Luz verde de la ONU a la agresión militar contra Malí

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Por Cristóbal García Vera – Canarias Semanal

En la noche del pasado viernes 12 de octubre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidad daba luz verde a una nueva agresión militar de la OTAN contra el continente africano. En esta ocasión, la víctima de la Coalición Bélica será Mali, país que sufrirá una operación conjunta de Estados Unidos, Francia, España, Italia y Reino Unido cuyo objetivo – según la versión oficial- sería “sofocar y controlar el auge yihadista en la región del Sahel” y “ayudar a las autoridades locales a recuperar el control de su nación”.

Tal y como hemos venido informando desde la páginas de Canarias Semanal, el ataque contra Mali de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte se efectuará tomando como base logística la isla de Gran Canaria. Desde la Base Aérea de Gando partirán los temidos drones – aviones no tripulados – con los que  el ejército de EE.UU. está perpetrando ataques sistemáticos en Pakistán contra la población civil de esee país asiático. Los buques de la OTAN tendrán como base el arsenal de Las Palmas de G.C.

La intervención directa sobre el terreno correrá, al menos en principio, a cargo de los  países de la Unión Africana,  que suministrarán unos 3.000 efectivos como carne de cañón para el conflicto armado.

OTRA “INTERVENCIÓN HUMANITARIA” DE LA OTAN AVALADA POR LA “LEGALIDAD INTERNACIONAL”

Siguiendo el protocolo habitual en cada una de las guerras apadrinadas por la ONU, la nueva intervención se presenta a la opinión pública con el mismo rostro “humanitario” que sirvió para justificar la destrucción de Libia o la ocupación de Afganistán.  Teóricamente,  la OTAN estaría actuando para salvaguardar la integridad de Malí y proteger a su población de los islamistas radicales instalados en el Norte del país.

La realidad, por supuesto, es bien diferente. El conflicto maliense –como el siempre oportuno fantasma de Al Qaeda– constituye tan solo una de las múltiples excusas que se podrían haber aducido para iniciar un proyecto de recolonización  de largo recorrido. Desde hace varias décadas se desarrolla una disputa entre las principales potencias occidentales por el control de los valiosísimos recursos naturales del continente africano.

Malí, por ejemplo, es en la actualidad el tercer productor de oro de África, con una producción que ha llegado a las  56 millones de toneladas al año y posee también otros recursos codiciados como el uranio. Igualmente importante para los planes de dominio occidentales es la situación geoestratégica de este país, el séptimo más extenso de África, que limita al norte con Argelia, al este con Níger, al oeste con Mauritania y Senegal y al sur con Costa de Marfil, Guinea y Burkina Faso.

Los propósitos de los nuevos colonizadores, en cualquier caso, no se limitan a tomar posesión de esta cabeza de playa. Tal y como reconocía el jefe del mando  Naval de Canarias, Gregorio Bueno Murga, el pasado miércoles 3 de octubre, los buques que partan del Puerto de Las Palmas con destino a África en los próximos años efectuarán también “misiones de seguridad”, en los países ribereños del Golfo de Guinea. Una zona cuya producción de petróleo sobrepasa los 4,5 millones de barriles diarios.

El petróleo, con todo, tampoco es la única causa del repentino interés de Occidente por el bienestar de los africanos. En su conjunto, los países del África subsahariana poseen importantes reservas de más de 60 metales y otros minerales. Especialmente oro, manganeso, cromo, níquel, cobalto, cobre, coltán y uranio. Una riqueza igualmente codiciada es la de los bosques africanos, que contienen alrededor del 45% de la biodiversidad mundial y numerosas posibilidades para la explotación económica. Según algunos estudios, el África subsahariana cuenta también con el 40% del potencial hidroeléctrico del Planeta.

Se trata, en suma, de un pastel demasiado suculento como para que las potencias que en su día despegaron económicamente gracias al saqueo de este continente renuncien hoy continuar el lucrativo expolio. En los próximos tiempos, pues, no se puede descartar que presenciemos nuevas intervenciones “humanitarias”, efectuadas con el aval de las Naciones Unidas.

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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