Colombia, a la merced de los apáticos. Darío Botero

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ALAI

Victoria ¿aplastante?

A primera vista, el triunfo relativo de Juan Manuel Santos el domingo 30 de mayo en las elecciones presidenciales de Colombia es inexplicable, de modo que ha confundido al mundo entero.

Las encuestas acertaron al identificar a los dos punteros, pero su error en las cifras fue garrafal.

Cuando pronosticaban votaciones de alrededor de un 36% tanto para Mockus como para Santos, con un margen de dispersión del 2%, los resultados arrojados por las urnas sorprenden y no dejan de despertar suspicacias, pues es sabido que el fraude es un compañero fiel de los políticos tradicionales.

Santos obtuvo el 46.5% mientras Mockus apenas llegó al 21,5%.  Pero ambos pasaron a la segunda vuelta.

Sin embargo, debido a la diferencia tan significativa, no faltó quien le sugiriese a Mockus que desistiese de una vez para ahorrarles ese gasto de otras elecciones a los contribuyentes que tanto ha esquilmado Uribe, y que tanto ha engañado con sus costosos Consejos Comunales.

El prudente consejo merece examinarse.

Habilidades de ganadores

Pero antes hay que felicitar a J.J. Rendón, quien ha quedado como un tramposo oportunista y facilista al comprobarse que la misma campaña prometedora de empleo, manejada con cargas subliminales magistrales, que le regaló o le vendió a Juan Manuel, la usó en Honduras para elegir al Lobo, y, también, en la campaña para la gobernación de algún mexicano, lo cual demuestra que su promesa es pura demagogia.

Eso es lo propio de los políticos: jamás cumplen sus buenas promesas, pero casi siempre cumplen exageradamente las malas.  Lo que les interesa es engañar a quienes van a ser sus víctimas.

Esa felonía les sirvió a José Manuel y a José Obdulio para confirmar que su amigo admirado efectivamente es el rey del engaño y la manipulación.  En vez de enojarlos, los sedujo.  Lo identificaron como uno de sus clones morales, totalmente inescrupuloso.  ¿Qué mejor garantía podrían exigir?

Se convencieron de que era su hombre.  Que si no era él, nadie podría engañar a un electorado que se estaba poniendo arisco y amenazaba con quitarse las bridas que Uribe le ha ido poniendo pacientemente durante ocho años de cinismo, crímenes, depredación y ruina.

Efectivamente, contra todas las previsiones de la gente decente, el magistral y conocido venezolano, famoso negociante del embuste y la manipulación ideológica y subliminal, logró atraer a los despistados electores, enceguecidos por el furibismo e incapaces de discernir entre lo real y lo fantástico en las promesas de sus caudillos.

Los convenció, con la misma campaña publicitaria que sedujo a los ingenuos hondureños que votaron por “Pepe” Lobo, de que Santos generará dos millones y medio de empleos.

Me pregunto ¿cuántos prometería Uribe?  Eso se lo llevó el viento, y a nadie le importa ni lo llama a cuentas.  ¿Quién se atrevería con Uribe? ¿Y con Santos?

Realidades y cifras

Pero sabemos que el furibismo no fomenta sino que reduce y combate el empleo, aunque con sus maromas verbales de neolengua logra enredar a sus seguidores, poco aficionados a pensar pero bastante proclives al insulto y la descalificación destemplada de sus contradictores.  Más que la inteligencia, su signo de victoria es la fuerza.

Aunque el desarraigo campesino causado por los despojos de sus tierras y el consiguiente desplazamiento para evitar la muerte, los deja sin sus empleos tradicionales, el hecho de que caigan en el “rebusque” (economía informal) en las ciudades, les sirve a los funcionarios oficiales (DANE) para excluirlos de las cifras de desempleo.

No obstante, la tasa de desempleo reconocida por el Gobierno supera el 12%.  Mientras tanto, según se ufana Uribe, la inversión extranjera ha crecido en un promedio anual del 25%.  Esto indica que el despojo de nuestras riquezas ha sido aterrador e inmisericorde.

Además, esas cifras demuestran las incoherencias y mentiras de Uribe, que ni las piensa para decirlas, pues es falso que al subir la inversión suba el empleo, como se ha empeñado en hacernos creer, lo cual Santos también hará.

Con semejantes niveles de inversión, debería haber empleo hasta para inmigrantes, pero no es así ni jamás lo será mientras los recursos naturales se destinen al saqueo por extranjeros ajenos a la solución de nuestros problemas pero dedicados a agravarlos, contando con la complicidad de los vendepatrias, todavía encandilados con el Imperio e incapaces de oler su fetidez.

Generoso desespero

Volviendo al prudente consejo para que Mockus se retire de la contienda electoral, puede atribuírsele al genial asesor venezolano, aunque José Obdulio también pudo ser su autor, pues tampoco carece de ideas e iniciativas perversas.  Para algo debe servir ser primo hermano del gran capo Pablo Escobar Gaviria y tener dos hermanos que le siguieron los pasos, aunque sin tanto éxito.

De todos modos, es un consejo oportunista y pérfido que pretende evitar la posible derrota en la segunda vuelta del candidato resuelto a consolidar la república mafiosa tanto como a consagrar la impunidad de sus perversos actores. Sus compinches, desesperados, buscan presentar la abultada diferencia actual como una victoria indiscutible y arrasadora que sólo podrá ser corroborada pero jamás revertida.

No obstante, si tenemos en cuenta que los furibistas temen perder la libertad a causa de su actividad delincuencial de todo orden en el ejercicio del poder durante ocho años, cuando menos; es indudable que en la jornada electoral pasada sacaron todas sus cartas para buscar prolongar el régimen mafioso y neoliberal, del cual Juan Manuel Santos es la ficha más confiable, sin que Noemí Sanín o Germán Vargas desmerezcan como tales, tampoco.

Pero, a los últimos, su caudal electoral los descalifica en esta oportunidad. Por eso, lo esperado es que intenten endosarle sus votos al presunto ganador para poder disfrutar de nuevo de las mieles del poder, aunque sea en una embajada bien ubicada.  Siendo hábil, en ellas también se pueden hacer buenos negociados, y se pasa sabroso.

Méritos de Noemí

A Noemí, al menos, tal sacrificio por la patria le serviría para coronar una exitosa carrera pública.

La inició distrayendo con fútbol a los colombianos mientras en el antiguo Palacio de Justicia, que tanto se demoraron para construir, el ejército asesinaba juntos a los jueces de mayor categoría, a los guerrilleros que se prestaron para la maniobra criminal, y a todo el que quedó allí después de que Belisario sacó a su hermano Jaime, y otros personajes del Gobierno lograron poner a salvo a sus seres queridos.

El famoso genocidio, que nos convirtió en uno de los países más descompuestos del mundo entero, ocurrió entre el 5 y 6 de diciembre de 1985.  Fue adelantado con una saña que nunca olvidaremos y que Belisario Betancur tendrá que pagar.  Por eso no se muere, a pesar de su avanzada edad.  Pero él cree que es por sibarita y amoral; porque “sabe” vivir.

Cuentas alegres

En cuanto a los cálculos electorales, lo que puede concluirse es que menos del 25% de los electores apoyan el furibismo, a pesar de lo que intentan inculcarnos mediante encuestas, publicidad, retórica y otros recursos tramposos, como las cifras que empañan y deforman la realidad del desempleo, el desplazamiento, los falsos positivos o la miseria.

Es claro que más de la mitad de los ciudadanos habilitados para votar no ejercen su derecho.  Muchos, simplemente, no lo pueden ejercer. Tal es el caso de los desplazados quienes, seguramente, no apoyarían en las urnas a los causantes de su tragedia, si pudiesen votar.

Pero los expertos consideran que un 30% de ciudadanos, que son apáticos, podrían intervenir y cambiar el aterrador futuro que nos ofrece el furibismo.

Vilezas que alejan

Es de suponer que detestan la política y, sobre todo, a los políticos, pues no se les escapa su vileza profesional.

Saben que son personas a las que, si no mienten, engañan y traicionan, se les reduce su capacidad para hacer negociados, y no consiguen ingresos.

Por eso, de los que votaron por Rafael Pardo a nombre del partido liberal sólo se puede esperar que busquen acomodo al lado de la “gallinita” furibista, comprometida a continuar con las políticas anticonstitucionales de Álvaro Uribe Vélez.  Saben que el avechucho tendrá la capacidad para otorgar puestos, contratos y negociados, tanto como impunidades y prestigios.

Este inmenso estadista, tan rupestre, ha exigido que sus apasionados fanáticos elijan a quien pueda cuidar sus tres huevitos, que parece que jamás empollarán, después de un cacareo ensordecedor que ya dura ochos años: la “Seguridad Democrática”, la “Cohesión Social” y, el más importante, que los llena de comisiones y amigos poderosos en el mundo entero: la “Confianza Inversionista”.

Los apáticos saben que los políticos, siempre y en todas partes, buscando maximizar su beneficio personal, les prometen a sus electores que se dedicarán a defenderlos y les darán cualquier cosa que se les antoje o necesiten.  Pero difícilmente cumplen lo prometido después de salir elegidos.

Decentes al rescate de vendepatrias confesos

Desde luego, ese significativo número de ciudadanos hastiados con la politiquería dispone de un poder nada despreciable.  Si lo deciden, el próximo presidente puede ser Mockus.

Quizás algunas reflexiones patrióticas los puedan motivar a salvarnos del fracaso, como país condenado a ser paria a pesar de sus riquezas y privilegios naturales. Al menos, su intervención puede aplazar el aterrador destino y dar lugar a gestar otra realidad.

Desde luego, el servilismo de Mockus al Imperio es tanto o más manifiesto, irracional e incondicional que el del mayordomo Uribe. Cuando escucha el nombre de USA se le eriza la piel y se le agota su capacidad reflexiva.  Nada que el Imperio promueva le parece criticable.

Ambos son unos notables neoliberales dispuestos a garantizarles a las multinacionales el saqueo de nuestras riquezas naturales en las condiciones que más las favorezcan, sin importarles en lo más mínimo la suerte de las poblaciones autóctonas o la destrucción del medio ambiente.

Poco les mortifica o desvela profundizar las diferencias sociales y la iniquidad permanentes que alimentan la guerra popular prolongada, reiniciada desde la década de 1960 con carácter  revolucionario.

Pero Mockus se declara defensor de la vida. Por ende, como estrategia de solución al problema social, tal vez  no acudiría exclusivamente al exterminio de los guerrilleros que busca el vengativo Uribe, enemigo declarado de los asesinos de su padre (las FARC), y que Juan Manuel Santos se ha comprometido a continuar.

Éste, además, busca mayor impunidad con su propuesta de que el Fiscal General sea nombrado por el Presidente, quien es el jefe de los funcionarios que el Fiscal debe juzgar.

De tales elementos, en este país de criminales hay algunos en capilla, rezando para quedar impunes, aunque sea por vencimiento de términos.

Con semejante recurso de la “justicia”, fueron excarcelados los pocos acusados entre los numerosos militares asesinos directos de los jóvenes que hicieron pasar como guerrilleros caídos en combate (los famosos “falsos positivos”), acatando las directrices del Ministro de Defensa que, en ese entonces era el flamante Juan Manuel, héroe internacional de Angostura y próximo presidente de Colombia, si somos inferiores a nuestro deber.

Detalles que enamoran

En consecuencia, entre Mockus y Santos existen diferencias de matiz. El primero no acudiría exclusivamente a la solución militar.  Según parece, también trataría de reducir los desequilibrios sociales como parte de su propósito de acabar con las guerrillas, lo cual es impensable en los furibistas.

Hasta se le puede creer que impulsaría una educación de calidad para la población, pues es el único que tiene interés en la “sociedad del conocimiento” que imperará en la Nueva Era, lo cual, al menos, nos brinda una esperanza de que tendremos futuro digno, si Mockus cumple su palabra, aunque el presente sea deplorable.

En cambio, con Santos podemos estar seguros de que el futuro también será deplorable, si es que logramos vislumbrar un futuro en un país que se esmeran por convertir en fracasado y paria, a merced de los intereses de los potentados extranjeros.

Gobernantes verdaderos (y agónicos)

De todas formas, los USAnos siguen dispuestos a implementar sus planes de guerra que les permitan a los potentados continuar ejerciendo el poder en todo el mundo, contra las mayorías y contra el planeta mismo.

Es obvia su incapacidad para garantizarnos algún futuro como especie, reclamado como propio y merecido por las nuevas generaciones, pues no entienden la etapa evolutiva que hemos alcanzado, ni poseen los talentos necesarios para entenderla algún día.  Y, de entenderla, su propósito es sabotearla, tratando de impedir que surja, pues en ella no tienen cabida.

Sus habilidades son las de los guerreros.  En la comunidad de pensadores se ven como mosco en leche.  Les son ajenas la delicadeza,
la sabiduría, la inteligencia, la sensibilidad; todo lo que nos ha aportado la civilización a través de un largo camino de aprendizaje y
dignificación que estamos culminando.

Pero Mockus sí entiende algo de esto, y lo defiende. De ahí que represente alguna esperanza de bien mientras Santos sólo nos augura sufrimientos, humillaciones y ruina.

No obstante, ambos siguen de rodillas frente al Imperio, y lo han dejado muy claro al apoyar la invasión de USA a siete bases militarse colombianas cedidas abusiva e inconstitucionalmente por Uribe, como es su costumbre totalitarista, nacida de su talante de domador con complejos de patriarca, ambiciones de inmortalidad y miras de capataz memorioso y saludador.

Siendo así, los escépticos, los indiferentes y los enemigos acérrimos de la politiquería, por sucia y depravada, tienen razón para seguir en su mutismo, porque ambos candidatos ofrecen lo mismo.

El mal menor

La gran diferencia, definitiva, que exige que los pulcros apolíticos reaccionen, reside en que Mockus directamente, y muchos de quienes lo rodean, parecen ajenos a la parapolítica y al narcotráfico de derecha, que tanto manchan a los furibistas, hasta ser su más notable distintivo y común rasero.

Los vínculos que tuvo su fórmula vicepresidencial, Sergio Fajardo, con los “paras” cuando fue alcalde de Medellín, más que a una política suya obedecieron a una imposición de Uribe.

El famoso domador y chalán la acordó con sus antiguos amigos, vecinos y socios que lo llevaron a la presidencia la primera vez, ilusionados con una impunidad consagrada legalmente en un estado mafioso sometido al poder de los capos.

Ante el desafío, la actitud de Fajardo fue aceptar la “donbernabilidad” (el control de la ciudad y el orden público por un mafioso apodado “don Berna”).

Bajo tal dominio, la criminalidad y la delincuencia se redujeron dramáticamente en Medellín.  Ni corto ni perezoso, el avispado “apolítico” Fajardo aprovechó su suerte para recorrer el mundo entero explicando el milagro de su gestión, que le mereció el respeto y el
reconocimiento generales.

Los despelotes surgidos después de que Uribe consideró más conveniente extraditar a los “refundadores de la patria” que reconocerles sus derechos políticos, los ha sufrido el sucesor de Fajardo, el despistado Alonso Salazar.

Éste es un destacado deforestador de la ciudad, como también lo fue Fajardo, talador de especies preciosas, frondosas y vitales, y apasionado del cemento.

El actual compañero de Mockus, su fórmula vicepresidencial,, cuando fue alcalde en Medellín, prefirió que el  contaminador parque automotor dedicado al transporte de carga pudiese usar la llamada Vía Regional en su tránsito nacional, contribuyendo de manera significativa al asombroso aumento de nuestra temperatura local (alrededor de unos 10 grados respecto al promedio de hace 40 años) tanto como a la contaminación atmosférica y sonora del sector de El Poblado próximo al río.

Apoyo doloroso pero básico

En definitiva, en manos de los abstencionistas redomados queda la posibilidad de cortarle una de sus dos cabezas a la república mafiosa y neoliberal, sin que ello signifique mayor progreso.  Sólo para evitar el peor de los futuros o, al menos, para conservar la posibilidad de tener alguno, algún día, cuando la gente decente entienda que no hay salvadores; que la redención es asunto de las mayorías soberanas y no de caudillos iluminados.

Con ambos, el neoliberalismo seguirá entronizado.  Ambos candidatos garantizan que el saqueo de la patria continuará por parte de los amados inversionistas extranjeros.

Pero se le puede quitar protagonismo a la mafia y hasta castigar a tanto bandido, si los que se niegan a involucrarse con la politiquería votan por Mockus en la segunda vuelta, y éste conserva su dignidad e independencia, lo cual es bastante difícil si consideramos el axioma mercantil de que todo(s) se vende(n), tan ratificado globalmente por la “esperanza” mestiza, el farsante Obama.

Si los apáticos no intervienen, la consolidación del totalitarismo narcotraficante será inevitable, de modo que pronto estaremos como Haití, cumpliendo la meta trazada por el rencoroso “pollo” López para una patria cuyos oligarcas tradicionales se atrevieron a ofenderlo y obligaron a su padre a renunciar a la presidencia en 1943, por pura envidia.

Es un desafío interesante para una sociedad cada vez más descompuesta y alejada del progreso y la civilización, a pesar de que tuvo un futuro promisorio y alcanzó éxitos significativos (desconocidos por las actuales generaciones) antes de que el Imperio obligara a los gobernantes vendepatria a implantar el neoliberalismo.

Análisis cuantitativo

Si los votantes repiten y se alinean, el único que podría aliarse a Mockus sería el Polo Democrático Alternativo que postuló a Gustavo Petro.

En términos gruesos, así elevaría su potencial al 31% de quienes votaron.  En tanto, los aliados de Santos (Vargas Lleras, Noemí Sanín, Rafael Pardo y los otros) subirían el suyo al 69%.

Estos porcentajes se establecen tomando como base a quienes votaron, como se dijo.  Pero si se considera todo el universo electoral, la votación que puede acumular Santos equivaldría al 34.5%, mientras la de Mockus representaría el 15.6.

Dado que los abstencionistas son un poco más de la mitad de los ciudadanos habilitados para votar, Santos aseguraría una mayoría absoluta conquistando un 15.6% adicional.  Pero Mockus requeriría un 34.6%.

Significa que para que Antanas le gane a Juan Manuel se necesita que más de la mitad de los apáticos abstencionistas se animen a votar, y que lo hagan por el lituano.

Si un 35% de indiferentes resuelven participar el 20 de junio a favor de Mockus, sería posible derrotar la república mafiosa que, de lo contrario, se fortalecería y perpetuaría, convirtiéndonos en el Estado paria que nos pronosticó el  “pollo” López.

El desafío para la ciudadanía es serio e histórico.  Merece que todos nos pellizquemos.  ¿Qué resolverán los apáticos?  El futuro común está en sus manos.

http://alainet.org/active/view_docs.php3?overview=Politica&sub=Elecciones

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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