11 de octubre de 1492: el último día de libertad…antes de la invasión

Deja un comentario

11oct

¡Recordemos cada 11 de octubre a los que nos antecedieron en esta tierra y que enseñaron a sus hijos a cuidarla porque, como dice un proverbio mapuche, nadie es dueño de la tierra, la recibe en préstamo cuando nace y la debe devolver a la naturaleza más próspera y fértil cuando se va!
*
Felipe Pigna y Bersuit Vergarabat 
…El aniversario de la llegada de un comerciante aventurero que se tropezó con un continente maravilloso donde los hombres vivían en libertad y en armonía con la naturaleza. Pueblos como los arahuacos, que le ofrecieron a Colón y sus secuaces toda su amistad, porque para decir amigo decían “mi otro corazón”, y al arco iris lo llamaban “serpiente de collares de colores”. Colón no tenía vocación para la poesía y rápidamente los esclavizó y los puso a buscar oro para el Papa y los Reyes Católicos. En treinta años la población de las Antillas fue exterminada por los invasores empachados de codicia. ¿Qué festejamos el 12 de Octubre?Festejamos la introducción en América de los secuestros extorsivos. El asesino Hernán Cortés secuestró y mató a Moctezuma a pesar de que los aztecas pagaron un rescate de toneladas de oro y plata. Lo mismo hará su compañero Pizarro con Atahualpa en el Perú. La conquista le costó a América 80 millones de vidas que quedaron en las minas, en los obrajes, en las haciendas, para enriquecer al reino de España y a los banqueros europeos. Pero de entrada nomás pintó la rebelión y el caballo, traído por los españoles para dominar, fue adoptado por los nativos que se formaron las caballerías rebeldes de los ejércitos libertadores como el de Túpac Amaru, que les metió miedo a los conquistadores y los obligó a cambiar su política de explotación y genocidio. Hoy a más de 500 años, la conquista sigue y sigue la lucha desigual de los mapuches contra el emporio Benetton, dueño de 900.000 hectáreas en la Patagonia. En este territorio entrarían varios estados europeos, pero no les alcanza y quieren quitarle la poca tierra que les quedó a nuestros habitantes originarios después del saqueo de Roca y sus secuaces.

**

Los indios son anarquistas

Osvaldo Bayer

Hoy es el último día de Libertad. Así consideran los habitantes originarios de América al 11 de octubre. Luego llegarían los europeos. Un día para que los descendientes de los barcos piensen y recuerden. No en la línea Bush sino en la línea de la justicia y la solidaridad. ¿Recuerda el lector los “500 años”? ¿Las fiestas que hicieron los españoles para ganar turistas?

Recuerdo siempre el gran cartel que había en la Expo ‘92 de Sevilla para recordar el “descubrimiento” cristiano de América: “Apúntate a una cena en un galeón, a los bailes del Palenque, a los gauchos de la Pampa, a las tumbas mochicas, a los viajes de los descubridores, a las pizzas y cuscús, al túnel del tiempo maya, al enterramiento del señor de Sipén, a la gran pirámide azteca, a un fortín colonial de Puerto Rico. ¡Pega un salto al mundo de 1492! Un espectáculo lleno de magia, con actores, máquinas, proyecciones, efectos especiales y animatrónicos con robots parlantes que nos sumergen en la época del Descubrimiento (con mayúscula) de América; con Pavarotti y Plácido Domingo podrás subir a la nao Victoria, el primer barco que dio la vuelta al mundo. ¡Diviértete, relájate, disfruta! ADULTOS, CUATRO MIL PESETAS”.

Y debajo se retrataron sonrientes González y Aznar, los dos representantes del Partido Socialista Español y de la derecha franquista. Viva la pepa. Eso había sido la conquista española.

Nada de Túpac Amaru despedazado por caballos atados a sus piernas y brazos, ni los miles de esclavos muertos, ni la destrucción a puro fuego de las aldeas indígenas. Que no fueron sólo los españoles en nombre de Cristo sino también los “patriotas” latinoamericanos. Véase la Campaña del Desierto de Roca. Pues bien. Todo un ejemplo: los representantes de los 42 mil aborígenes que viven todavía en nuestras pampas, se reunieron en La Plata para el Parlamento Indígena. Sus resoluciones fueron el respeto a sus normas de vida y a su derecho a vivir. Olga Garay, tataranieta del cacique Andrés Raninqueo, dijo al empezar: “Nuestro objetivo es que la comunidad sepa de nuestra existencia y hacer poder oír nuestras voces.

Los huincas nos impusieron su religión, su ideología, su lengua, perdiéndose de alguna manera las nativas. Queremos que se reconozca y valorice la cultura de los distintos grupos étnicos para lograr una mejor convivencia. Que el aborigen no siga sintiéndose un paria en su propio suelo. Que se vea la posibilidad de enseñar en las escuelas nuestras propias lenguas y de esa forma no perderíamos nuestras raíces, y las personas que nos desconocen se enterarían de que todavía existimos”. Y el Congreso todo aprobará una declaración honesta y bella. Dice: “Estamos transitando un nuevo milenio desde aquel 12 de octubre de 1492, trágico encuentro de dos civilizaciones.

…Así como ellos salen a nuestro encuentro, debemos hacer lo mismo, terminar con todos los feroces detalles que los hacen aparecer como vencidos: borrar de nuestro paisaje y de nuestras ciudades el nombre de militares y civiles genocidas. Devolver el poético nombre de cerros, lagos, ríos y pampas que tenían antes de la Conquista del Desierto y de la presencia en esas latitudes del Perito Moreno…

***

12 de octubre: la rebelión de los ‘flojos’

El 12 de octubre es herida abierta, historia descontada, exclusión en forma de fiesta racial. Pero en países como Bolivia arranca el Toki Onqoi (baile de sanación) o en Venezuela se celebra el Día de la Resistencia. Es la rebelión de los ‘flojos’ que nunca lo fueron. El pasado hay que recontarlo para que el futuro sea diferente.

“Es pues evidente que los españoles no tenían ni aún sombra de pretexto para llevar la guerra y sus estragos al continente americano; es evidente también que no han hecho una guerra en forma. Sus hostilidades han sido, pues, injustas, sus victorias asesinatos,  y sus conquistas rapiñas y usurpaciones.  La sangre derramada, las ciudades saqueadas, las provincias destruidas, he aquí sus crímenes delante de Dios y de los hombres” 

Francisco de Miranda (1801)

En muchos lugares de la América invadida por los españoles se le sigue denominando como el Día de la Raza y no hay ‘mejor’ nombre cuando la excusa racial ha sido el argumento para exterminar, marginar o sacar de la historia a millones de seres humanos. El “encubrimiento de América”, como lo denomina certeramente Aníbal Quijano, se viene resquebrajando con la visibilización de las resistencias y las luchas de los pueblos originarios y los de la afrodiáspora de estos 520 años. Muchas personas lo ignoran –otras lo quieren ignorar-, pero la resistencia arrancó casi desde el día uno de la invasión y los pueblos de ABya Yala (nombre del continente en lengua de los kuna) han sido sujetos activos y protagónicos de su propia historia.

Han sido ocultadas las rebeliones con diferentes mecanismos culturales e ideológicos (sumados a la violencia física). Indígenas y afrodescendientes cargan con la maldición racial que los despoja de su carácter de obreros, de su condición de clase. Una condición a la que, por cierto, no llegaron de forma voluntaria, sino como mano de obra forzada para la mayor empresa capitalista de la historia. Si los capitalistas de la Revolución Industrial inglesa tuvieron que ‘utilizar’ a la religión –y su corpus de nuevos mensajes inventados- para justificar la explotación fabril de los que, hasta ese momento, eran campesinos europeos, en las Américas se fue más allá al eliminar de raíz la posibilidad de que los trabajadores se considerasen parte de la nueva clase obrera. Escribía Eduardo Galeano en Las Venas Abiertas de América Latina: “La economía colonial latinoamericana dispuso de la mayor concentración de fuerza de trabajo hasta entonces conocida, para hacer posible la mayor concentración de riqueza de que jamás haya dispuesto civilización alguna en la historia mundial”. Sin embargo, históricamente, la cosificación de indígenas y esclavizados es tan radical que ni siquiera se les ha permitido categorizarse como los trabajadores que generaron esa gigante plusvalía, algo que abriría la puerta a la exigencia de derechos o, como mínimo, a la negociación sobre las condiciones de trabajo con el patrón.

El proyecto económico de Europa siempre necesitó de mano de obra. Las disculpas para justificar el negocio esclavista fueron tan efectivas como la clave racial –de hecho, se confunden-. El negro era necesario por dos razones: la pereza y ‘flojera’ del indio y la dureza del clima, sólo soportable por los africanos. Ambas disculpas son falaces, aunque todavía perduren en el imaginario popular europeo e, incluso, entre muchos criollos latinoamericanos. No había tal flojera indígena: las minas de Potosí, Zacatecas, Guanajuato, Pachuca, Tomebamba, Antioquia, Carabaya, Maipo, Confines o Quilacoya dan fe del trabajo brutal al que se vieron sometidos los ‘indios’ para ‘rescatar’ plata y oro para la Colonia española. Sólo entre 1503 y 1660, cuando los mecanismos de extracción eran más primitivos, España sacó de las entrañas de Abya Yala 16 millones de kilos de plata y unos180.000 kilos de oro. No está mal para tanta flojera.

La intención de los españoles era explotar a la población originaria. Los necesitaban. Pero la resistencia que se encontraron, la necesidad de acabar con poderes fuertes (como el Azteca o el Inca) y la desestructuración de la forma de vida indígena (lo que les privó de sus mecanismos tradicionales de subsistencia y de sus estrategias para enfrentar las calamidades) provocó lo que, visto con la distancia histórica y los datos en la mano, es un genocidio en toda regla.

Si la mano de obra indígena no resultó suficiente se debe a dos razones: la resistencia indígena en muchos puntos de las tierras conquistadas (hombres que huían de la mita, naciones que se escondían en los lugares más inhóspitos, pueblos que lucharon bélicamente con los españoles hasta bien entrado el siglo XVII…) y el genocidio (o etnocidio) cometido en zonas claves para este desarrollo capitalista (como en el Caribe donde sólo en La Española –actual Dominicana y Haití-, Bartolomé de las Casas consignaba la muerte de dos tercios de los habitantes originarios como consecuencia de la opresión, la resistencia, las enfermedades y el hambre, que acabó con 50.000 indígenas).

La resistencia indígena se da casi desde el primer momento de la invasión europea y aún hoy continúa. “Hambre, carajo, que muerde las tripas de los indios callados, humildes. La humildad debe ser virtud de dioses; los indios se sienten hombres”, escribía el ecuatoriano Jorge Icaza en Huasiungo, esa novela reivindicativa e hiriente que refleja la servidumbre a la que estaban sometidos los indígenas y la imposibilidad de aguantarla sin rechistar. Los ejemplos de esa resistencia se multiplican, a pesar de no ocupar ni una línea en los libros de texto de la historia oficial.

Al recibir a los conquistadores, los caciques de Haití (alias La Española) pecaron de buena fe, pero cuando comenzaron las muertes, las violaciones y la imposición de una cuota de oro a cada mayor de 14 años, los ojos se abrieron. En 1492, en El Cibao (La Española), el cacique Canoabo se levanta contra las injusticias de Colón y sus hombres y desde ese día no han cesado las revueltas indígenas en Abya Yala. Los nombres de los líderes están en la memoria ancestral de sus pueblos, de sur a norte: Enriquillo, Agueybana II, Cuauhtemoc, Cémaco, Lempira, Urraca, Rumiñahui, Lautaro, Tupac Amaru II, Bartolina Sisa, Tupac Catari… Los indígenas “perezosos” nunca dudaron en defender su autonomía y en algunos casos, como en el de los Mapuche, la corona española tuvo que agachar la cabeza y negociar acuerdos de paz y de respeto mutuo ante la fuerza de la resistencia armada indígena. El imperio mientras, trataba (y muchas veces lo lograba) de dividirlos, comprarlos o engañarlos y, si no funcionaba, secuestraba, mataba, torturaba y violaba.

Aunque las técnicas del imperialismo económico contemporáneo no son muy diferentes (sólo aparecen como más sofisticadas), la resistencia ahora es más visible. Y, a los pueblos originarios y afrodescendientes se han sumado sectores organizados de las clases excluidas históricamente y edulcoradas con el anhelo del “desarrollo” prometido. El 12 de octubre es un día de dignidad y resistencia, no la conmemoración del inicio de una campaña sin igual de explotación del ser humano.

Fuente: Otra América  y El Historiador

 

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s