El “Milagro verde” y la postergación del cambio social en Colombia, Jorge Forero

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Coincido con Antanas Mockus en que uno de los más fuertes obstáculos para la construcción de una sociedad distinta, se encuentra en nuestra cultura. Es decir, en nuestra incapacidad endémica de discutir, deliberar, acepar las posiciones distintas, y de valorar el disenso y la crítica como algo necesario para la sociedad, y no como un acto de traición a la patria. Es como si en cada frente estuviese estampada la clásica frase de calcomanía de tendero “Aquí no criticamos, aquí trabajamos por una Colombia mejor”; como si trabajar y criticar fueran excluyentes, y como si la única forma de transformación de una nación fuese el cumplimiento de la clásica consigna uribista: “trabajar, trabajar y trabajar…”.

Esta actitud, que alguna vez creímos exclusiva de los uribistas, está por el contrario presente en todos los sectores políticos. La clausura de la deliberación se efectúa entonces de manera automática, y las elecciones parlamentarias y presidenciales, que podrían ser una oportunidad para reflexionar en torno al país que queremos, se convierte en una rápida construcción de líneas divisorias que simplifican el panorama político, y sobre todo, clausuran el proceso deliberativo. Por ejemplo, si alguien critica las propuestas del candidato Mockus, la respuesta inmediata de muchos de sus allegados es ¿No ve que si no votamos por Mockus, Santos va a ganar? Entonces, o se es mockusiano, o se es uribista. Siniestra disyuntiva. Simplificación radical del panorama político. Desde esa perspectiva entonces, todos mockusianos.

Para ser justos, la simplificación no se queda solo ahí. Un reduccionismo no menor tiene que ver con la caracterización de Mockus como un candidato portador de los mismos valores del uribismo. Esto equivale a sumir el espectro político en la noche en la que todos los gatos son pardos, lo que nos impide reconocer el verdadero significado que el fenómeno electoral de Mockus significa.

Empecemos por el uribismo. La más nefasta, terrible y perniciosa de las experiencias políticas pasadas, presentes y futuras.  La combinación del proyecto paramilitar iniciado por los hermanos Castaño “a las puertas del Ubérrimo”, con el programa neoliberal llevado a su máxima expresión. Uribe llevó a cabo medidas sistemáticas de reducción del Estado, cierre de hospitales públicos, reducción de presupuestos en educación, flexibilización laboral y por supuesto, la negociación del pernicioso T.L.C. con los Estados Unidos, al tiempo que logró convertir al Estado en una máquina mafiosa capaz de perseguir, interceptar, asesinar y judicializar a sus opositores políticos. Es cierto que el Estado colombiano ha sido criminal a lo largo de toda su historia, pero nunca como durante los últimos ocho años, vimos tan altos niveles de represión e impunidad, ejercidos por los organismos estatales. La mayor novedad de tan siniestro panorama, era que el uribismo representaba en realidad la consolidación del aparato hegemónico paramilitar, para utilizar una expresión gramsciana. Es decir, la construcción ideológica inaugurada en los discursos políticos de Castaño en 1996, surgía ahora en boca del presidente democráticamente electo, y era repetida a continuación por millones de colombianos. ¿Degollan a machete a 5 niños en San José de Apartadó?  Normal: La comunidad de Paz es un refugio de auxiliadores de la guerrilla. ¿El ejército fusila a tres sindicalistas en Saravena Arauca? De seguro tenían vínculos con la guerrilla. ¿La Fuerza pública asesina a más de 1.800 jóvenes, haciéndolos aparecer como guerrilleros? Mentiras creadas por las ONGs y los dizque defensores de derechos humanos ¡Auxiliadores de la guerrilla! ¡Guerrilleros vestidos de civil!, etc., etc. Desde esta representación del mundo político, Piedad Córdoba es una negra comunista, los militantes del Polo son chavistas, los líderes de las organizaciones sociales tienen nexos con la guerrilla y por eso les pasa lo que les pasa. La lucha contra el comunismo agazapado, contra esa guerrilla cuyos nexos llegaban hasta Irán, justificó, durante ocho años, la comisión de crímenes que harían sonrojar a Pinochet, en un contexto en el que las encuestas (las encuestas, esas maravillosas constructoras de la realidad social) siempre mostraron la imagen favorable del presidente Uribe, generando el mito del “efecto teflón”, del que hasta hace poco nos decían que convertía al presidente-candidato en inmune a los escándalos que pululaban a su alrededor.

Diera la impresión de que algo puede estar cambiando al respecto. Y tal vez es lo positivo del fenómeno que constituye la “ola verde”: un porcentaje de aquellos que justificaban los actos ilegales y el desmantelamiento del Estado de Derecho, direccionado por Uribe y su pandilla, están ahora apoyando a Mockus y a Fajardo, cuyo discurso se basa en dos principios clave: a) el fin no justifica los medios, y b) la vida es sagrada. La apelación al cumplimiento de las normas legales y constitucionales no es menor, y varios han señalado, con razón, que el paso de las dictaduras a las democracias en el Cono Sur estuvo mediado por un proceso en el que los movimientos populares tuvieron que poner en discusión y reivindicar como propio, el cumplimiento de las normas legales, jurídicas y formales contenidas en el sistema democrático, como punto de partida para una participación política de la izquierda y de la oposición. La importancia de la vigencia de los derechos fundamentales sólo muestra su importancia en momentos como los que vivimos, en los que son violados flagrantemente por el Estado. Si detrás del fenómeno político representado por Mockus se esconde el reconocimiento de su importancia por parte de la sociedad civil, bienvenido sea.

Parece, sin embargo, que detrás del Milagro Verde se esconden otros tres fenómenos más simples. El primero, tiene que ver con la ausencia de carisma en los candidatos del oficialismo. Dado que las encuestas tienden a capturar la intención de voto de sectores propensos al voto de opinión más que a las maquinarias clientelares, resulta aún más sorprendente que la cantidad de gente dispuesta a votar por Mockus, que alguien quiera votar por Santos, un tipo que no quiere ni la familia y al cual un importante sector del uribismo le está dando la espalda. Es el cumplimiento de un temor siempre presente en el uribismo: que no hay uribismo sin Uribe, que sin el presidente-candidato, las facciones frágilmente coaligadas se desgarrarían en medio de mezquinas confrontaciones, como las que hoy caracterizan al PIN, al Partido Conservador, a Cambio Radical y al Partido de la U.

El segundo fenómeno tiene que ver con la cada vez mayor tendencia en América Latina a votar por un “outsider”, es decir, por alguien a quien la gente no identifica como relacionado con la política tradicional. Este fenómeno ha determinado en buena medida la crisis de los partidos tradicionales en el continente, y en su momento llegó a favorecer a candidatos de izquierda, como en el caso de Correa en Ecuador. En el año 2006, por ejemplo, este factor catapultó a Carlos Gaviria, lo que en buena medida explica que muchos de los que votaron por él, estén ahora dispuestos a apoyar a Mockus, quien evidentemente ocupa una muy distinta posición dentro del espectro político. Mockus tiene además, precisamente, la ventaja de no ser de izquierda, filiación que en Colombia resulta sospechosa de totalitaria, de chavista o de fariana.

Y el tercer factor, infinitamente más siniestro y lamentable, es el temor casi visceral de los sectores de izquierda ante la perpetuación de la pesadilla uribista mediante la elección de Santos. Desde esa perspectiva, con tal de derrotar a Santos: ¡Lo que sea, maldita sea!

Pero lo más importante, y lo que sin notarlo ha catapultado la campaña política del Partido Verde, es que no representa ninguna amenaza para la estructura social vigente en Colombia, caracterizada por la inequidad y la injusticia social.

Primero porque su programa de gobierno no contiene la más mínima propuesta redistributiva, en el país con mayor nivel de desigualdad en América Latina. Mientras que Pardo, del partido liberal, propone la creación de impuestos al patrimonio, o Petro del Polo Democrático, propone la tributación de tierras improductivas, la propuesta de Mockus se limita a extender la base tributaria del IVA, impuesto al consumo, el más regresivo de todos los impuestos, y el que tiende a afectar a los sectores más bajos de la población. Si a esto le sumamos el respaldo que en distintos momentos ha manifestado respecto a la reforma laboral de Uribe, calificando de “privilegios” las prestaciones sociales de los trabajadores, y de “bienintencionada” la flexibilización laboral,  los sectores privilegiados tiene buenas razones para apoyar al candidato verde.

No representa, tampoco, ninguna amenaza para los intereses estadounidenses en Colombia. En un reciente debate afirmó que el acuerdo militar con Estados Unidos era problema del gobierno Uribe, no del suyo. Pese a su discurso en torno a la importancia de la legalidad como mecanismo de solución del conflicto social y armado, parece importarle poco, o nada, que el Estado colombiano se haya comprometido a no juzgar a los militares y mercenarios norteamericanos presentes en aquellas bases. Paradójicamente, en un mar de legalidad, estos soldados y mercenarios vivirían en islas de impunidad, pese a estar inmiscuidos, en Colombia como en otros países, en crímenes sexuales, de narcotráfico y de lesa humanidad.

No representa finalmente, mayor amenaza para las organizaciones paramilitares vigentes en el país, y para el narcotráfico, que constituye su condición de posibilidad. No puedo imaginarme a los narcos preocupados porque luego de la campaña de concientización liderada por Mockus no haya un solo colombiano dispuesto a trabajar para ellos. Tienen más razones para temer de la propuesta de Pardo de impulsar el debate en torno a la legalización, que minaría la base económica de sus astronómicas ganancias, o la de Petro, dirigida a fortalecer los procesos de extinción de dominio, e incluso a la innegable política de extradición  masiva de Álvaro Uribe.

De hecho, puede afirmarse por el contrario, que Mockus, Fajardo, Garzón y Peñalosa, miembros del Partido Verde, son el tipo de administración que requiere un proceso de modernización tecnocrática como el que se avecina en Colombia, en el marco de un posible T.L.C. con Estados Unidos (solo frenado por los problemas judiciales del gobierno Uribe), y de la implementación de los grandes megaproyectos del IIRSA y los contenidos en el proyecto Colombia 2019.

Tal vez esto pueda explicar el apoyo decidido al candidato Mockus por personajes como Rudolf Hommes, sumo sacerdote del proyecto neoliberal colombiano, o Luis Carlos Restrepo, negociador de la infame Ley de Justicia y Paz. Es el candidato perfecto: puede unir en su seno a sectores del centro, de la izquierda y de la derecha, mientras repite mesiánicamente “todos tenemos remedio”. Incluso puede traer la paz a Colombia. La paz, entendida como el cumplimiento irrestricto de las normas legales, en medio de la perpetuación de un orden social en sí mismo injusto y criminal: una paz demasiado parecida a la sumisión. La justicia social, en cambio, no. Me temo que ese tema no le preocupa al candidato Mockus.

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

9 pensamientos en “El “Milagro verde” y la postergación del cambio social en Colombia, Jorge Forero

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  2. Excelente analisis sobre la coyuntura política y la continuidad del proyecto político de las clases dominantes en Colombia.

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  3. EXCELENTE ARTICULO, HAY MUCHOS ASPECTOS QUE NO ESTAN CLAROS PARA EL GOBIERNO DE MOCKUS HABIENDO TANTO QUE HACER POR COLOMBIA , QUE SERA? PROPAGANDAS QUE DESVIAN REALMENTE EL OBJETIVO DE UNA CAMPANA O QUE REALMENTE NOS GUSTA QUE NOS METAN INFORMACION CARENTE DE ANALISIS ANTE UNA REALIDADDD.

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  4. Estimado amigo, por favor revisa el programa de gobierno, donde el punto referente a desigualdad social ocupa un lugar privilegiado (la primera frase del programa expresa la preocupación en ese sentido).

    http://www.partidoverde.org.co/PropuestadeGobierno.aspx

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  5. No hay nada mejor, que un análisis político de las elecciones para darnos cuenta de las verdaderas intenciones de los candidatos.

    Felicitaciones.

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  6. Me gusta, buenos argumentos .. Pero de que crisis de partidos habla? si esta crisis viene desde antes del frente nacional … esta frase …” Pero lo m … Ver másás importante, y lo que sin notarlo ha catapultado la campaña política del Partido Verde, es que no representa ninguna amenaza para la estructura social vigente en Colombia, caracterizada por la inequidad y la injusticia social.” … Es Falso, el sisema está temblando y todos sabemos porque … Por No representar ninguna amenza? … La dedocracia, la injusticia social, la burocracia como tal … no se inquietan porque si ante la amenaza verde de despojarlos del trono … Y en tan poco tiempo … el voto de opinión se ha levantado … y con este artículo tan bueno … pero con lunares, me hace ser más critico ante la campaña de Mockus, no es un mesias, el mesianismo se acaba con el uribismo … bienvenidas sean las críticas, y afuera los lagartos que quieren conservar un puesto y comen callados … El 30 de Mayo a las Urnas por un voto Verde conciente, no porque Santos pierda, sino para que COLOMBIA GANE
    NO olviden el consejo de revisar el programa de gobierno …Hablar basándose solo en los eslogan de la campaña, justifica quizá la desinformación … El partido Verde no carece de un programa social incluyente como muchos creen … El articulo tiene muchas verdades … pero no lo hace merededor de la batuta de la verdad… que en realidad nadie la llevaría…

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  7. Amigo, lo felicito. usted dice lo que ami megustaria decir. Excelente articulo.

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  8. Mockus mandó hacer su programa hace 2 semanas (por que se lo exigieron mucho) y es un pegote de todos, retazos, debemos analizar bien antes de votar por un tipo que solo beneficiará a la clase poderosa, buen artículo.

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