¿Qué harías si un día vienen a tu casa y te dijeran que quedará bajo el agua?

REPRESA EL QUIMBO

Bruno Federico, autor del documental El Gigante

Este año 2012 va a ser el epílogo de una larga historia. En el Huila la conclusión de este enfrentamiento entre dos visiones del mundo inconciliables ha empezado con el durísimo desalojo de los pescadores y campesinos que permanecían desde hace meses a la orilla del río Magdalena, el más grande del país, su hábitat natural y fuente de sustento para ellos y muchos más. Como para reproducir una historia antigua de siglos.

w_vendoelpais[imagen: Fernando Arias]

De un lado los españoles e italianos, con sus empresas, su negocio y su codicia, y a defenderlos ejércitos, batallones, escuadrones antimotines. Las brillantes armaduras de hace cinco siglos se volvieron uniformes militares y cascarones negros. Del otro lado los pobladores, armados de su pobreza y de su dignidad, quienes defienden su río, sus cultivos, su manera de vivir. Somos en el valle del Magdalena, el río que alojó las inquietudes amorosas de Florentino Ariza contadas por Gabriel García Márquez en el Amor en los tiempos del cólera en el corazón del continente, en el Huila.
Aquí por dar vida a un enorme proyecto hidroeléctrico serán inundadas 8.500 hectáreas de tierra, que incluyen bosques secos ecuatoriales, reserva de protección de la Amazonía, ricos cultivos de arroz, yuca, plátano, cacao, papaya y mango, restos arqueológicos que cuentan las historias de los pueblos que habitaban este valle antes que la travesía de Colón se volviera un genocidio. Pero también casas, sueños, proyectos de vida, memorias de luchas agrarias.
La idea de inundar el valle para producir energía tiene muchos años. En 1997 el Ministerio de Agricultura rechaza la propuesta por los excesivos costos sociales y económicos del proyecto explicando que el valle es altamente productivo en términos agrícolas; sus productos garantizan el bienestar de sus habitantes y la seguridad alimentaria de toda Colombia.
Diez años después el gobierno de Álvaro Uribe Vélez cambia de idea: el proyecto responde a la política de aumento de las exportaciones de recursos mineros energéticos y de apertura económica a la inversión extranjera. La represa se hace porque se hace, explicó exhaustivamente el entonces presidente.
En el año 2008 Endesa, el coloso español de producción y distribución de energía y principal gestor en Colombia, gana la licitación para la construcción del proyecto hidroeléctrico El Quimbo.
Antes de que sea aprobada la licencia ambiental, es decir, que haya el permiso para la obra, el gobierno declara de interés público toda el área de influencia, paso preliminar al de expropiación y crea un batallón especial del ejército a protección de la inversión italo española, ocupando militarmente la zona.
La licencia es otorgada en el año 2009 estableciendo una serie de indemnizaciones y compensaciones por los daños y los perjuicios que el proyecto hidroeléctrico generará al ambiente y a quienes serán desplazados por el gigantesco embalse.
En el mismo año la italiana ENEL compra el 92% de las acciones de ENDESA, asumiendo de hecho el control de la empresa española.
El año siguiente Endesa solicita la renegociación de los acuerdos argumentando que las condiciones dictadas por la licencia ambiental son excesivas y harían inviable el proyecto. Las nuevas compensaciones excluyen buena parte de la población y reducen los beneficios para quienes quedan incluidos en los censos. De un día al otro los afectados ven esfumar las promesas de la empresa quien los había ilusionado inicialmente con sueños de riqueza y bienestar.
Militarización de la zona
En el mismo año, no obstante las contradicciones de este proyecto sean evidenciadas por diferentes investigaciones y por medidas sancionatorias tomadas por los mismos organismos de control estatales y regionales, el gobierno colombiano manifiesta su determinación colocando un batallón especial del Ejército, ocupando militarmente la zona.
Los habitantes del valle deciden entonces protestar por medio de manifestaciones pacíficas y asambleas, mientras al mismo tiempo recurren al Tribunal Administrativo de Cundinamarca. En el 2010 el Tribunal da la razón a las comunidades imponiendo a la empresa y al Ministerio la revocación de las modificaciones de las indemnizaciones hacia los pobladores afectados y el medio ambiente.
Frente a esto Endesa amenaza con la interrupción del proyecto y el ex presidente Uribe pocos días antes de dejar su mandato en agosto de 2010 emite un decreto por medio de las cuales invalida de hecho la decisión del Tribunal. El 24 de febrero de 2011 el presidente Santos inaugura la obra de El Quimbo. Desde entonces las comunidades no han cesado de protestar, de presentar apelaciones y demandas y animar debates dentro y fuera de los espacios del Congreso de la República.
Por algunos meses los labores han sido suspendidas por las autoridades ambientales regionales porque Enel/Endesa e Impregilo (la empresa constructora) no respetaban las medidas de protección del medio ambiente y de la población local, desalojando campesinos y pescadores y contaminando gravemente al río Magdalena.
Por esta razon en 2011 la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM) dispuso la suspensión de la mayoría de la obra y el congelamiento de la compra de predios, medida que de acuerdo a los testimonios de la comunidad no ha sido acatada por la empresa y que ha sido revocada antes del final del año por el Ministerio de Medio Ambiente.
Igual destino tuvo la medida expedida por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) que había impuesto un cierre de la obra debido al hallazgo de huellas arqueológicas escondidas por los directivos de la impresa. Medida revocada sin que la opinion publica haya podido enterarse de lo ocurrido.
Parece que todas estas medidas chocan con la voluntad preconcebida del gobierno nacional de dar via libre al proyecto y por esta misma razón son revocadas prontamente.
Estas medidas chocan con la voluntad preconcebida del gobierno quien las revoca después de pocos meses.
Efectos negativos
El proyecto hidroeléctrico El Quimbo es negativo para la región como afirma el mismo Ministerio en 1997 porque amenaza una zona de reserva forestal de la Amazonía, se desarrolla en una zona altamente sísmica y porque inunda tierras fértiles, fundamentales para la seguridad alimentaria del país.
La Universidad Surcolombiana estima que en los 50 años de actividad de la planta hidroeléctrica, Endesa pagaría al departamento del Huila alrededor de 135 millones de euros contra los 1.200 millones de euros que la región perdería por el cese de la producción agrícola del área inundada. En el mismo periodo la multinacional italo-española ganaría alrededor de 2.300 millones de euros.
Al contrario de lo que afirma el director de Endesa Colombia, la energía producida servirá por una lado para la exportación, por el otro para las necesidades de la gran minería transnacional, quien se prepara para volver 20 millones de hectáreas del territorio nacional en una gigantesca mina a cielo abierto.
Desde el punto de vista laboral, si bien es cierto que en los 4 años previstos para la construcción de la hidroeléctrica se emplearían alrededor de 3.000 personas, es evidente que en los años siguientes la hidroeléctrica no necesitará más de pocas decenas de técnicos para su manutención, mientras que los 3.500 pescadores y campesinos que perderán su fuente de subsistencia se sumarán de por vida a los millones de desempleados y de desplazados del país.
El proyecto hidroeléctrico El Quimbo responde al programa económico que el gobierno de Juan Manuel Santos, en continuidad con su predecesor, llama locomotora minero-energética: agrocombustibles, minas de oro y carbón, extracción de petróleo y producción de energía eléctrica serían los motores del crecimiento económico de Colombia.
El presidente de Colombia ignora que la historia no reporta ejemplos de países en donde la economía extractivista haya llevado al desarrollo, más aún si es acompañada de la apertura del mercado interno a las importaciones extranjeras por medio de la firma de acuerdos de libre comercio con potencias industriales como Estados Unidos y la Unión Europea que terminarán por aplastar cualquier sector productivo nacional.
El proyecto hidroeléctrico El Quimbo representa el choque entre dos modelos: uno enfocado sobre una producción agroalimentaria compatible con el ambiente, la protección de los bosques y del agua y sobre la reducción del consumo energético y la emisión de bióxido de carbono; el otro es un modelo extractivista, insostenible social, económica y ambientalmente, donde la carrera hacia el apoderamiento de recursos mineros energético va al mismo paso que la militarización del planeta y el estallar de conflictos donde quiera que haya esta clase de bienes.
La posición de Asoquimbo
El 10 de noviembre de 2011 Asoquimbo, la asociación que reúne a los afectados por el proyecto hidroeléctrico lanzó su último llamado recordando que en sus 4 años de existencia ha llevado sus razones de forma científica, razonable y pacífica, confiando en el Estado de Derecho que rige formalmente en Colombia. La fuerza de la razón ha chocado contra la razón de la fuerza.
Los días 14 y 15 de febrero de este año los escuadrones antimotines desalojaron violentamente a los pescadores de su natural espacio de pesca. Un joven ha perdido su ojo al estallar una granada de aturdimiento lanzada por la policía.
El presidente de la República amenaza con el uso de la fuerza en contra de quienes se opongan al proyecto. Durante en el anterior gobierno, bajo su Ministerio de Defensa la fuerza armada es acusada de haber cometido alrededor de 3.000 ejecuciones extrajudiciales. Entonces hay que creerle y temerle.
Mientras tanto las investigaciones abiertas a principios de 2012 por la Fiscalía, la Procuradoría, la Contraloría y la Corporación Autónoma del Magdalena por desastre ambiental, corrupción y detrimento del patrimonio de la nación aín no han llegado a una conclusión.
Pero la arrogancia de la violencia no pudo hasta ahora en contra de la combinación solidaria entre la fuerza de la movilización y la potencia de la naturaleza. Pocos días después del intento de desvío realizado el 3 de marzo, el río se levantó gracias a las fuertes lluvias que caen sobre el Macizo, destruyendo el jarillón que pretendía encanalar su flujo en un túnel. Vanos han sido los muchos intentos de Emgesa de obligar al Magdalena a plegarse a sus intereses. Hoy día, cinco meses despuñes, el río sigue su cauce, majestuoso y resistente, dejando abierto un partido aún todo por jugar.

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