Representaciones difusas entre víctimas y victimarios, de los sonderkommandos a Marquetalia

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Por Adriana Quiñones León

Cuando hablamos del concepto de víctima, debemos tener presente que el reclamo de justicia de la víctima adquiere una dimensión en la que se amplía su temporalidad a través de la memoria y abre la posibilidad de reconstituir sus proyectos de vida, es decir su futuro,  a través de las medidas de reparación que se desprenden del reconocimiento de su condición particular.

Tal reconocimiento como víctima, que de alguna manera implica el reconocimiento de la violencia que lo marcó y el sufrimiento generado a partir de la misma, como dice Ana Guglielmucci[1], no es una condición inamovible sino que por el contrario está condicionada por múltiples factores y por ende sujeto a una gama variable de interpretaciones, muchas de las cuales se determinan por los contextos históricos y políticos, y al cambiar dichos contextos cambian por ende las representaciones, y el mismo concepto de víctima.

Se produce por tanto transformaciones epistémicas que inciden en la forma en que se estremecen las fronteras, a veces difusas, entre víctimas y victimarios, y se configuran zonas grises cuyos matices de alguna manera son dados por la conciencia actualizada sobre injusticias del pasado, así como el reconocimiento de qué situaciones de victimización han conllevado a la emergencia de victimarios, es decir que no se puede desconocer los escenarios en los que el sistema y la sociedad han producido victimarios.

Las víctimas que habitan esa zona gris por lo general han sido vistas con desconfianza, y sobre ellas suele recaer una doble pena, la del dolor del hecho victimizante, y la de la culpa que lo despoja de la inocencia y le niega en esa maniobra una parte de su historia condenándolas más que a una zona gris a un purgatorio, a un espacio de liminalidad del que no pueden ser redimidos.

Como por ejemplo los sonderkommandos, aquellos judíos prisioneros en los campos de exterminio nazi que tenían la denigrante tarea de llevar a sus compañeros judíos también cautivos a las cámaras de gas, registrar sus cuerpos para quitarles el cabello o los dientes de oro e inhumarlos en los hornos crematorios, acción con la que sus victimarios los hacían cómplices y parte de la operación criminal, eran impelidos por el sistema hacia un limbo en el quedaba desfiguraba su memoria y su propia tragedia.

En esa zona gris han permanecido muchas víctimas no reconocidas, de alguna manera expulsadas de la concepción hegemónica actual de víctimas, y cuyo reconocimiento está sujeto a momentos históricos cuyas condiciones sean quizá más indicadas, como dice Reyes Mate, hasta que las injusticias no sean saldadas el deber de memoria sigue vigente.

Así, un hecho histórico como el de Marquetalia, en el que un grupo de 48 campesinos son víctimas en mayo de 1964 de una operación militar sin precedentes llamada “Soberanía” planeada con Estados Unidos como parte del plan lazo[2], en el que además de los bombardeos hubo ametrallamientos indiscriminados llevados a cabo por 16 mil hombres del ejército (el número varía de acuerdo a la fuente, pero todos coinciden en la brutalidad y el exceso de la fuerza utilizada).

Fu tal la desproporción que se llegó al extremo de usar armas biológicas contra los campesinos, virus lanzados en pequeñas probetas,[3] seguramente suministradas por Estados Unidos como parte del acuerdo desarrollado con la CIA desde 1959[4] . Este es uno de los hechos de violencia que fundan el conflicto armado colombiano, puesto que de alguna forma determina el tránsito de autodefensa campesina hacia guerrilla que dio las FARC, y por ende se relaciona con el cambio de la violencia bipartidista hacia violencia insurgente -contrainsurgente que ha caracterizado el conflicto armado interno del país.

Las recriminaciones a la operación Soberanía en Marquetalia vino de múltiples sectores, estudiantes, académicos, políticos de la época y respetadas voces internacionales como las de Sartre y Simone de Beauvoir se pronunciaron al respecto y en solidaridad con los campesinos, aun así el error histórico de aquella operación sigue sin ser reconocido por el Estado, que ejerció de victimario, mientras las FARC que emerge de ese hecho del que fue víctima sigue siendo entendida exclusivamente bajo el lente de la representación de un victimario, desconociendo las zonas grises y las memorias que lo habitan.

Pero las zonas grises de esa representación, como decía, no sólo son difusas sino que varían de acuerdo a la variación de los contextos, y quizá el escenario del postconflicto que vive actualmente Colombia permita la emergencia de otras memorias y por ende de otras víctimas, y quizá su reparación simbólica, que pasa por el reconocimiento de los hechos victimizantes, ayude a conjurar deudas históricas a partir de dar cabida a otras verdades, a otras víctimas y a desagravios pendientes que aporten a la reconciliación, por la cual necesariamente pasa una paz estable y duradera.

[1] Ana Guglielmucci. El concepto de víctima en el campo de los derechos humanos: una reflexión crítica a partir de su aplicación en Argentina y Colombia. 14 de abril de 2016

[2] Como precedente a este hecho en 1962 fue lanzado un primer ataque a Marquetalia con 7 mil soldados del ejército, ensayo de la operación que se llevaría a cabo 2 años después. Ataques que serían justificados desde el discurso de las Repúblicas independientes de Álvaro Gómez. Mario Aguilera Peña, Las guerrillas y la población civil. La trayectoria de las FARC 1949-1978. CNMH. Bogotá, 2013.

[3] Sic

[4]El Informe Basta ya. Colombia: memorias de guerra y dignidad del Grupo de Memoria Histórica, menciona que, como parte de un acuerdo o de asesoría de inteligencia militar entre el gobierno de Alberto Lleras Camargo y Dwight D. Eisenhower, fue designado a Colombia por aquella época un grupo especial de la CIA (pag. 118), y no podemos olvidar que Estados Unidos desarrolló un arsenal de armas biológicas y químicas experimentando en países de América Latina, especialmente entre 1956 y 1970, lo que sumado a que Colombia no es productor de dichas armas ni las ha usado, a excepción de esa ocasión, permite inferir que nuestro país  pudo hacer parte de aquellos experimentos en dicho la operación contra Marquetalia.

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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