A propósito del natalicio de Simón Bolívar, vaticinios y desventuras

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Por Adriana Quiñones León

Darío Gaitán. Bogotá, 3 de marzo de 1904 en Mefistófeles, N°84
 «Estados Unidos parece destinado por la providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad» Simón Bolívar, 1829
 

Hacia 1823 John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, anunciaba la tesis de la fruta madura, según la cual tal como existen leyes físicas de gravitación existen leyes de gravitación política. De acuerdo a este planteamiento —dirigido en especial a la isla de Cuba que siempre fue ambicionada para engordar sus territorios— los países bajo el dominio español eran vistos como frutos a fagocitar por el naciente imperio en el momento en que quedaran sin dueños, a la deriva.

Estados Unidos —que se ha connotado a sí mismo desde sus inicios como el depredador natural de la gran América— esperaría a que los dulces frutos de las colonias españolas cayeran del árbol de la dominación europea directos hacia sus fauces. La doctrina Monroe (“América para los americanos”), creada también por Quincy Adams y lanzada mientras él era secretario de Estado bajo la presidencia de James Monroe, no significó otra cosa que América para los estadounidenses. Ésta sería reeditada en 1845 como la doctrina del destino manifiesto, la cual  declara que Estados Unidos está “signado por la providencia” a extender su hegemonía sobre todo el continente. Entrado el siglo XX, aparece en escena la política del gran garrote formulada por Teodoro Roosevelt, basada en la aplicación de la fuerza contra los países que se negaran a aceptar sus ofertas “generosas”.

Era del desarrollismo

A mitad de siglo vendría la era del desarrollismo, un reajuste táctico derivado del orden político posterior a la segunda guerra mundial; el desarrollismo era la nueva cara  de aquel ideal moderno-liberal de progreso desenfrenado. Entonces, la necesidad de ampliar mercados, de contener el “Segundo Mundo” o bloque comunista y de garantizar el abastecimiento de materias primas, llevará a que el binomio ideológico de  civilización y barbarie se exprese en términos de desarrollado y subdesarrollado (sistemas de representación análogos). Se tratará de convertir y “salvar” ya no al salvaje sino al pobre. La pobreza desde esta lectura oportunista será la reactualización del primitivo, cualidad intrínseca del “Tercer Mundo”, su margen definitorio.

Así, en la segunda posguerra los países “ricos” vieron sus desastres y descubrieron que ahora les era útil a sus intereses publicarlos y problematizarlos. Eso sí, sin responsables, como fenómenos venidos de algún tipo de maligna creación espontánea, o a lo sumo producto de la inferioridad de las gentes que los padecían, algo genético a los hombres de estas latitudes. El pasado se trataba con la mayor asepsia, con cuidado de que no les salpicara. Era el Calibán de Shakespeare bajo un lente más moderno, “más racional”, era el redescubrimiento del “salvaje”.

Así, con el discurso del desarrollo se quiso posicionar como real y única una cartografía que expresa una arquitectura específica de poder. Valga decir, que la trinidad donde a los países sometidos al reinado del capital nos correspondió ser el “tercer mundo”carece de sentido para nosotros incluso antes de la caída del “segundo”, pues hace uso de una gramática del poder donde sólo el “primer Mundo” habla en primera persona y los demás somos vistos como anomalías a corregir.

En 1944 los vencedores de la Segunda Guerra Mundial firman los acuerdos de Bretton Woods,  mediante los que se crean el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial para la Reconstrucción y el Desarrollo , hoy Banco Mundial. Con dichos acuerdos Estados Unidos, quien era realmente el ganador del debacle, se arrogó el privilegio de emitir el dólar como moneda de cambio internacional, abandonándose el patrón oro. Con ese poder, adelantarían hasta los tuétanos la diplomacia del dólar: papel moneda para el cual tienen la maquinita de emitir billetes, sin ningún soporte en algún valor real y que entrará a reforzar la contundencia de las balas, la misma impulsada por F. D. Roosevelt luego del crack del 30.

Además, el presidente estadounidense Harry Truman, portavoz del autodenominado “Primer Mundo”, decreta en 1949 que dos tercios de la humanidad padecen de un mal : la pobreza, para el que ellos tienen la cura: el endeudamiento perpetuo. Entonces, para  “alcanzarlos” en la carrera desarrollista se aplicó un sistema de endeudamiento ad infinitum, por el que siempre habría préstamos para pagar deudas pasadas, haciéndonos adictos, dependientes a la ayuda monetaria foránea.

A cambio de la supuesta cura, perdimos el derecho a nuestra soberanía y autonomía política y económica —como José Martí y Simón Bolívar lo previeron— en una época en la que ya se asomaba con fuerza la vocación expansionista del imperio norteamericano.

Algunos pensamientos vigentes en la espiral del tiempo…

José Martí, 1890: «Jamás hubo en América, de la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que Estados Unidos potente, repleto de productos invendibles y determinado a extender sus dominios en América, hace de las naciones americanas de menos poder, ligado por el comercio libre y útil con los pueblos europeos para ajustar una liga contra Europa y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse América española y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia».
José Martí, 1889: «Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se aparten de Estados Unidos. Nuestras tierras son ahora, precisamente, motivo de preocupación para Estados Unidos».
Simón Bolívar, 1820: «La América del Norte, siguiendo su conducta aritmética de negocios, aprovechará la ocasión para hacerse de nuestra amistad y de su gran dominio del comercio».

aquiles00@gmail.com

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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