Entre Dios y el Estado de Opinión: ¿Estado de excepción?

URIBE Y SU ESTRATEGIA

La posibilidad de la reelección de Uribe tuvo como telón de fondo la discusión que surgió por iniciativa del presidente en torno al llamado “Estado de Opinión” como fase superior del  Estado de Derecho. Qué se pretendía con esta tesis y qué condiciones históricas la han hecho posible son algunos de los cuestionamientos que se abordan en este artículo.

Pasada la tormenta del referendo reeleccionista y como suele suceder por estas tierras, estamos hoy concentrados en los comicios legislativos, a cuenta de lo cual el debate que se produjo en torno a la tesis del Estado de Opinión ha remitido. Como cada día trae su afán de seguro el tema caerá en el olvido y sin embargo, aunque la exhortación no surtió los efectos deseados, la tesis tiene sus respectivas implicaciones.

De cara al porvenir, la más importante quizá sea el posible nombramiento como presidente del ex ministro de Defensa —con el aval y constante influencia en el ejercicio del poder del saliente presidente—. Creo que ello es consecuencia del llamado “Estado de Opinión” por cuanto la figura de Santos como dirigente —al no tener el potencial mediático de Uribe— está montada en el capital electoral de aquél.

Pero además porque fue necesario la concurrencia de dos hechos que quizá pasaron desapercibidos para la opinión pública pero que son parte importante de un ejercicio de manipulación: la supuesta carta de las FARC amenazando al candidato y creando a la vez el clima de inseguridad que le permitirá extender su “Política de Seguridad Democrática” y, de manera simultánea, el sorpresivo artículo que en El Tiempo1 nos informaba sobre el descenso de los niveles de aceptación y popularidad del presidente. ¡Pero claro! Todo ello cuando ya se preveía un pronunciamiento en contra de la Corte Constitucional.

¿Qué es el “Estado de Opinión”?
El llamado “Estado de Opinión” —concebido como la fase superior del “Estado de Derecho”— era en potencia un mecanismo político con el que a última hora Uribe pretendía superar los obstáculos jurídicos planteados por la Corte Constitucional. Para ello era necesario recurrir a la “Soberanía del Pueblo” o “Constituyente Primario” bajo las premisas metafísicas de la tesis planteada. La idea era promover en la opinión pública una segunda constituyente con el fin de reformar a su medida la institucionalidad o en todo caso inducir una iniciativa de corte popular en la que el “sentir  del pueblo” se manifestara en toda su extensión.

La pregunta que va más allá de la inmediatez de la coyuntura es: ¿Qué hizo posible que el presidente acudiera a una tesis tan problemática y que seguramente generaría una álgida polémica en el ambiente político, académico, social y periodístico colombiano?

Parte de la respuesta ha sido ya enunciada, pero sus raíces hay que buscarlas en las profundidades de nuestra memoria colectiva. Los altos índices de favorabilidad de los que hacía gala el presidente —no igualados por mandatario alguno en la historia reciente del país2— le permitió arriesgar una tesis bastante debatible en la que, a todas luces la sociedad entera enfrentaba una amenaza contra las instituciones desde la propia institucionalidad.

Quizá uno de los rasgos característicos más importantes del Estado de Opinión —como fase no superior del Estado de Derecho pero sí del Estado de Excepción— está dado justamente por su capacidad de suspensión de la normativa jurídico-constitucional desde el propio Estado de Derecho. Así, a partir de la ruptura generada crear nueva legalidad en cuya base el acto de decisión del soberano resuelve el umbral en el que la normalidad y la excepcionalidad se hacen una y la misma a la vez. ¡Como la Santísima Trinidad!

La invocación a la “Soberanía del Pueblo” fue la materialización de la tesis del Estado de Opinión y también su condición de posibilidad y es que ésta implicaba —como  segundo rasgo característico del Estado de Opinión— la fusión irrestricta gobernantes-gobernados. Se trata de un acoplamiento asimétrico porque, una vez consumado, los gobernados perderían su capacidad de interlocución, lo que hacía más sorprendente la afirmación de que el Estado de Opinión resolvería la ecuación Democracia Participativa-Democracia Representativa.

Su resultado sería un precario equilibrio en el que la balanza siempre se inclinaría hacia el lado de la Democracia Representativa, es decir, dentro del sistema presidencialista en el que vivimos, hacia el lado del ejecutivo, ¡O sea, hacia el lado del presidente!

Las raíces históricas del problema
Ante menudo despropósito, cualquiera se pregunta qué es lo que hace posible que un mandatario esgrima semejantes argumentos sin apenas sonrojarse. La respuesta hay que buscarla tanto en la historia reciente como en la no tan reciente, en los pliegues de la memoria colectiva. Desde que inicia su mandato y como si fuera a lomo de mula, con poncho y carriel “terciao” cual hacendatario paisa, Álvaro Uribe adopta un nuevo estilo de hacer política en el que recurre, sin embargo, a viejas estratagemas bien conocidas de toda la clase política colombiana. La expresión “untarse de pueblo” es una metáfora que refleja con éxito ese modo de proceder en el que el acercamiento paternal e interesado a las colectividades les ha asegurado desde siempre un buen caudal electoral bajo el signo del clientelismo.

Ejemplo de ello en esta administración han sido los consejos comunitarios transmitidos por televisión en los que el pueblo colombiano avalamos ingenuamente este gran proyecto de destrucción de la ya anémica democracia colombiana. La imagen de un presidente saludando de mano al ciudadano de a pie fue la apoteosis en una Colombia donde las marcadas diferencias sociales han sido ejes fundamentales en la construcción societal. Los Consejos Comunitarios —en contra de lo que indica nuestro sentido común— no traducían una forma de gestión más eficiente y moderna. Por el contrario indicaban un ejercicio discrecional y personalizado del poder (Corolario del Estado de Excepción).

El éxito de tal forma de proceder no se explica más que por su raigambre en una estructura social vertical, autoritaria y excluyente, tal como la que requiere el modelo hacendatario, origen y fundamento del poder político en Colombia que marginó a la mayoría de la población colombiana del manejo de la cosa pública, ¿A cambio de qué? Espejitos y piedritas de colores, tal como acaeció en el proceso de conquista.

Cosa rara nuestra historia, que sólo se entiende a partir del realismo mágico y que como legado nos ha dejado en una persistente condición de minoría de edad. No de otra forma debe leerse ese manoseo de la opinión pública —y digo manoseo en un sentido literal por supuesto— porque el saludo de mano y la palmadita en la espalda es un lenguaje corporal propio de una relación de superior/subordinado.

¡Muchos caciques y pocos indios!
Este es un país de doctores y dones, donde las diferencias raciales, sociales, políticas y de género son aún un componente importante en nuestras cotidianidades y si no es así, ¿por qué insistimos en agraviar a otro llamándole indio?  Y más recientemente, ¿por qué jóvenes de sectores populares son ejecutados extrajudicialmente? ¿Cómo es que la población LGBT es objeto en repetidas ocasiones de agresiones físicas y verbales que suelen terminar en asesinato? ¿Por qué ciertos tipos de trabajo manual nos hacen objeto de discriminación?  Situación esta que en el universo humorístico, pretendidamente ingenuo, denunció con visión política sin igual el humorista Jaime Garzón y por ello ¡fue asesinado!

Este modelo de “gestión” de la opinión pública significó en términos discursivos que, de manera sistemática, se fuera desestimando la opinión y reivindicaciones de actores sociales de la más diversa procedencia, logrando con ello matar dos pájaros de un solo tiro —si se me permite el coloquialismo—: es decir, socavando la legitimidad de estos ante la sociedad y destruyendo los niveles intermedios de formación de la opinión y el poder públicos e instituyendo en el mismo movimiento un campo de confrontación de carácter ideológico donde quienes no están conmigo están contra mí.

Es por ello que hoy en día tenemos una sociedad absolutamente polarizada en la que por el momento es impensable una salida negociada al conflicto, pero que hay que entender dentro de este específico contexto.

La díada amigo-enemigo así creada silenció las voces de amplios sectores sociales que a ojos del ejecutivo aparecían como contradictores. Ello llevado al extremo produjo no en pocas ocasiones que desde el presidente para abajo —pasando por los altos mandos militares— muchos de estos actores fueran tildados de guerrilleros y convertidos en blanco de la acción paramilitar. Lo paradójico del caso es que todos ellos fueron puestos en riesgo por el primer mandatario que justamente lo es para cuidar de la vida y honra de sus conciudadanos, no para atentar desde las altas esferas del poder contra sus vidas e integridad física y emocional.

Desde este punto de vista es claro que la redención de la “opinión pública” mediante el llamado “Estado de Opinión” supone en este particular contexto su más absoluta negación, ¿por qué? La razón básica es que la opinión pública requiere para su concreta manifestación en las dinámicas de conformación de la voluntad política democrática, unas prácticas, temporalidades y espacios de expresión que superan con mucho lo que aquí pretendía hacerse con el referendo reeleccionista consultando a la gente —puntualmente y de manera amañada— sobre un aspecto particular en el que se sabe que por efectos de manipulación mediática y material3, amplias franjas poblacionales se pronunciarían a favor.

Pero lo dramático del caso supera las inmediateces del hecho y es que así operada la negación de la opinión pública por excepcionalidad con el correr del tiempo se convertirá en normalidad y noticias llegan de que así será…
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1 A todas luces la casa Santos estaba haciéndole un lugarcito a Juan Manuel en el Palacio de Nariño. ¿Independencia de los medios de comunicación? No sobra en todo caso indagar cuándo fueron adelantadas las encuestas y entre qué sectores de la sociedad. ¡Pruebas! ¡Pruebas!

2 Cabe recordar que muchos presidenciables, empezando por Gaitán, que contaban con un amplio apoyo popular fueron asesinados antes de las elecciones que los podían haber llevado a la Presidencia y a índices de popularidad desconocidos.

3 Con manipulación mediática y material me refiero al hecho pocas veces analizado de los efectos sociales de la Política de Seguridad Democrática respecto de la conformación de un electorado cautivo. Por ejemplo, los beneficiarios de Familias en Acción difícilmente votarán en contra de un mandatario que les ha otorgado diferentes tipos de ayudas y subsidios, aunque todo el modelo político y económico vaya en contra de sus intereses más inmediatos. Gajes de una política clientelar y de estómago, diría yo.


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