Plan Marshall de infraestructura, de locomotora a burbuja

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Aurelio Suárez Montoya

El inventario de daños del invierno entregado el 28 de diciembre registró la muerte de 301 personas, 92 heridas, 62 desaparecidas y 2’217.226 afectadas; hubo 5.162 viviendas destruidas y 324.624 averiadas. Uno de cada ocho kilómetros de vías primarias “reporta puntos críticos” y 2,5 de cada diez de las terciarias están “impactados”; 53 carreteras estaban cerradas, 254 restringidas y 38 puentes vehiculares y 53 peatonales colapsados. Hay 815 instituciones educativas dañadas, que atienden 320 mil estudiantes, 300 convertidas en albergues para 70 mil damnificados y 183 instituciones de salud afectadas. En el agro, se aforan en 370 mil los animales muertos y en 1’324 mil las hectáreas anegadas. A lo anterior se suma la rotura del Canal del Dique.

La reconstrucción requeriría cuatro billones de pesos para las carreteras, los colegios necesitarían centenares de miles de millones, la reparación de viviendas, reubicación y edificación de 60 mil unidades nuevas exigirían 4,2 billones, sin añadir la “refundación” de municipios, y para el sector agrícola se demanda un billón. Los gobernadores de la Costa, tasaron sus requisitorias en doce billones, incluyendo un plan sobre el Magdalena.
Hasta aquí los estragos y el monto para remediarlos. ¿Cuál la fuente de recursos? A los nueve mil contribuyentes, que pagan dos billones anuales por impuesto al patrimonio, si bien se les incrementó un 25% la tasa, los acompañarán otros 32 mil nuevos que pagarán 3,3 billones más. Sobre este gravamen, Kalmanovitz develó que tiene “efectos indeseados” y que se “traslada a los bienes y servicios” que consumen los ciudadanos de a pié, los mismos que, como cuentahabientes, pagarán la prórroga del cuatro por mil y también, mediante impuestos indirectos, los 150 millones de dólares que prestará el Banco Mundial del Fondo de Riesgo de Catástrofe y otros 350 millones prestados por el BID. Se piensa incorporar también recursos de capitalización y la venta de Ecopetrol.

El Ministerio de Hacienda pondrá, vía el pueblo raso, la cuota inicial para que los capitales financieros coloquen el resto. El jefe de Planeación ya evaluó en dos o tres dólares privados por uno oficial, en nichos de inversión de nuevas concesiones viales y fluviales, macro proyectos de vivienda y otros planes adicionales en alianzas público-privadas. La contraprestación será la privatización de más áreas, “habrá más licitaciones”, crecerán las “oportunidades de negocio”. Ya hay puntadas al respecto: el Zar de la Reconstrucción es un lince de las finanzas y la mano de obra barata la proveerán 50 mil damnificados que recibirán apenas medio salario mínimo. Así, merced al invierno, la infraestructura pasará de locomotora a burbuja, a tono con las finanzas mundiales y con la ideología neoliberal de las reconstrucciones. Esta no será la excepción. Es el verdadero Plan Marshall.

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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