Una imagen sobre la barbarie. Las últimas fotografías de Lucas Dolega

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Med_2836_181536885124_882100124_6484065_6927412_n-jpg El lunes falleció en Túnez el fotógrafo franco-alemán Lucas Mebrouk Von Zabiensky (Dolega), de 32 años de edad.

Dolega, colaborador desde 2006 de la agencia European Pressphoto Agency (EPA), había llegado al país la noche del pasado jueves a tiempo para ver al sanguinario Ben Ali afirmar en televisión haber dado orden a la policía de no disparar contra los manifestantes que desde hacía semanas reclamaban trabajo y democracia.

El joven fotorreportero tomó sus últimas imágenes al día siguiente, mientras cubría la concentración de protesta que se estaba desarrollando frente al Ministerio del Interior [1]. Cuando los mandos policiales mandaron cargar contra los concentrados (conforme a las verdaderas directrices del dictador, no a la mascarada de la noche anterior hecha para engañar al pueblo), la gente huyó como pudo.

Lucas captó con su objetivo la entereza de un pueblo despojado del miedo, la dignidad cabal de las mujeres, la miserable cobardía de policías uniformados y de paisano apaleando a jóvenes [2]. No tuvo tiempo para más. Un cachorro de Ben Ali le disparó a bocajarro una granada lacrimógena, que impactó en su rostro. “Lucas falleció en el ejercicio de su pasión y de su oficio”, aseguró la familia en un comunicado.

Herido en el ojo y la sien izquierda, fue operado esa misma noche en el Instituto Nacional de Neurocirugía de Túnez. Desde ese momento entró en coma, y el lunes se diagnosticó su muerte cerebral.

El líder opositor Moncef El Marzouki, presidente del Congreso para la República (CPR), ha pedido que se procese al dictador “por los crímenes cometidos contra los treinta opositores tunecinos muertos por torturas y los cien tunecinos asesinados durante los últimos sucesos”. Pero la complicidad de sus aliados extranjeros ¿cómo habría de juzgarse?

Hace unos años, durante un paseo nocturno por la tranquila y turística Hammamet, una extranjera me confesó sentirse más segura al contemplar apostados en la calle alguno de estos policías. Y no le faltaba razón, los perros nunca muerden la mano que les da de comer. Occidente les prodigaba el alimento a través del turismo -publicitando la cara amable de un régimen despótico y corrupto- para que los extranjeros pudieran deambular tranquilos por ese “paraíso” de papel couché. Cuantos más y mejores negocios se hacían con “la Familia” de Ben Ali, tanto más desesperante se tornaba la situación de los tunecinos. Y de ese modo, a falta de otra vianda, el pueblo fue alimentando su rebeldía.

Notas:

[1] Túnez: la lógica en cuclillas. http://rebelion.org/noticia.php?id=120398

[2] Ver sus últimas imágenes en: http://www.facebook.com/album.php?fbid=1831341829839&id=1429184254&aid=2112772

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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