La contra cultura como herramienta para la transformación de la cultura de la guerra en Colombia

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Por Juan David Ojeda López[i]

Imágen X Saja[ii]

Colombia es un Estado contra-hecho a los golpes, en algún momento nos planteamos como un estado fallido, en derrumbe, un no futuro como nuestro sino ineludible como pueblo. La clase política de siempre, leguleya y sofista, con su lógica extractivista nos enseñó la cultura de lo público como el despojo,  que no es más que una lógica vende patria: feriamos nuestro subsuelo en la Guajira sin importarnos los acuíferos y el río Ranchería, y por ende la vida de las comunidades indígenas ancestrales, pero antes vendimos la dignidad de nuestras comunidades amazónicas por el caucho para las llantas de los automóviles que enriquecieron a la familia Ford y de más promotores de las guerras en el mundo. La historia del despojo se repite cada vez que el capital trasnacional lo demanda a los lacayos de la supuesta democracia burguesa que nos pretende gobernar. Ahora, quieren ir por lo que queda de la tierra de los campesinos, históricamente olvidados a su suerte en la frontera agrícola abierta por ellos mismos.

Pero la realidad es que en las fisuras, en los intersticios tanto de las mentes, los corazones y de las comunidades en sus territorios, esta pretensión de gobernabilidad nunca ha calado: nuestro campesinado digno, descendiente de los aguerridos llaneros, de los indoblegables afrodescendientes fundadores de palenques, y de los indígenas  con su memoria y saberes ancestrales, nos han iluminado y constituyen al sujeto revolucionario, el campesinado noble y valeroso que ha dado su vida por la defensa de su territorio.

Mientras en las urbes se da la pretensión moderna de la construcción de un Estado Nacional que construye a un “ciudadano” que desconoce las riquezas del territorio, de la barbarie que se da en el campo contra el campesinado, la expoliación de las tierras por parte de los mercenarios para estatales, que aterrorizan y masacran al pueblo, y que bajo los engaños del sistema y sus mass-media junto a sus demás aparatos ideológicos del Estado, como las iglesias, someten al pueblo a las lógicas subyugadoras del capital. Tanto a sus cuerpos como a sus mentes.

Las disidencias del pensamiento hegemónico, esos que vemos en los intersticios del sistema una oportunidad de ruptura, estamos llamados a organizarnos y desde los diferentes escenarios de desarrollo personal y colectivo presionar para que las grietas crezcan y se encuentren. Cada mente que se libere del miedo y del yoísmo,  que comprenda que nuestro rol histórico en el aquí y el ahora, es luchar desde nuestro quehacer por la construcción de un mundo con oportunidades para todos, y donde todos tengamos derecho a ser dignamente.

Es a partir del arte, de los lenguajes sublimes que llegan a las fibras más sensibles del ser, como se transformará  la cultura de odio y de la guerra, afianzada en lo más profundo de las ‘verdades’ que nos hicieron creer. Este es el camino, consolidar otra cultura, una contra-cultura urbana y rural, en diálogo permanente, en fusión y sinergia,  que nos permita conocer el abanico de lo que somos y nos constituye como seres históricos en estos territorios, en estas calles y barriadas, en estos valles y montañas, selvas y llanos.

Los jóvenes maestros urbanos, representantes de las  nuevas músicas colombianas y el rescate de nuestros ritmos ancestrales y tradicionales, en dialogo con el hip-hop, el jazz, el dub y todos los otros géneros posibles, nos muestran otra cara del currulao y del bullerengue, de la música llanera, de la carranga y así, de toda nuestra memoria, de nuestra cultura popular multicultural.

Es la contra-cultura; como por natura siempre lo ha sido; nuestro medio, en el cual hablamos desde los stikers en los postes, los murales y grafitis en las calles, las imágenes y las músicas disidentes, los performances y las artes escénicas, desde la palabra y sus creaciones, de las realidades no contadas, de las luchas negadas, pero también de la dignidad de un pueblo que ha recorrido muchos caminos para conquistar sus derechos y que no descansará hasta la construcción de una sociedad con justicia social.

 

[i] Politólogo

[ii] Saja, significa Luna en lengua Kogui

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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