¿Uribismo mafioso y no mafioso?

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El proyecto político uribista se ha escindido en dos grandes vertientes: la que pretende deslindarse de la mafia y la que no puede renunciar a esa alianza criminal.

En el primer bando están los (neo) liberales con Vargas Lleras a la cabeza, los (neo) conservadores que acompañan a Nohemí Sanín, y otros sectores que se han ido retirando de esas filas. Gina Parody fue la primera en hacerlo.

En el segundo bando están los liberales y conservadores corruptos que conformaron el partido de la “U” y los pequeños partidos abiertamente mafiosos (PIN, Apertura Liberal, etc.). Son políticos y personas que siempre han estado dispuestos a vender su alma al diablo. Se aferran al poder sin ningún tipo de escrúpulos. Uribe es su director.

El reacomodo político de la elite oligárquica y del imperio fue detonado por la evidente debilidad del gobierno uribista. El deterioro creciente de su imagen a nivel nacional e internacional, los llevó a tratar de mantener las políticas del uribismo pero sin Uribe (y sin la mafia que lo rodea). Desean evitar que la tendencia declinante sea canalizada por fuerzas políticas progresistas, nacionalistas y verdaderamente democráticas.

Pero no va a ser fácil. La alianza criminal y corrupta en el poder no va a ceder fácilmente sus privilegios. En ocasiones los proyectos políticos desencadenan dinámicas propias y autónomas. Se convierten en verdaderos fenómenos sociológicos y hasta psicológicos. Los nazis, fascistas y falangistas son los casos más estudiados. Muchas veces, las élites dirigentes quedan presas de las fuerzas que liberan, al no tener controles institucionales para canalizar los apetitos y expectativas que logran generar.

En Colombia tenemos un ejemplo en el terreno económico que se puede asimilar a lo que ocurre en el uribismo-mafioso. Las “pirámides para-financieras” DMG y DRFE desataron una avalancha de negocios ilegales que retroalimentaban una rueda de intereses que hacían que el torrente de apetitos económicos creciera exponencialmente. El resultado final fue la debacle total. Los “partidos” PIN y Apertura Liberal son la expresión más acabada de ese fenómeno, pero al interior del partido de la “U”, los Roys Barreras marchan por ese camino.

El entorno gubernamental actual marcha al unísono. En Colombia los partidos de la mafia han conseguido amarrar a su proyecto a miles de familias dependientes de los “incentivos económicos condicionados” (familias en acción, guardabosques, etc.) y explotan políticamente el comportamiento “traqueto” que ha aparecido en una gran parte del pueblo colombiano, que es el resultado de casi cuatro décadas de auge de la economía ilegal que gira alrededor del narcotráfico.

Este es un fenómeno cultural surgido de la combinación del espíritu aventurero heredado de los españoles buscadores de oro (en el fondo de todo “paisa” existe un “guaquero” en potencia), el clientelismo tradicional (compra de lealtades), y la cultura mafiosa del enriquecimiento fácil. La ética política está fuera de lugar en ese medio.

La oligarquía financiera en Colombia asimiló la experiencia de DMG en lo económico, pero están atados indisolublemente a la economía especulativa. Sólo un empresariado nacional aliado con los trabajadores y demás sectores populares puede romper con ese modelo de Estado ligado a la pre-modernidad, la dualidad legal-ilegal y a la ausencia de una verdadera unidad nacional. Por ello tenemos un “Estado fallido”.

En lo político, las lecciones aprendidas con el fujimorismo en Perú, vacunaron a esa dirigencia dominante frente a la fiebre de crecimiento piramidal incontrolado del poder político en manos de una persona. El partido imperial aprende rápido. El intento de deslinde ante el uribismo-mafioso es fruto de ese aprendizaje.

Ese reacomodo oligárquico-imperial tiene a la dupla de herederos de Uribe (Santos-Arias) en graves problemas. La caída del referendo los dejó desnudos frente a la opinión pública. Su debilidad es evidente. La fórmula vice-presidencial de Santos es una buena muestra de su lamentable estado de precariedad. Han tenido que recurrir a un político “desclasado”, para hacer populismo barato.

Angelino Garzón no representa a nadie. Ellos lo saben. Van a tratar de convertirlo en el obrero, sindicalista y político luchador por la paz y la convivencia que la patria necesita. Es una nueva versión – bastante desmejorada – de lo que ocurrió con Luis Carlos Restrepo (“doctor ternura”) en 2002. La cooptación y compra de personajes que colocan sus intereses personales por encima de sus convicciones es algo ya reiterado en la política nacional.

El Polo y las fuerzas democráticas deben denunciar tanto a quienes representan la alianza con la mafia como a quienes se quieren lavar la cara a última hora. Las medias tintas, las indefiniciones, sólo le hacen el juego a quienes han disfrutado de las mieles del poder y ahora quieren aparentar ser un dechado de virtudes. ¡No al juego de la discreción a nombre del pluralismo y la tolerancia!

Adenda: Con el tiempo vienen a aparecer las razones y entretelones de la “entrega” de la gobernación del Valle a la mafia de los Abadía. El negocio va rentando.

Autor: reexistencia

«Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como lo que es, una alternativa más para la humanidad y contra el neoliberalismo. Nada más, pero nada menos» Subcomandante Insurgente Marcos

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