Éste viernes también nos sumamos, porque si se calla el sentir, el grito digno en medio de la barbarie, si se calla nuestro aliento, no existirá mañana. Es imperativo reexistir, sacar a las calles nuestras iras, la indignación, el dolor y la rabia por el exterminio sistemático de los líderes sociales, bajo la aquiescencia del Estado colombiano. La indiferencia, el silencio y la apatía de la sociedad es cómplice de éste genocidio político, tanto como la falla negligente del Estado, su omisión culposa, con dolo, intencionada, junto a sus acciones en el escenario de la ilegalidad, las ejecuciones extrajudiciales, su licencia de inhumanidad, sus nexos con un paramilitarismo renovado con el regreso al gobierno del uribismo. Este viernes salimos en un grito conjunto que emerge de las entrañas de la Colombia profunda, la Colombia abandonada, condenada por el Estado a todas las formas de violencia, la de los grupos armados, la estructural y la de una cultura política nacional anestesiada frente al dolor y a la angustia producida cada vez que un líder social es arrebatado a la a vida por perseguir una esperanza, un sueño, el de un país y un mundo mejor posible.
Que el de mañana sea un grito colectivo de las dimensiones de la amenaza que se cierne día a día sobre los líderes sociales en Colombia.
