Aline, la reexistencia que floreció con el agua

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Tercera, y ultima parte

Por Adriana Quiñones-León / Ilustración x Saja

Aproximadamente, unos 140 mil senegaleses fueron llevados bajo presión a la segunda guerra mundial, muchos fueron los que estuvieron en el frente de batalla luchando contra los ejércitos alemanes. Eran los llamados tirailleurs, excelentes tiradores, conocidos por los nazis por su precisión, y tratados con especial crueldad al ser capturados como prisioneros de guerra.

Se sabe que hacia 1944, había en el ejército francés aproximadamente unos 800 mil combatientes originarios de las colonias francesas, casi una dos tercera parte eran indígenas de zonas que se esforzaban en tener bajo su control. Sin duda, una participación significativa, más aún si tenemos en cuenta que entre un 50 y un 60 por ciento del ejército francés llegó a ser africano en la época del general de Gaulle, obviamente, esto antes de poner en práctica una operación de “blanqueamiento” de sus tropas, por la cual fueron regresando la mayoría de ellos en condiciones inhumanas -inequitativas desde todo punto de vista frente a sus pares europeos-, así fueron llegando soldados senegaleses, malienses, tunecinos, argelinos y marroquíes, por mencionar solo algunos.

Ese mismo año, 1300 tirailleurs que regresaron a Senegal de pelear en la segunda guerra, fueron recluidos a las afueras de Dakar en el campo militar de Thiaroye. En este lugar, sería cruelmente masacrado un grupo de tirailleurs. Fe así que alrededor de unos 70 senegaleses murieron en circunstancias dolorosas, que constituyen un episodio -como muchos del malestar colonial- difícil de superar. Los supervivientes, en lugar de ser reparados fueron enviados a prisión y sometidos a una serie de medidas punitivas y económicas. Aline había cumplido su misión, se habían salvado todos aquellos jóvenes que en Casamance hicieron parte del movimiento de objeción de conciencia que ella había impulsado.

Aunque la de Aline fue una resistencia pacífica, el mensaje político de la reina Aline Sitoé Diatta estaba en conflicto directo con los intereses de la administración colonial, de manera que los franceses, inquietos, la ven como su enemiga y ordenan arrestarla bajo los cargos de incitación a la rebelión e insubordinación al orden establecido.

Es entonces cuando el 27 de enero de 1943, un grupo de gendarmes llega hasta la casa de la joven Aline, quien por esos días estaba en otro lugar, guardándose del contacto con otros por la dimensión sagrada de la menstruación según los diola, en su lugar se llevaron a una mujer de edad similar a quien encontraron parecida y con la que la confundieron.

Al día siguiente, en cuanto se enteró de lo sucedido, Aline correrá hasta las autoridades coloniales: se entregaría antes de permitir que otras mujeres sufrieran en su lugar. A partir de entonces será separada de su pequeña hija, condenada a 10 años de prisión y trasladada en secreto a Gambia, luego a Tombuctú en el norte de Malí, dos territorios también bajo la opresión francesa.

El rey o la reina tienen para los diola, como ya dijimos, un carácter sagrado, razón por la que deben permanecer en sus regiones como guardianes espirituales. Una reina o rey sustraídos de su tierra no sólo representa un sacrilegio sino que significa una tragedia para un pueblo que queda sin mediación con Emitaï.

Una tragedia de este tipo solo había ocurrido cuarenta años atrás, cuando el rey Sihalébé Diatta de Casamance, fue arrestado y llevado, después de varios traslados, a una cárcel en Tombuctú donde murió de inanición. Seguidamente, su cabeza fue cortada como un trofeo más de la colonización y en 1903 enviada a París, en donde pasó a los gabinetes de curiosidades de coleccionistas y pseudo científicos, hasta finalmente llegar al Museo del Hombre, donde hoy día se exhibe bajo el rótulo de “Rey de Casamance” en la colección de antropología biológica, compuesta de unas de 30 mil piezas que constituyen una verdadera necrópolis del saqueo, él rey Sihalébé es la pieza número NH19822, a eso quedó reducido para la mentalidad aún colonial francesa.

Junto al rey de Casamance exhibido, también están profanadas las cabezas de rebeldes argelinos del siglo xix y hasta hace poco los restos de aborígenes australianos maoríes reclamados por el gobierno de nueva Zelanda, así como la cabeza del líder kanak Ataï de Nueva Celedonia, decapitado en 1878 y en mano de los franceses durante 136 años.

De manera similar, ya en el presidio, la reina Aline Sitoé padecerá toda suerte de torturas, privación de la alimentación y finalmente una enfermedad no tratada, poco se sabe con certeza de su muerte, pero fuentes gubernamentales senegalesas dicen que murió en 1944 a su 24 años. Sin embargo su destino continúa siendo parte de una extensa controversia, pues líderes del movimiento independentista que se formó posteriormente en la baja Casamance MFDC -Movimiento Fuerzas Democráticas de la Casamance- aseguran haber seguido los pasos de la reina luego de ser conducida a Tombuctú, encontrando según dicen un documento que demostraría que fue autorizada posteriormente la liberación de la reina de Casamance.

Aunque el gobierno senegalés pidió al gobierno francés formalmente en el 2011 la devolución de Aline Sitoé así como de Sihalébé Diatta, lo cierto es que ninguno de los dos ha regresado a su tierra, que aún los espera. Sin resolverse aún esta incertidumbre, el pasado 2015 ha muerto la hija única de Aline, que dejó de ver a su madre a la edad de tres años, y quien siempre guardó la esperanza de volver a sentirla cerca, ahora sus restos están en Kabrousse, donde sigue esperando el regreso de su madre.

Mientras tanto, Aline sigue iluminando nuestros caminos con su mensaje y su sonrisa, aquella reexistencia que floreció con la lluvia sigue viva pues sólo muere quien se olvida, por eso desde este espacio de Sujetas revolucionarias rendimos homenaje a Aline Sitoé Diatta, así como a las valerosas mujeres y hombres que la acompañaron en este singular y admirable proceso de resistencia para conducir a su pueblo hacia la libertad.Aline, I

Alines II

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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