MEMORIAS SOBRE EL FINAL DE LA ESCLAVITUD. A propósito del día de la afrocolombianidad

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Por Adriana Quiñones León*

Rebelión a bordo de la goleta La Amistad, 1839. Los esclavizados buscaron regresar al África luego de tomar la embarcación

A propósito de la conmemoración del 21 de mayo, conocida como el Día Nacional de la Afrocolombianidad, vale la pena recordar y hacer memoria, puesto que al respecto de esta fecha, a veces pareciera difuminarse aquello acaecido y que de alguna manera culmina en 1.851: El gobierno de José Hilario López sanciona la Ley final de Manumisión de los esclavos el 21 de mayo.

En sentido estricto la Manumisión se trató de la compra por parte del naciente Estado Colombiano de los esclavos que aún quedaban en la Gran Colombia. Y digo que quedaban, porque es importante mencionar que la mayoría ya habían obtenido su libertad, bien por el extendido cimarronaje en el territorio nacional, por la compra de la libertad propia o la de un familiar que se conocía como ahorramiento, o mediante procesos legales en los que muchos valientes demandaban su libertad por causas diversas, como por ejemplo haber participado en las gestas independentistas como soldados, o los malos tratos recibidos.

Esto se evidencia cuando revisamos los datos, la mayoría de los esclavos entre 1.789 y 1.843 ya habían conseguido su libertad. Veamos pues, en 1.778 se realiza un censo general para todos los territorios del Virreinato de la Nueva Granada, el único para el siglo XVIII que contó con los grupos poblacionales de todo el reino. Según este censo, la población del Virreinato ascendía a 826.550 habitantes. Había 277.068 blancos (el 33.5% del total), 368.093 libres de color (44.5%), 136.753 indígenas (16.5%) y 44.636 esclavos (5.4%).

Esa misma tendencia es citada por los historiadores Herbert S. Klein y Ben Vinson III, quienes observan que la población afrodescendiente libre en la América española ascendió lenta pero constante a lo largo de los siglos XVI y XVII, de modo que en el Virreinato de la Nueva Granada calculan para 1.789 unos 80.000 esclavos y 420.000 afrodescendientes libres. Es interesante no perder de vista que sumando estas cifras tenemos casi unos 500.000 afrodescendientes, lo que equivalía a casi más de la mitad de la población total de aquel entonces. Adicionalmente, en 1.843 se censaron 26.778 esclavos, casi 50 mil menos que en 1.789, y en 1.851 se censaron 16.448 esclavos, unos 10 mil menos que en 1.843. Estas tendencias nos muestran una creciente población de descendientes de africanos que vivían en libertad. De hecho, de acuerdo a estas cifras eran más los afrodescendientes libres que los esclavizados para el período referido.

 El sistema esclavista estaba en crisis y florecían los palenques

 Los esclavizados que se fugaban del sistema huían a los montes y establecían asentamientos libres, donde recreaban su cultura con fuertes raíces africanas. Estas comunidades, esparcidas por los Montes de María durante los siglos XVI y XVII, luego serían ubicuas por toda Colombia durante el siglo XVIII.

Entre los palenques de los Montes de María, además de San Basilio, tenemos a San Miguel Arcángel, La Matuna, Limón, Polín, Sanaguare, Duanga, Joyanca, Domingo Angola, María Angola, Sanagual, Manuel Embuyla o Manuel Mula, Arroyo Piñuela y Zaragocilla.

Algunos de los palenques dirigidos por líderes cimarrones en otros territorios además de los Montes de María se erigieron en Zaragoza (Antioquia) en 1.598, 1.626 y 1.659, en Norosí y la Serranía de San Lucas dirigidos por Juan Brun y Cunaba en 1.694, en Cartagena en 1.600, 1.619, 1.650, 1.663, 1.696 y 1.799, en Cartago y Cerritos por José Prudencio Padilla en 1.785, en las Sierras de Luruaco dirigido por Domingo Padilla y Francisco Arará en 1.693, en las Montañas de Coloso y Tibú por Domingo Criollo en 1.684, en Tadó (Chocó) en 1.728, en Guayabal de Síquima (Cundinamarca) en 1.731, en Tocaima (Cundinamarca) en 1.758, en Marinilla, Rionegro (Antioquia) y Giradora en 1.706, en el río Yurumangui y Cali por el mulato Pablo en 1.772, en Río Saija (Valle) en 1.819 y en Tumaco y Barbacoas por Vicente de la Cruz y Eusebio Quiñones en 1781. Como vemos el cimarronismo, y por consiguiente los palenques, constituyó un fenómeno extendido, casi connatural a un sistema cruel e inhumano como la esclavitud.

La principal oposición a la esclavitud efectivamente venía de los mismos esclavos, y de los cimarrones y sus palenques, liderados por hombres y mujeres como Agustina, Barule, Antonio y Mateo Mina, Benkos Biojó, Domingo Criollo, Polonia, Wiwa, Catalina Luango, Orika, Sando, Leonor y miles de valerosos seres que emprendieron una vida en libertad porque era lo justo, aunque el sistema dijera otra cosa.

Las sublevaciones producto del profundo deseo de libertad y dignidad de los esclavizados estarían presentes desde el principio de la trata y en todos sus eslabones, incluso en alta mar, como lo relata el grabado que vemos arriba, pero en sí las rebeliones comienzan en el siglo XVI, es decir, la huida en cuadrillas seminómadas, la organización de guerrillas anticoloniales y el establecimiento de las que serían las primeras comunidades constituidas por emancipados: los Palenques, los cuales son en este sentido los primeros pueblos libres en América. De ellos el primero en ser reconocido por la Corona española como pueblo libre es San Basilio, testimonio vivo de aquella  primera gran gesta libertaria, la de los esclavizados.

Muchas son las historias que quedaron registradas en los archivos sobre la capacidad de agencia de quienes decididamente defendían su derecho a ser libres. Por ejemplo en 1.527 Cartagena fue casi completamente invadida por negros rebeldes, en  1.598 se registra una rebelión en Zaragoza (Antioquia) donde cuatro mil esclavos temidos además por brujería, sitiaron la ciudad y doblegaron los trescientos españoles que la habitaban, o la rebelión que ingresa a Cali el 24 de diciembre de 1.876. La guerra de los cimarrones se generaliza por toda Colombia hacia finales del siglo XVIII.

Además de luchar por su propia libertad, no podemos olvidar que esta fuerza guerrera fue fundamental en el desarrollo de las batallas de independencia que se libraron entre 1.810 y 1.819, en las que participarían sin una retribución justa en la vida republicana acorde con su contribución y sacrificio.

Pero no sólo los esclavizados se oponían a tal sistema que trataba como semovientes, como bienes, a las personas. Fueron muchos los libres descendientes de africanos que también se opusieron, como lo demuestra la rebelión del zurriago (1848-1853), una rebelión de pardos libres (afrodescendientes mestizos) donde el látigo símbolo de la doblegación física, pero no moral, se resignificó en elemento de protesta, al levantar el zurriago contra los esclavistas en el Valle del Cauca y contra las cercas de los latifundios, puesto que además eran los grandes propietarios de la tierra y habían extendido sus propiedades sobre los ejidos comunales privando de leña, pastos y cultivos a los campesinos más pobres de Cali, Buga y Buenaventura.

En este sentido cabe señalar que fueron transcendentales los conflictos morales suscitados con la esclavitud en América, y que el esclavismo generó un significativo pensamiento anti esclavista. Pese a la creencia generalizada, la esclavitud no fue en modo alguno un sistema que no generara controversia en la época de la Colonia, frente a las firmes creencias en el progreso moral y a la consideración religiosa de la esclavitud como una institución pecaminosa, profundamente contraria a los valores de la piedad y la compasión, emblemáticos de la cristiandad, por ejemplo subrayo persojanes como Alonso Sandoval, Pedro Claver, Fray Francisco José de Jaca, Epifanio de Moirans, y otros menos conocidos como el padre Luís de Frías y el obispo Miguel Antonio de Benavides, pues de verdad vale la pena realizar una revisión de los factores sociales, ideológicos y políticos que favorecieron el proceso de la abolición de la esclavitud en Colombia.

Se indemnizó a los esclavistas

 Como antecedentes de la manumisión podemos mencionar que en 1.812 la constitución del Estado de Cartagena prohibió el comercio y trata de negros, en 1.814 Juan del Corral ordenó la libertad a los hijos de esclavos nacidos en Antioquia, en  1.821 se expidió la Ley de Libertad de Vientres, y finalmente, en 1.851 el 21 de Mayo el presidente José Hilario López firma la abolición de la esclavitud y la manumisión de los esclavos. Para ser libres sin condicionamientos de ningún tipo, los esclavos habrían de esperar hasta el primero de enero de 1.852, plazo máximo para ser manumitidos.

Siendo un sistema que dejó millones de víctimas, de manera inexplicable se indemnizó a quienes habían sacado provecho de esta forma de enriquecimiento a costa del trabajo, el tiempo, el dolor, los sueños y la vida ajena, de esta manera el Estado hacía una reinversión de la producción capitalista jugando un papel propiciador del peonaje y jornaleo de hombres negros sin tierras que entraron al servicio de haciendas, pues en lugar de reparar y compensar a las victimas benefició a los victimarios dueños de minas y latifundios.

Así, se crearon fondos para las “indemnizaciones” con los que se benefició a los grandes esclavistas, dineros con los que se financió la compra de tierras, el pago a jornaleros y la compra de tecnología requerida en las plantaciones.

Imagen de un billete de Manumisión con el que se le pagaba al esclavista por la liberación de seis esclavizados.

Muchos esclavistas aun así se oponían a esta ley

 Muchos esclavistas pese a la indemnización se oponían porque habían adquirido a los esclavos por contrabando y no tenían como demostrar propiedad sobre ellos. Fue así que a pesar de los estímulos estatales para la explotación de jornaleros sucesores de los esclavos miembros notables de la clase terrateniente, como los Arboleda en la región del valle natural del río Cauca, insistirán en mantener el antiguo orden, mediante el traslado de esclavos a sitios en los que la esclavitud  aún era legal, ejemplo Perú.

Entonces, antiguos esclavistas apelaron a organizar colonias de libertos a sus servicios, al terraje y a mecanismos legislativos como la “Ley de Vagancia” o de “Alta Policía”, por medio de la cual los libres eran reclutados y sometidos nuevamente al trabajo forzado y a los castigos físicos como forma de subyugación, e intento una vez más doblegar el cuerpo y el espíritu de los otrora esclavos.

Uno de los proyectos de ley que cursó para la abolición de la esclavitud preveía este dilema en el que quedarían atrapados los africanos esclavizados y sus descendientes, por lo que proponía la concesión de cuatro hectáreas y ciertas herramientas para los beneficiarios de la ley, algo que indica que aún en ese entonces en medio de aquel injusto sistema era razonable pensar no sólo en la abolición sino en la reparación, de hecho la esclavitud siempre fue moralmente reprochable.

Sobra decir que este proyecto no fue considerado y las consecuencias del punto de inicio en el que ciertos sectores sociales entran a jugar en la República, aún se hacen patentes, pues de la esclavitud del látigo se pasó a la del jornal, a la del salario, en un supuesto juego de libertad de mercado. Supuesto porque no puede haber libertad en una dinámica de competencia donde los competidores encarnan hondas desigualdades.

Y luego de la Manumisión, entonces ¿qué?

 La Ley de Manumisión fue producto de múltiples agentes y luchas, de las condiciones histórico- económicas, incluida la crisis de los ciclos mineros. Como hemos visto numerosos palenques nacían en regiones diversas, en algunos lugares formaban complejos palanqueros con relaciones políticas, económicas y militares.

Tras la  abolición de 1851 muchos afrodescendientes se reintegraron de manera progresiva como mano de obra al sistema productivo de mineros y terratenientes, como resultado de las condiciones de carencia de medios productivos en la que los llamados libres quedaban, arrojándose al sometimiento del jornal, pagados por tarea y no por día, a destajo como los corteros de la caña de azúcar, y tantos otros que viven como Condenados de la tierra en nuestro país.

Por eso la implementación del punto de tierras del Acuerdo Final para la terminación del conflicto entre las FARC y el Estado, es fundamental para sacar a Colombia de una deuda histórica no sólo con el campesinado, sino en particular con los afrodescendientes, que antecede con mucho el periodo de la Violencia o la conformación de la República, y que tiene sus raíces en la Colonia. La transformación de la precariedad es fundamental para las comunidades afrodescendientes, muchas de ellas rurales o periféricas, hoy excluidas.

*Antropóloga, e investigadora de la historia colonial afrodescendiente.

 

 

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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