En el Sumapaz se saluda y no se roba

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Por: juan David Ojeda López

El Sumapaz es el páramo más grande en extensión del planeta tierra (178 mil 634 hectáreas), es Parque Nacional Natural desde 1968 y una parte del páramo hace parte de Bogotá, constituyendo la localidad número 20 de la ciudad. “La superficie total de la localidad de Sumapaz es de 78.096,9 hectáreas (ha) toda esta área constituye suelo rural. Sumapaz es la localidad con mayor extensión en todo el Distrito Capital”, (Secretaría Distrital de Planeación 2012). Esta localidad tiene desde pumas hasta osos, pasando por conejos, venados, curíes, dantas, tigrillos y águilas, todos animales nativos de estos territorios.

Desde hace más de 100 años la población campesina empezó a poblar estos paramos inhóspitos, donde los diversos tipos de frailejones son los reyes. El clima inclemente no fue un impedimento para que estos recios hombres y mujeres se integraran con el territorio, y con sus familias se asentaran en estas montañas los abuelos y echaran raíces.

Las lagunas que lo pueblan y que están desde muchísimos años antes que los hombres, no solo han visto a estos pobladores campesinos, sino que vieron a los antiguos Chibchas hacer en ellas sus ofrendas y ceremonias religiosas a la pacha mama, a la madre naturaleza.

Mientras el resto de Colombia convulsionaba por la masacre de las bananeras a inicios del siglo pasado  (1929), en el Sumapaz comenzó la lucha de los campesinos pobres por la tierra. Los terratenientes quemaban las casas de los campesinos organizados y ellos en minga volvían y le construían otra. La solidaridad entre la comunidad se curtió a través del tiempo, siendo hoy por hoy la comunidad más organizada del distrito capital, articulada y consciente de las necesidades y demandas de sus pobladores ante el gobierno distrital y nacional.

Este territorio abandonado históricamente por los gobiernos de turno –tan abandonado que durante el gobierno del General Rojas Pinilla existió una cárcel temida por los presos ya que los reos morían a causa de hipotermia en esas lejanías – ha sido macartizado como zona roja, lo cual ha llevado a que en la actualidad por cada campesino existan aproximadamente cuatro militares en el territorio con una altísima huella ambiental a su paso.

El INRI de los campesinos de esta región del país es habitar un territorio que históricamente ha liderado luchas agrarias, de donde en su momento devino de la mano de líderes liberales como Erasmo Valencia y campesinos como Juan de la Cruz Varela,- a partir de los años 30-,  las primeras autodefensas campesinas por la lucha de la propiedad de la tierra, de donde surgen las FARC –EP, tras el fracaso de la figura de la Colonia Agrícola del Sumapaz de 1928 y la  Ley 200 o Ley de Tierras de Alfonso López Pumarejo de 1.936, por poner en juego los intereses de los grandes hacendados en relación al campesinado. La famosa Casa Verde, base central del Secretariado de esta organización insurgente, se encontraba en este territorio y se constituyó en un referente del grupo armado.

Esta situación ha cambiado desde la ocupación por parte del gobierno del presidente Cesar Gaviria en 1.991, pasando por la operación aniquilador II del año 2.000 donde 4.000 hombres de la Fuerzas Armadas ingresaron en el territorio y la construcción del Batallón de Alta Montaña,  lo que condujo -en lo real y vivencial para los pobladores campesinos- a que sea  otro bando armado del conflicto el que patrulle y el que imponga la ley.

Desde que el Ejército está en la región se han intensificado las violaciones de los Derechos Humanos contra los campesinos, entre otras, señalándolos muchas veces de guerrilleros, obligándolos -a más de 4.000 metros de altura- a quitarse las ropas y acostarse sobre las rocas durante ratos largos y reteniéndolos durante horas en los mejores casos,  lo cual indigna a  las comunidades campesinas. Además son señalados por contaminar con sus excrementos las fuentes hídricas y de talar al paso de sus campamentos, los frailejones patrimonio del parque natural.

El Sumapaz, a diferencia de lo que se creía hace unos años, no es un territorio pobre por improductivo, clima extremo, vías deficiente, infraestructura precaria, sino todo lo contrario: el Sumapaz es la fuente de agua tipo páramo más grande del planeta, posee una órbita geoestacionaria envidiable, es un territorio geo estratégico nacionalmente por conectar los llanos orientales -el Meta-, Cundinamarca, Tolima y Huila, con la Bogotá urbana, es altamente apetecido por empresas de energía trasnacionales para represar sus aguas y generar energía.  Así las cosas,  por lo visto no es gratuita  la guerra en el Sumapaz.

El campesino por su parte, ajeno de las armas  pero no por esto de la guerra (en calidad de activista social o de víctima), intenta continuar su vida igual que como le enseñaron. La vida del campo y su ritmo trae consigo sus propias costumbres y hábitos: es consabido que en el Sumapaz se perdieron las costumbres de Bogotá urbana y por tal se tienen otras (o viceversa). En estas tierras agrestes se saluda y no se roba.

Adenda: En la actualidad  la empresa de energía española Emgesa quiere hacer un mega proyecto que impactará negativamente el ecosistema del páramo así como a las comunidades que lo habitan, ojalá no lo permitamos, por el bien de todo el mundo.

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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