La estrategia de “demonización” Kadafi abortó el golpe de la CIA y ahora sufre un aislamiento internacional

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POR IAR NOTICIAS

El jefe del régimen libio, Muammar Kadafi aplastó a sangre y fuego el golpe de la CIA (montado en las “revueltas populares”), controla la mayor parte del territorio libio (aunque quedan bolsones de rebelión militar como secuela) y enfrenta, en una segunda fase, una operación de aislamiento internacional y un intento de división interna de sus fuerzas en un escenario de parálisis económica y social.

Ese es el verdadero título desarrollado de los hechos que están sucediendo en Libia, silenciados y deformados por la prensa internacional, parte funcional y operativa del eje sionista USA-UE-Israel en su estrategia de apoderamiento de petróleo y recursos estratégicos en los países islámicos situados en el “eje del mal”.

Según la prensa internacional, el jefe libio controla el grueso de su ejército, sus fuerzas policiales, y los mukhabarat (servicios de seguridad), y mantiene el mando sobre el movimiento llamado Comité Revolucionario, que monitorea y supervisa las actividades represivas del régimen contra sus enemigos internos.

Dentro de este dispositivo represivo se inserta el Batallón Disuasivo, la conocida Brigada 32, que opera en Ouezzane, cerca de la frontera con Túnez que es comandada por uno de los hijos de Gadafi, Khemis, entrenada para lidiar con revueltas dentro del país.

También se integra la Legión Islámica, creada en los años 80 por musulmanes provenientes de Sahel, señalada por los opositores  como integrada por “mercenarios extranjeros”.

“El régimen, en resumen, tiene una gama de mecanismos de represión a su disposición y en el pasado nunca ha mostrado titubeos en responder con brutalidad a la menor señal de protestas”, subraya la cadena británicaBBC.La misma prensa internacional que protegió y calló las masacres de Israel en Gaza y en Líbano, que silencia a diario los genocidios de EEUU y la “alianza occidental; en Afganistán, Irak, Pakistán y las zonas petroleras del Cuerno de África, no ahorra munición pesada para condenar el “brutal genocidio” de Kadafi contra su pueblo.
Que, en realidad no es el “pueblo” libio en su conjunto, sino grupos operativos que motorizan las revueltas, armados, entrenados y financiados por la CIA, el Mossad israelí y los servicios “aliados” de Europa.
“El líder libio Muammar Kadafi se aferró al poder el martes al contar con el apoyo cerrado de un ejército leal que se hizo con el control de la capital, en un momento en que una parte importante del este del país parecía haber caído bajo el control de la oposición”, señala The Wall Street Journal el vocero  financiero del  Imperio USA.
La información es coincidente con la de las agencias y cadenas internacionales sionistas (parte de la operación golpista contra Kadafi), quienes coinciden en que el “genocida” libio aplastó  “a sangre y fuego” a las manifestaciones en su contra y se replegó bajo el manto del poder militar.
Si consideramos que Libia está cerrada y blindada, y que los titulares y contenidos de la prensa internacional sólo están alimentados por fuentes de la sedición, la conclusión es obvia: Kadafi abortó, exterminó de cuajo, la operación relámpago en su contra utilizando un poder de fuego indiscriminado contra la revuelta callejera.
Y las apreciaciones de las usinas “rebeldes” infiltradas y motorizadas por  CIA y la inteligencia occidental aliada (expresadas en la “información internacional”) también son coincidentes.
Salvo algunos grupos del ejercito “rebelados” en el Este, las fuerzas del régimen libio controlan el país, sumido en una profunda parálisis social y económica como consecuencia de la represión militar y los enfrentamientos armados.

La estrategia de “demonización”

Y como sucede habitualmente en estas operaciones de derrocamiento de gobiernos (no “dóciles” al Imperio) disfrazadas de “protestas populares”(así pasó con los golpes fracasados de la “revolución naranja”, o con la frustrada maniobra contra el régimen militar birmano) abortada la acción militar encubierta en las calles, comienza la segunda fase de la operación golpista: El aislamiento internacional y la “demonización” del régimen y/o de los lideres de los gobiernos que quedan en pie.
Consecuentemente, Muammar Kadafi, que durante años mantuvo un “bajo perfil” y era elogiado por la prensa internacional como un “arrepentido” de su pasado antiimperialista, mientras abría el grifo petrolero a la voracidad sin limites de los pulpos petroleros occidentales, ahora pasó a ocupar el lugar de un “demonio genocida”.
Hay una cuestión verificable y estadística: La prensa internacional, sus analistas superficiales vaciados de cerebro estratégico, no analizan objetivamente los hechos que están sucediendo en Libia. Solo se limitan a”comentar” los titulares escritos por las usinas golpistas (las únicas fuentes existentes) y a proclamar consignas “demonizadoras” del jefe del régimen libio.
Y ante el hecho consumado de una acción relámpago para derrocarlo en las calles, Kadafi hizo lo que cualquier dictador militar de 40 años en el poder haría para preservar su vida y su poder: Exterminar militarmente la revuelta organizada  para evitar el contagio antes de que sea tarde.
En la lógica de la acción reacción, y sin entrar en falsos moralismos de idealización, Washington y la CIA, infiltrando y movilizando grupos de protestas callejeras, le armaron un golpe de estado para derrocarlo y el presidente libio lo aplastó sin miramientos con su aparato militar. La primera fase fracasó.
Ahora, la fase que sigue, la operación de aislamiento y condena internacional al régimen de Kadafi, es un procedimiento calcado, una acción de manual.
Incluso la izquierda más “civilizada”  y sus teóricos, adosados a la ideología”democrática” del sistema de dominio  imperial capitalista, se prende a las “condenas” internacionales digitadas por el eje USA-UE-Israel.

La ONU, los gobiernos mundiales y las organizaciones internacionales que (salvo pocas excepciones) legitiman con su silencio operaciones militares diarias de genocidio en masa de civiles en Medio Oriente, África y Asia, levantan  sus voces indignadas para condenar la “masacre del dictador libio”.
Ya sucedió en todos los escenarios de las fracasadas “revoluciones naranja”, en las “rebeliones budistas” del sudeste asiático, o en las “rebeliones reformistas” de Irán motorizadas para derrocar al régimen de los ayatolas desde adentro.
Tras el armado de operaciones de “revuelta popular” mediante infiltraciones en grupos opositores locales, en Libia están utilizando un modelo de “iraquización” militar y social orientado a debilitar internamente al régimen de Kadafi  .
Fracasada la operación, ahora quieren dividir a las fuerzas armadas libias controladas por Kadafi e iniciar un proceso de aislamiento que desemboque en un régimen de bloqueo y de sanciones internacionales contra el país petrolero.
Objetivamente en Libia  no hay una “revuelta popular” ingenua  contra Kadafi, sino una acción callejera para derrocar a su régimen desde adentro motorizada por la CIA y el Mossad israelí que siempre actúan juntos, como hermanos simbióticos.
Se lo hicieron en su momento a Saddam Hussein, y siempre fracasaron, dado que el presidente iraquí ahogaba esa movidas internas a sangre y fuego. Razón por la cual, la logia imperial USA se vio obligada a invadir Irak para derrocarlo.
Salvada distancias y escenarios, lo que está pasando con Kadafi en Libia tiene muchas similitudes con el Irak de Saddam Hussein.
El jefe libio, ahogó la sublevación utilizando poder de fuego de alto espectro. Cerró y blindó militarmente a su país, puso un candado a la información de la prensa internacional sionista y puso en marcha una limpieza militar, una operación de cirugía mayor, contra las células operativas del levantamiento.
Es lo que hicieron algunos regímenes pro-rusos cuando abortaron en sus países la “revolución naranja”.

En el terreno de la acción militar, Kadafi exterminó la acción relámpago para derrocarlo desde adentro.

Ahora deberá resistir a otro frente de guerra por otras vías: Las operaciones diplomáticas y la acción mediática internacional para estrangular económicamente a su régimen.

Una guerra donde el petróleo libio, puede servirle a Kadafi como carta de triunfo para dividir al eje sionista USA-UE e impedir una acción conjunta en su contra.

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LIBIA

La clave africana:

Gadafi y el “golpe petrolero” de la

CIA en Libia

por Manuel Freytas (IAR Noticias)

24/02/11 Lo de Libia estaba cantado. Es el premio mayor en el tablero de las “revueltas populares” armadas y organizadas por la CIA, el Mossad y los servicios “aliados” en África y Medio Oriente.

Después de iniciar un proyecto de remodelación “democrática” expulsando a sus desgastados dictadores aliados en Egipto y Túnez, EEUU va por el petróleo libio y por una posición estratégica en el dispositivo del control geopolítico militar en África.

Para EEUU y los centros del poder imperial mundial, África es un continente seguro de abastecimiento petrolero que contrabalancea la inestabilidad conflictiva de un explosivo Medio Oriente, y de un Asia Central en disputa permanente entre el eje Rusia-China y el bloque “occidental” EEUU-Unión Europea.

En el marco de la “guerra fría” energética con China y la Rusia de Putin, el poder imperial norteamericano y sus transnacionales intentan convertir a África en una especie de colchón energético de seguridad frente a un explosivo Irán y un Medio Oriente cruzado por los conflictos militares.

La importancia de África como suministrador de petróleo a las potencias centrales es clave. Ya produce cerca del 12% de lo que se consume en el mundo y el 25% de lo que consumen los EEUU, más de lo que este último país importa desde Arabia Saudita.

Desde el marco geopolítico y estratégico de la “guerra contra el terrorismo” EEUU, potencia locomotora del sistema capitalista y sus socios de las grandes potencias europeas, avanzan en su proyecto de conquista del continente africano para posicionarse en el control de sus reservas energéticas y minerales.

A este proyecto respondió la decisión de la administración Bush de crear el “The United States Africa Command (AFRICOM), un comando de “guerra contraterrorista” que empezó a operar activamente en toda la región en el 2008.

El control geopolítico y militar del continente africano, que produce entre 12 y 14 millones de barriles diarios de petróleo (estimaciones para el 2012), otorga a los EEUU el margen de maniobra y seguridad suficientes que justifican las intervenciones militares en estos países.

Los gobiernos africanos, controlados por oligarquías y “señores de la guerra” financiados y protegidos por Washington, se ven cada vez más impotentes para controlar a los movimientos armados nacionalistas que obstaculizan el saqueo de las transnacionales, como es el caso de Somalía y el Cuerno de Africa.

En este escenario, y siguiendo la nueva doctrina impuesta en la revisión cuatrienal de la Defensa de febrero de 2006, el Pentágono comenzó a desarrollar operaciones militares en alta escala por todo el territorio africano, principalmente en sus regiones energéticas y mineras claves del sur y del norte, creando unidades especializadas dedicadas a la instrucción y el adiestramiento de tropas locales en el “combate al terrorismo”.

La estrategia operativa incluye reuniones entre estados mayores de países regionales con oficiales y funcionarios del Pentágono, maniobras y ejercicios conjuntos de las tropas, vuelos sistemáticos de aviones de reconocimiento, localización a través de fotos tomadas por satélites militares norteamericanos, y de provisión de armas y tecnología de alta precisión a las fuerzas implicadas en la “guerra contra el terrorismo”.

La estrategia del Pentágono en África responde a un doble objetivo, geopolítico-militar y económico.

Además del negocio que proporciona a las armamentistas y a las contratistas de servicios del Pentágono el incremento de las operaciones militares contra el “terrorismo” en la región, se estima que África y sus regiones proporcionarán, en apenas una década, el 25% del crudo que consumirá EEUU en 2015.

Tener el control del acceso a esas fuentes de recursos se ha convertido en un objetivo estratégico central para Washington y sus corporaciones protegidas por el Pentágono.

La función y misión principal del nuevo mando militar USA para el continente africano, es la de vigilar y controlar las fuentes energéticas africanas, así como sus sistemas de distribución mundial (oleoductos, buques petroleros, y rutas).

Y eso es lo que están haciendo las tropas norteamericanas y los gobiernos títeres “asociados” como los de Nigeria y Yemen (entre otros) que utilizan el exterminio en masa de rebeldes y de población justificado bajo el argumento del combate contra los “grupos terroristas”.

Esta misión principal de las tropas imperiales fue enunciada en un principio, por el presidente Jimmy Carter en enero de 1980, cuando describió al caudal petrolero del Golfo Pérsico y de Africa como un “interés vital” para los EEUU.

Carter, elegido luego Premio Nobel de la “Paz”, afirmó que EEUU debería emplear “cualquier medio que fuese necesario, incluyendo la fuerza militar” para enfrentar y neutralizar cualquier intento por parte de un poder “hostil” para bloquear esos recursos estratégicos.

Con la creación del nuevo comando unificado para las operaciones militares en Africa (AFRICOM), anunciado por el secretario de Defensa, Robert Gates en febrero de 2007, Washington y sus corporaciones petroleras, detrás de la fachada de la “guerra contraterrorista” comenzaron un plan totalizado de control y apoderamiento del petróleo y de los recursos estratégicos del continente negro.

En este escenario hay que leer los acontecimientos de “revueltas populares” organizadas por la CIA en África y Medio Oriente, y el sangriento golpe interno que está funcionando contra Kadafi en Libia.

El “golpe petrolero” en Libia

A diferencia del resto de los procesos de “protesta popular en el mundo árabe islámico” infiltrados por la CIA y las inteligencias “aliadas”, Libia se inscribe en los patrones operativos de las “revoluciones naranja” en el espacio soviético, o en los “golpes budistas” del Tibet o Birmania, o en la rebelión “reformista” para derrocar a los ayatolas en Irán, encuadrados en la nueva “guerra fría” por áreas de influencia (militar y comercial) que mantiene el eje capitalista Rusia-China con el eje capitalista USA-UE-Israel.

La clave del golpe contra Kadafi es el apoderamiento del petróleo libio, cuyo control (como sucedió con Irán en 1979) perdió con la irrupción de Kadafi en el liderazgo de Libia en 1969.

Libia, miembro de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), es el cuarto productor de petróleo en Africa, después de Nigeria, Argelia y Angola, con cerca de 1,8 millones de barriles diarios y posee unas reservas evaluadas en 42.000 millones de barriles.

Según la agencia norteamericana de información sobre la energía (EIA), Libia era en 2009 el cuarto productor de petróleo en África con una producción de 1,789 millones de barriles diarios, detrás de Nigeria (2,211 mbd), Argelia (2,125 mbd) y Angola (1,948 mbd).

Libia también quiere desarrollar su producción de gas natural, sector en el que tiene reservas estimadas en 1,540 billones de m3, según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

El país ha duplicado casi sus exportaciones de gas natural en tres años, de 5.400 millones de m3 en 2005 a más de 10.000 millones de m3 anuales, también según estadísticas de la OPEP.

Libia exporta la mayor parte de su petróleo a los países de Europa, entre ellos Italia, Alemania, España y Francia, y aunque participan del negocio, las petroleras norteamericanas no tienen la hegemonía en la extracción y comercialización del crudo de ese país.

Este dato es clave para entender el golpe interno que la CIA lanzó en Libia montada en la fachada de las “revueltas árabes” contra “regimenes dictatoriales de Africa y Medio Oriente.

De la misma manera como trata de desestabilizar Irán con la misma metodología operativa de infiltración y orientación política de las “protestas populares”, Washington aprovecha este escenario para lanzar un movimiento interno oreintado a derrocar a Kadafi, un aliado “inestable” que privilegia las relaciones con Europa y con los países incursos dentro del “eje del mal”.

A la llegada al poder del coronel Kadafi en 1969, las compañías petroleras, mayoritariamente estadounidenses, extraían del suelo libio más de 2 millones de barriles diarios.

Pero muy rápidamente, el líder libio nacionalizó el petróleo, limitó la producción, le quitó la hegemonía de extracción y comercialización a las pulpos norteamericanos y creó la Compañía Nacional del Petróleo (NOC), que inició emprendimientos conjuntos con participación minoritaria de empresas extranjeras.

Después de veinte años de aislamiento, el régimen de Kadafi volvió a abrir los recursos energéticos y petroleros libios a la voracidad de las compañías petroleras occidentales, principalmente de la Unión Europea.

El ex primer ministro británico Tony Blair fue el primero en estrechar la manos con el “viejo enemigo” de Occidente en Trípoli. Al hacer eso, comenzó a conducir a Libia fuera de la marginalidad financiera, y a entregarla a los brazos de Royal Dutch/Shell y BAE Systems , que cotizan en la Bolsa de Londres.

La visita de Blair a Libia en 2004, la primera de un líder británico desde 1943, estuvo marcada por una sociedad establecida entre Shell y la petrolera estatal libia, unos 30 años después de que la firma anglo-holandesa produjera por última vez en suelo libio.

Desde el año 2003 se instalaron en Libia la corporación italiana ENI, la francesa TOTAL, la española REPSOL YPF y la angloholandesa Royal Dutch Shell. Las usamericanas Chevron y Occidental tuvieron que esperar tres años a que EEUU levantara sus sanciones comerciales para poder ingresar en la torta petrolera libia.

En 2010, de enero a noviembre, los países europeos miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) compraron una media de 1,06 millones b/d de Libia, precisó la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

En este escenario de relativa “postergación” (su participación en Libia no es hegemónica) de los consorcios petroleros norteamericanos en relación a los europeos marca una de las líneas conducentes centrales de las actuales operaciones desestabilizadoras y golpistas contra Kadafi en Libia.

En el actual escenario represivo en Libia, se verifica la presencia de actores internacionales conocidos y de operaciones golpistas de EEUU que se repiten como un calco a escala global con distintos nombres, como “revoluciones naranjas” en los ex países soviéticos, “rebelión budista” en el Tibet y el sudeste asiático, y los más recientes denominados “revueltas árabes islámicas” que se propagan por África, Medio Oriente y amenazan con extenderse a China, Rusia y los ex países soviéticos.

Por un lado Kadafi y su régimen de más de 40 años cierra sus fronteras a la prensa internacional y reprime en forma sangrienta con la fuerza militar a los grupos “opositores” armados y financiados por la CIA y los “servicios occidentales”.

Y por el otro, el bloque “democratizador” con EEUU, la UE, la ONU y las ONG de la CIA, crea las condiciones internas e internacionales para terminar con Kadafi e instalar un “gobierno democrático” controlado por Washington.

Viejas estrategias, viejas operaciones, y viejos actores conocidos. El objetivo estratégico siempre es el mismo: control geopolitico y militar regional, control del gobierno, control de los recursos estratégicos y control de los mercados.

En Libia, el objetivo clave del intento del derrocamiento de Kadafi es el petróleo.

La gran dinámica movilizadora de las invasiones militares, la guerras y conflictos regionales, y los golpes internos de la CIA contra líderes y presidentes desgastados que ya no “cierran” con el control estratégico hegemónico de la primera potencia imperial del sistema capitalista, es el apoderamiento de los mercados y de las fuentes naturales del “oro negro”.

Un recurso clave (y en extinción) para la supervivencia futura de las potencias centrales.

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LIBIA

¿Balcanización de Libia?: el “Emirato Islámico de Bengasi”

Alfredo Jalife-Rahme: Bajo la Lupa

PI23/02/11 La fragancia del jazmín revolucionario del paradigma tunecino, que ha alcanzado a todos los países mediterráneos árabes del norte de África, se puede volver muy tóxica, como es el caso singular de Libia, que ostenta los mayores ingresos petroleros per cápita del continente.

Vuelve a resaltar en el caso libio el común denominador tan trillado en las revueltas árabes: revolución demográfica de los jóvenes desempleados (30 por ciento), un tercio de la población debajo del umbral de la pobreza, cleptocracia insolente, satrapía carcelaria y torturadora, etcétera.

La gran novedad libia radica en que ni los ingresos petroleros pudieron detener la ola revolucionaria juvenil y su efecto dominó que ha expuesto su arqueología eminentemente tribal, para nada trivial, que se refleja hasta en la composición de su ejército.

No se trata de un “contagio”, terminajo de la bursátil jerigonza neoliberal, porque las revueltas de los jóvenes desempleados no propagan una enfermedad infecciosa sino expresan una legítima rebeldía libertaria, por lo que preferimos el término menos despectivo del efecto dominó.
Bengasi, su segunda ciudad en importancia (alrededor de 600 mil habitantes), ha caído en manos de los estudiantes aliados a los islamistas locales, lo cual ha cundido a importantes ciudades aledañas (Bayda, Tobruk, Derna, etcétera), cerca de la frontera con Egipto.

A diferencia de Túnez y Egipto, donde los ejércitos marcaron el diapasón de los sucesos, el grave problema de Libia es que Muammar Kadafi representa, acompañado por sus múltiples hijos (de sus varias esposas), enfrascados en la lucha sucesoria paterna, el alfa y el omega del nepotismo circular, que carece de un cuerpo formal de gobierno, de instituciones y de una sociedad civil (inhibida ferozmente, cuando no combatida en su fase embrionaria).

Más que su publicitada “oclocracia” –el poder de las masas (“jamahirya”) y sus comités populares–, Libia constituye una “tribucracia”, una coalición de poderosas tribus en sus tres principales provincias históricas que, además, compiten entre sí desde el túnel del tiempo: 1) Tripolitania, donde habita 60 por ciento de la población, con su capital, Trípoli, de alrededor de 2 millones de habitantes en un país de 6.5 millones, corto en ciudadanos (en el doble sentido: citadinos y demócratas con derechos y obligaciones) para su extenso territorio de 1.7 millones de kilómetros cuadrados; 2) Cirenaica, con su Pentápolis (sus famosas cinco ciudades históricas), que cuenta con 30 por ciento de la población, donde destaca la orgullosa ciudad de Bengasi, y 3) Fezzan, la zona desértica del sur, con 10 por ciento del total.

La ciudad de Bengasi tiene muchos agravios que cobrar al centralismo tripolitano desde 1973 hasta el aplastamiento en 1993 de las veleidades libertarias de la tribu warfala (un millón de integrantes), a quienes hoy los bereberes pertenecientes a las célebres tribus tuareg del sur (medio millón de miembros) se han aliado, al unísono de la tribu oriental de los zuwaya (integrada por medio millón), para capturar en forma espectacular la segunda ciudad libia (Bengasi: capital de Cirenaica), en plena rebeldía secesionista. Se trata de un total de 2 millones de integrantes de tribus rebeldes, prácticamente la tercera parte de la población total del país, que le quita cualquier legitimidad al nepotismo de los Kadafi.

No es que se haya divido el ejército, sino, más bien, sucedió que las tribus que lo integraban en Cirenaica se pasaron del lado de los estudiantes contestatarios, con sus lealtades propias de las tiendas del desierto.

El derrocamiento de Kadafi y su nepotismo puede ser peor que su permanencia en el poder, donde se ha eternizado casi 42 años (el más longevo de África y todo el mundo árabe), porque puede desembocar no solamente en un vacío de poder sino, peor aún, en la balcanización de sus tres provincias, donde imperaría un gobierno central agazapado en Trípoli, con una periferia insurrecta, al estilo de Somalia o de Pakistán o Afganistán.

¿Se volverá Libia un “Estado fallido”, de acuerdo con la taxonomía banal de los teóricos estadunidenses?

En forma dramática, y no sin razón, Franco Frattini, ministro del Exterior de Italia (que históricamente ha mantenido óptimas relaciones con Libia, ya no se diga en el presente petrolero), advirtió la posibilidad de su fractura en dos pedazos y la “autoproclamación del así llamado emirato islámico de Bengasi” (timesofmalta.com, 21/2/11). Aterrado, Franco Frattini consideró que “un emirato islámico árabe en los límites de Europa sería una verdadera amenaza”, pero que Europa, dividida respecto de Kadafi (cuando la magia del olor del petróleo libio supera la fragancia del jazmín tunecino), “no debería exportar su modelo democrático” ni interferir ni intervenir, sino solamente “alentar todos (sic) los procesos pacíficos de transición”.

¿A qué petrolera anglosajona, entre las instaladas en la actualidad –Shell, ExxonMobil y BP (la contaminadora del Golfo de México)–, conviene dividir Libia en dos entidades: Tripolitania y Cirenaica?

Cabe señalar que el “efecto Kadafi” incrementó casi 10 por ciento el barril del petróleo, lo cual será un juego de niños en caso de la caída de la monarquía de Bahrein y su efecto dominó en la provincia oriental de Arabia Saudita, donde habita 30 por ciento de chiítas (nueva cifra de Stratfor en un lapso de tres días).

En su segunda aparición televisiva más extensa (la primera fue muy breve, de 22 segundos), un desafiante Kadafi, dispuesto al martirio y en sincronía ideológica con Franco Frattini, culpó de la revuelta –más allá de sus diatribas en contra de los jóvenes “drogados”– “a los islámicos, quienes desean crear otro Afganistán”, y advirtió que “el emirato islámico instalado ya en Bayda y Derna alcanzaría Bengazi” (Al Jazeera, 22/2/11).

Quizá con el fin de inhibir cualquier veleidad intervencionista de los países occidentales (en especial, de los países europeos sureños, que pueden ser desbordados por un éxodo migratorio), quienes se han confinado en su clásica retórica hueca (debido a sus jugosos contratos petroleros, que priman por encima de cualquier otra consideración), Kadafi advirtió que la inestabilidad “proporcionaría una base a Al Qaeda”.

Curioso: el levantamiento de las sanciones, básicamente de Estados Unidos y Gran Bretaña, condujo a una estrecha colaboración de Trípoli con Washington y Londres sobre las andanzas de Al Qaeda.

¿Pidió Kadafi a Estados Unidos y a Europa “carta blanca” para aniquilar al naciente “emirato islámico de Bengasi, Bayda y Derna”?
Citó pérfidamente los antecedentes del ataque al Parlamento ruso con misiles y tanques de guerra, así como el aplastamiento en 1989 del levantamiento de la plaza Tiananmen, en los que “la comunidad internacional no interfirió”.

Después del discurso de Kadafi, en el que prometió vagamente formular una nueva Constitución, el ministro del Interior, general Abdul-Fatah Younis, luego de presentar su dimisión, anunció su apoyo a la “revolución del 17 de febrero” y apremió al ejército “a unirse a las legítimas demandas del pueblo”.

¿Prosperará el llamado del general Younis, al que Al Jazeera le ha dado mucho vuelo audiovisual? Mucho dependerá de la respuesta de las tribus de la provincia de Tripolitania y su estratégica capital (Trípoli).

La suerte de los Kadafi y de Libia se encuentra en manos de sus tribus.

Fuente: La Jornada

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LIBIA

Guerra de Cuarta Generación:

Estados Unidos promete millones

de dólares para que ocurran

más”revoluciones” en el mundo.

PI23/02/11 En momentos cuando en el norte de África las manifestaciones antigubernamentales alcanzan puntos de alta ebullición con el ejército de Libia atacando manifestantes con ametralladoras y mercenarios, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton anunció que su país apoyará la libertad de expresión en Internet para inspirar más “revoluciones” en otras partes del mundo.

En una intervención dedicada a analizar los instrumentos para difundir los valores democráticos y la libertad, el pasado 15 de febrero Clinton prometió que su gobierno aumentará de 20 a 25 millones de dólares la ayuda para promover las redes sociales en el extranjero.

Para ilustrar la forma en que redes sociales cibernéticas pueden convertirse en mecanismos de concientización social, y locomotoras de procesos políticos que conduzcan a conmociones nunca vistas, la diplomática estadounidense citó dos casos recientes
Como ejemplo positivo Clinton citó Egipto, donde a su juicio, la población guiada por las redes sociales y la telefonía móvil, logró implantar una revolución islámica democrática. Y en calidad de caso negativo, la diplomática destacó Irán, cuya población, según ella es rehén del más férreo autoritarismo islámico.

Ante la abundancia de situaciones revolucionarias en Libia, Yemen y Bahrein, la funcionaria indicó que las redes sociales están demostrando su potencial al momento de ayudar a las poblaciones a buscar cambios democráticos y más libertad.
Pero subrayó que en Irán las autoridades de nuevo arremeten con violencia las manifestaciones pacíficas de la población que sólo aspira a obtener libertades individuales mínimas, y que por esa razón, para ayudar los blogers e internautas de países como Irán, su gobierno destinará “más de 25 millones de dólares”.

Clinton mencionó a blogers e internautas como piezas clave del gran engranaje que pone en marcha el descontento colectivo y que paulatinamente crece hasta adoptar la forma de protestas masivas con reivindicaciones políticas de envergadura tales como la dimisión de presidentes, enmiendas a la constitución y otras reformas de calado.

Aunque en realidad todo comienza a una escala mucho menor, porque en sus blogs la población habla de sus asuntos y problemas personales domésticos y aunque son muy escasos los que proponen desatar revoluciones, aquí comienza un complicado juego político que por razones de supervivencia, ningún gobierno puede pasar desapercibido.
Es evidente que los usuarios iraníes de Twitter y Facebook y los oyentes de algunas radios liberales obligan a las autoridades de Teherán tener cierta precaución y hasta tolerar con cierto disgusto, cuando con ayuda de ordenadores y teléfonos móviles los iraníes prestan atención a organizaciones de la oposición dedicadas a criticar al gobierno por la red cibernética a causa del encarecimiento del costo de la vida, el desempleo, la burocracia y la corrupción.

Lo que cuesta imaginar es cómo planea la señora Clinton distribuir 25 millones de dólares entre los blogers e internautas iraníes, yemeníes, para que se compren ordenadores, celulares con conexión permanente a Internet cómo se imagina la mayoría.
Por lo visto, los millones que dijo Clinton se destinarán a la creación de filiales nacionales de las redes sociales pulpos, Twitter y Facebook en esos países teniendo en cuenta las necesidades específicas de sus usuarios (idioma) y en general, promover la expansión de Internet.

Con mucha probabilidad, parte de esa suma también se destinará a la fundación y financiación de todo tipo de organizaciones sociales con la mira de que de repente se puedan convertir en partidos políticos de oposición con amplia representación por promover consignas atractivas para determinados segmentos de la sociedad.

Al comentar los planes altruistas anunciados por Clinton, muchos expertos rusos proponen reflexionar sobre las implicaciones que podrá tener esa iniciativa para la política exterior de EEUU y hasta qué medida esto afectará la situación internacional.
Observadores rusos desde la prensa conservadora alertan de que apostar por la “internetación” general de los países árabes puede causar muchos problemas en el mundo y más que todo a sus promotores, en este caso a EEUU.

En primer lugar porque todavía no está claro que en Egipto ocurrió una revolución democrática y siempre queda la posibilidad de que la revuelta pueda ser aprovechada por las fuerzas islamistas fundamentalistas que pueden ser interlocutores difíciles a la hora de hablar con Washington sobre asuntos peliagudos como el dialogó palestino-israelí.

El riesgo de régimen islamistas en otros países del mundo árabe también existe sobre todo en Yemen, que de por sí vive una guerra civil latente y donde hay muchas agrupaciones aliadas de la organización terrorista internacional Al Qaeda.

Al promover la aparición de redes sociales EEUU corre el riesgo de crear “criaturas cibernéticas” que después se vuelvan contra sus “progenitores”, es decir organizaciones que repudien los valores sociales y políticos estadounidenses o simplemente causen daños importantes a su política exterior.

Algo parecido ya ocurrió con el portal Wikileaks, y aunque todavía no quedó demostrada la “paternidad” del gobierno estadounidense a la aparición de la página más famosa de filtraciones, quedó más que comprobado las posibilidades de este tipo de organizaciones.
Expertos rusos cercanos a los servicios secretos comentan en la prensa moscovita que EEUU está sacado de la botella otro genio más peligroso, al promover la aparición de organizaciones, redes sociales o portales de Internet que por analogía a Al Qaeda, se puede dedicar al “terrorismo o extremismo social cibernético”.

Bajo estas fachadas organizaciones de toda índole pueden emprender acciones tan o mejores que la emprendida por Wikileaks y causar daños colosales a gobiernos o sus entidades como ministerios, el Banco Central y otras organizaciones.
Entre las muchas variantes, los expertos pronostican por ejemplo, la ola de simpatía que puede cosechar la organización que pueda borrar a los contribuyentes de la lista o registro en poder de las entidades tributarias durante todo el año fiscal.

Fuente: RIA Novosti

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

Un pensamiento en “La estrategia de “demonización” Kadafi abortó el golpe de la CIA y ahora sufre un aislamiento internacional

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