Decolonialidad, arte y política

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Por Adriana Quiñones-León[1]

Imagen x Saja[2]

Siendo la colonialidad la forma como opera actualmente  todo un entramado de pensamiento político, social, económico, cultural, racial, cuyos orígenes se arraigan en la herida colonial que nos constituye como sujetos laltinoamericanos, el proyecto decolonial en sus esfuerzos por superar dichas estructuras de saber, de conocer y de poder, las cuales operan en la memoria social y atraviesan las identidades, debe proponer privilegiar el uso de lenguajes  ‘otros’.

 

De este modo el arte puede alimentar proyectos políticos críticos, aportando al desprendimiento de toda una suerte de imaginarios, vinculados profundamente a los modos en que la sociedad se entiende a sí misma y se organiza, incidiendo en la desactivación de dispositivos de domesticación de la memoria, que han estado estrechamente asociados con la construcción de las identidades hegemónicas, dando lugar a olvidos y silencios que cada vez cobran más voz e irrumpen en el escenario de la reconfiguración de la historia, y con ella de las identidades locales como memorias disidentes.

 

Ahora bien, además de abandonar las posturas eurocentradas, logo céntricas en los contenidos de las investigaciones sociales, así como de los proyectos políticos, es necesario explorar otros lenguajes, proscritos, que amplíen y complementen el alcance de la circulación del conocimiento, y que contribuyan a partir de estéticas no hegemónicas a la visibilización de las memorias otras, más allá del espacio institucional universitario, pues es fuera de este donde deben realizarse buena parte de las transformaciones sentipensantes decoloniales.

No con ello se desconoce los alcances del lenguaje escrito académico ni la incidencia de sus formulaciones, por el contrario, es el reconocimiento de su importancia lo que lleva a pensar en la necesidad de tender más puentes entre las teorías y pensamientos críticos que se producen en la academia, con los lenguajes que la gente que no pertenece a esos círculos eruditos puede decodificar.

 

Las prácticas artísticas con estéticas y contenidos no hegemónicos pueden servir en este camino de mediación entre la dimensión conceptual y la construcción de los  mundos otros a  los que apunta el proyecto político de la decolonialidad.

 

Debemos contribuir a la generación de propuestas que tienen que ver con la enunciación discursiva a partir de lenguajes visuales, narrativos o sonoros que por lo general han sido excluidos de la forma como circula los avances académicos y de la forma de hacer política, entendida en el sentido de Georges Orwell como “el deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás  sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir”[3].

 

En cuanto a la exploración discursiva, esta se vincula con un ángulo de la decolonialidad del saber, que a mi modo de ver le es consustancial, la subalternización del conocimiento viene acompañada de la subalternización de los lenguajes.

 

El saber eurocéntrico ha impuesto no sólo su modelo de conocer sino su modelo de hablar, a través de sus prácticas escriturales que se erigen como un sistema cerrado, lleno de códigos encriptados. Esa solo limitación dificulta en múltiples contextos socio culturales acercarse a los interesantes debates o avances analíticos que se dan en el seno de las instituciones académicas.

 

Por cuanto los temas que ahí discurren no son del interés exclusivo de las academias, tiene pertinencia la búsqueda de escenarios que den cabida a otros sujetos epistémicos y otras formas de producción intelectual, en aras de la transformación de la ontología colonial que reproduce las relaciones de dominación y la diferencia colonial, siendo bajo esta perspectiva también una práctica de intervención en lo político.

[1] Antropóloga, artivista

[2] Saja, significa Luna en lengua Kogui

[3] Por qué escribo. Georges Orwell, 1946.

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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