestras tangibles del futuro que se avecina.
La imposibilidad del cambio tecnológico —ya que no es “rentable para el capital”— y la imposibilidad de la reducción aún más de la vida útil de los productos son las razones por las cuales la producción ha sido remplazada por la especulación, quedándose poco a poco el sistema sin piso, derrumbándose no tan lenta y silenciosamente, pero antes fagocitándose a sí mismo para sobrevivir. Enron, Interbolsa, Argentina, Grecia… son ejemplos de esto. El petróleo, las armas y las drogas son los mercados que alientan el sistema y contienen su derrumbe.
No por nada el Comandante Hugo Chávez Frías en su discurso en el Foro Social Mundial realizado en Venezuela —al cual acontecieron procesos sociales de todo el mundo no porque él o su gobierno bolivariano los haya convocado, sino porque los organizadores del Foro solicitaron a Venezuela su acogida— sostuvo la tesis “socialismo del siglo XXI o muerte” y acto seguido desarrolló la tesis con su elocuencia habitual exponiendo los datos ya consabidos frente al deterioro del medio ambiente y su extinción a causa de la acumulación capital.
Pero los detentadores del poder que ya midieron los efectos desde hace mucho este hecho tienen claro que el universo espera por ser saqueado, explotado y consumido por la acumulación de unos pocos frente al grueso de la humanidad. Ya en Avatar nos lo dijeron, ya lo normalizamos —aunque sea hipotéticamente— la posibilidad de la destrucción del planeta. Los Simpson ya nos mostraron que unos tienen pasaje hacia la luna y otros hacia el sol. Inconscientemente lo aceptamos.
Y tan medido lo tienen —los detentadores— que no lo dejarán voluntariamente. Primero se comen la tierra y lo que consideran con ello, los recursos naturales, exterminando a su paso a las poblaciones que se interponen entre ellos y sus recursos, antes que permitir perder sus privilegios. Teoría de la conspiración: totalmente. Personas sostienen que en Colombia existe una especie de Ku Klux Klan colombiano, una mano negra que decide sobre la vida y la muerte, como en el caso de Jaime Garzón, Gaitán, Galán, Pizarro. Hay que focalizar la contradicción y no solo a los autores materiales, a Carlos Castaño lo tenían apretado desde arriba.
Frente a este panorama nos queda la vitalidad, la alegría, la rebeldía, la parcería, la camaradería, el carnaval. Es desde este nivel desde el que hay que construir. La acción colectiva, comunal, conjunta, focalizados en que la oxidación del sistema es nuestro sur, el no consumo, la no propiedad, la no igualdad. Y es que el cuento de que todos somos iguales frente al capital —cuando unos tienen como punto de inicio todo el capital acumulado y otros posterior a la expoliación no poseen nada— lleva a que aunque seamos asumidos por el sistema como iguales, el “triunfador” por lógica sea siempre el poseedor desde su inicio del capital —no es que el pobre indígena o el afrodescendiente sean perezosos por lo que no triunfan—.
Oxidación que transita por el retorno a lo primario, a lo simple, a lo sencillo. Lo sabemos: si no consumimos Coca-cola los quebramos. Es muy sencillo: tienen el poder porque creemos que tienen el poder. Bajamos la cara, les creemos sus muecas y morrisquetas, su fotos en las revistas con sus poses de barbies. Darkas ya lo dijo: “Apaga la tele, prende un porro”, no se malinterprete, es una invitación a la reflexión-acción.
No hay otra opción, la movilización de las multitudes desde la fraternidad, la alegría y el amor, entendiendo por movilización todo lo que sea hacer, crear. Hay movimiento cuando el artista crea y expone una obra que conduce a la reflexión. Desde muchas orillas se escuchan voces de protesta, llamados que transitan los insondables abismos que nos separan, siendo la generación de los músicos colombianos actuales, de lo que algunos han denominado las nuevas músicas colombianas, una expresión de la malegría de la denominada clase media urbana en Bogotá.
Las calles y barriadas de las ciudades de Colombia, al igual que las montañas de Colombia, tienen su voz, y es el hip-hop quien encarna este poder. En todas las comunas y barrios el flow reina por ser certero, sincero y virtuoso. La indignación es su impulso. Son nuevos lenguajes —el grafiti, el MC, break dance— desde los cuales podemos movilizarnos cambiando los repertorios.
Todo este ruido es resultado de las fisuras del sistema, son los intersticios por los cuales se han empezado a mover los nuevos movimientos sociales llamados movimientos antiglobalización. Paralelo a las movilizaciones sociales de la batalla de Seattle, de los Monos blancos en Londres, en Bogotá nació al inicio del siglo XXI el Carnaval de las Iras como un grito de protesta donde la estrategia fue la acción directa ilegal no violenta, abriendo la puerta a nuevos repertorios contraculturales que validos de diversos lenguajes artísticos, buscó generar pensamiento-acción para la transformación de las realidades.
En el fondo todos la tenemos clara, nadie está inventando el agua tibia. Solo que hay que creérnosla porque ya lo decía Camus: “La peste no se imagina, y si se imagina, se imagina falsamente”.
Adenda: En momentos en que se globaliza el capital y la información para su centralización y control, permitiéndose el libre tránsito de los capitales golondrina y los productos de la industria cultural, las poblaciones de los países explotados son imposibilitadas de transitar libremente entre países y territorios. Volvemos poco a poco a la época de las murallas, tanto en el centro del poder como en la periferia del planeta; en el centro la muralla de Israel con Palestina, la de Estados Unidos con México, la de Grecia con Turquía, en la periferia la muralla en Rio de Janeiro en la altura de Rocinha o del Morro de Dona Marta, pero también en las comunas de Medellín. Tenemos que movernos rápido antes que las máquinas de guerra llenen todas las fisuras.

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